La razón de nuestro descontento
Por Cal Thomas
¿Quién escribió lo siguiente: “Tenemos que aprender a recibir bien y no temer a las voces de disensión. Debemos pensar lo ‘impensable’ porque cuando las cosas se hacen impensables, el pensamiento se detiene y la acción se convierte en irreflexiva”?
Un “extremista de derecha” no fue el que lo escribió, tampoco ningún conductor de programa de TV por cable o de radio. Fue el Senador J. William Fulbright, el difunto senador demócrata liberal de Arkansas y mentor de Bill Clinton, el que lo escribió en su libro de 1966 “La Arrogancia del Poder”.
La arrogancia del poder y el desprecio por los estadounidenses promedio es lo que alimentó mucha de la disensión expresada en las reuniones populares. Cada vez más gente observa a un pequeño grupo de elites del gobierno, de academia y de los medios que no se preocupan por ellos, excepto cuando se trata de los impuestos. Muchos, especialmente los que son conservadores o religiosos, son vistos por estas elites como enemigos del progreso y de la sofisticación. Se burlan de ellos tildándolos de basura que viven en casas móviles (“trailer trash”), que gustan de las carreras de autos, agitan la bandera y veneran a Dios. La gente está entendiendo el mensaje y se están expresando reuniéndose pacíficamente (y alzando la voz) pidiéndole al gobierno que se ocupe de sus quejas.
El último de muchos ejemplos de arrogancia de parte del gobierno ha sucedido en New Hampshire, donde el lema estatal es “Vivir Libres o Morir”. Una jueza estatal ha ordenado que una niña que está siendo educada en el hogar por su mamá comience a asistir a la escuela pública debido a la “rigidez” de las creencias religiosas de su madre. La jueza, Lucinda V. Sadler, dijo que la niña, de 10 años, “necesitaba considerar otros puntos de vista del mundo a medida que madura”.
El caso surgió como parte de lo que parece ser una disputa entre la madre de la niña, Brenda Voydatch y su padre, Martin Kurowski. Kurowski presentó una demanda pidiéndole a la corte que pusiera a su hija, Amanda Kurowski, en la escuela pública. El padre no comparte las ideas religiosas de la madre.
Hay varios problemas en este caso, y uno de ellos es el intento de la corte de definir qué representa un punto de vista religioso “extremo” y qué es más “corriente” (mainstream). Cada vez más padres, incluyendo algunos en mi familia, enseñan a sus hijos en la casa. Mi experiencia personal es que estos niños reciben una educación mejor, están mejor ajustados y entran al college con facilidad debido a sus altas calificaciones y seriedad, para no mencionar su carácter.
Otro problema es lo que parece ser calle de una sola vía construida por la Jueza Sadler. Si una niña cristiana debe ir a la escuela pública para aprender otros puntos de vista (esto presume que no los ha aprendido estudiando en su hogar, leyendo periódicos o poniendo la televisión) ¿por qué la jueza no habría de ordenar que un estudiante de escuela pública reciba una educación con base cristiana, judía o islámica para que tal estudiante pudiera conocer mejor la Biblia, el Talmud o el Corán? Muchos estudiantes de escuelas públicas conocían la biblia antes de que la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y grupos similares fuesen a las cortes para impedir que se enseñasen creencias religiosas en las aulas.
La madre de Amanda contrató al Alliance Defense Fund, una alianza legal conservadora que trabaja para defender la libertad religiosa, pero la niña se ha visto obligada por la corte a estar en un aula de quinto grado, lo cual es una violación de su conciencia y la de su madre y de la Primera Enmienda.
En una carta a Henry Lee escrita en agosto 10, 1824, Thomas Jefferson escribió algo que pudiera aplicarse a las arrogantes elites que han dado lugar a la creciente ira en los Estados Unidos: “Los hombres por sus constituciones están divididos naturalmente en dos partidos:
1. Aquellos que temen y desconfían de la gente y quieren poner todos los poderes de ellos en manos de las clases altas.
2. Aquellos que se identifican con la gente, tienen confianza en ellos, los aprecian y los consideran como los más honestos y seguros, aunque no los más sabios depositarios de los intereses públicos”…
Yo estoy del lado de la gente. La jueza de New Hampshire y la Administración Obama están del lado de las elites. Y por eso es que tantos están justificadamente airados.
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