Hostilidad desenchufada en Cuba

Por Fernando García
La Vanguardia, Barcelona
La Habana – La diplomacia es a veces tan sutil como el ballet, donde la expresividad de los gestos, volteretas y revoloteos evita lo explícito de palabras, frases y argumentos. Los gobiernos de Estados Unidos y Cuba se dicen aún cosas tremendas, pero en el escenario o entre bambalinas van intercambiándose más y más gestos amables desde que Barack Obama accedió a la presidencia.
Uno de esos gestos de distensión acaba de hacerlo la misión diplomática de Washington en La Habana al desactivar el panel luminoso con mensajes más o menos provocadores que la representación instaló hace tres años y medio en el quinto piso de la legación, en pleno malecón habanero. Bush era el presidente.
El rótulo, dispuesto a lo largo de 25 paneles de dos metros de alto y 30 de largo, empezó a funcionar el 16 de enero de 2006, al día siguiente del cumpleaños de Martin Luther King. Frases suyas y artículos de la Declaración de los Derechos Humanos inauguraron los mensajes que de izquierda a derecha recorrían la penúltima hilera de la sede diplomática.
Las frases se leían desde una distancia de 125 metros. Pronto se introdujeron textos de cierta agresividad. "Algunos eran ofensivos. Leí uno que pedía a las mujeres cubanas que no se entregaran a la prostitución", recordaba ayer un habanero. Los mensajes se hicieron luego más asépticos, pero ello no disminuyó el enfado que su activación había causado al Gobierno cubano.
La vistosa iniciativa desató una insólita guerra de signos en torno al propio edificio de la Sección de Intereses de Norteamérica (SINA) en la capital cubana: el sucedáneo de Embajada pactado con Jimmy Carter en 1977 y ubicado desde en la legación de Suiza.
Para empezar, Fidel Castro tomó el espacio situado entre el edificio y la "tribuna antiimperialista" construida cinco años atrás a raíz del secuestro del niño Elián González. Tras una semanas con la zona tapada por unas lonas que impedían saber qué se cocía allí, Fidel Castro inauguró un "monte de las banderas" que, con 138 enormes enseñas negras con una estrella blanca en el centro –"una por cada año de lucha contra el imperio"–, tapaba parcial pero eficazmente el rótulo de los estadounidenses.
En la guerra de mensajes hubo de todo: marchas de protesta, instalación de vallas con carteles contra Washington y acciones de protesta con pintadas ante la misión. Y así, con altos y bajos, hasta que Obama ganó las elecciones. Entonces, con Raúl ya al frente del Ejecutivo cubano, un buen día los servicios urbanos de la capital cubana desmontaron una de las vallas "antiimperialistas" junto a la SINA. Y a las pocas semanas, otra.
Las banderas empezaron a cambiar de tamaño: contamos hasta tres medidas distintas. A veces se arriaban por varios días. "Es por el viento", nos dijeron cuando preguntamos hace dos meses. Las autoridades cubanas no explicaron la retirada de algunos de sus carteles.
Como tampoco los norteamericanos dijeron nada de su rótulo cuando hace unas semanas lo desenchufaron tras la avería en siete de los 25 paneles. Sólo ayer, fuentes de otras representaciones occidentales indicaron que la de EE.UU. no prevé volver a enchufar el cartel.
El hecho no es tan relevante como la reciente decisión de Obama de liberar las visitas y remesas de los cubanoamericanos. Pero es un gesto. Y en política, los gestos son a veces tan importantes como en el ballet.
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