El doble estándar de México
Por María Elena Salinas
Las autoridades mexicanas a menudo se quejan, y con razón, de la manera como sus ciudadanos son tratados en la frontera con Estados Unidos. Muchos caen víctimas de los grupos de vigilantes que procuran hacer justicia por mano propia o de grupos racistas que vierten su veneno en personas inocentes tan sólo por el color de su piel.
Pero México necesita dar un vistazo a como inmigrantes de otros países son tratados dentro de su territorio. Comparado con lo que algunos inmigrantes enfrentan cuando entran a México ilegalmente, cruzar hacia Estados Unidos sin documentos, es como una caminada en el parque.
El último informe sobre el secuestro de inmigrantes preparado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México, muestra como el sueño americano para muchos inmigrantes –en su mayoría centroamericanos– que cruzan México tratando de llegar a Estados Unidos, se torna en una pesadilla una vez entran en tierra mexicana.
En un período de cinco meses desde septiembre del 2008 a febrero de este año, la comisión documentó 9,758 secuestros de inmigrantes. Eso equivale a un promedio de 1,600 por mes, hasta 50 al día. Con base en esas cifras, calcula que el número de secuestros este año podría alcanzar 20,000.
Según el informe, los inmigrantes son mantenidos en condiciones infrahumanas. Ya sea en bodegas, habitaciones de hotel, campamentos o incluso dentro de vehículos, los inmigrantes son atados de manos y pies, sus ojos vendados, a veces les dan de comer solo una vez al día. Algunos son forzados a dormir desnudos en el piso. Nueve de cada diez dijeron que fueron amenazados de muerte. Muchos fueron torturados y algunos hasta violados mientras esperaban que se pagaran sus rescates.
La mayoría de estas atrocidades son cometidas por traficantes de seres humanos y por grupos del crimen organizado como los “Zetas,” una conocida banda de narcotraficantes responsables de mucha de la narco-violencia en México. Sin embargo, en por lo menos 91 de los casos documentados, fueron agentes y policías mexicanos encargados los que mantuvieron a los inmigrantes cautivos. Otros dicen que la policía encubrió los secuestros a cambio de dinero y/o alcohol.
México ha llegado a ser en los últimos años la capital del secuestro en el mundo. En la mayoría de los casos las víctimas de secuestro son mexicanos, algunas veces pertenecientes a familias prominentes que están dispuestas a pagar millones por el regreso de sus seres queridos. Ha habido muchos casos desafortunados en los que víctimas de secuestro son asesinadas aunque se pague su rescate.
Pero el secuestro de inmigrantes es otra historia. El secuestro de estos extranjeros hace parte cada vez más del financiamiento de los grupos criminales. Ya no es suficiente para los llamados “coyotes” o “polleros,” cobrar grandes cantidades de dinero por transportar personas hacia la frontera, ahora los toman como rehenes aumentando sus ganancias.
La Comisión de Derechos Humanos calcula que durante el período de cinco meses reportado, los secuestradores obtuvieron hasta $25 millones en ganancias. Es un negocio lucrativo que degrada la vida humana de la manera más horrible.
La inmigración ilegal es un asunto muy complejo. La falta de oportunidades en sus propios países obliga a salir a muchos inmigrantes, con la perspectiva de llevar una vida decente y ayudar a sus seres queridos que quedaron en casa. Es un asunto de supervivencia. Algo se tiene que hacer para buscar solución tanto en los países de origen de los inmigrantes, como en Estados Unidos. No es suficiente proteger nuestras fronteras, sino llenar la gran necesidad laboral en muchas industrias que dependen de la mano de obra de los inmigrantes. Pero en el proceso, los inmigrantes necesitan ser tratados como lo que son, seres humanos en busca de una vida mejor.
México no puede hacer el doble juego. Las autoridades mexicanas necesitan castigar severamente la violencia contra inmigrantes de otros países antes de exigir un tratamiento decente para sus propios ciudadanos en el extranjero.
Maria Elena Salinas es autora del libro “Yo soy la hija de mi padre: Una vida sin secretos.” Conéctese a www.mariaesalinas.com
©2009 by Maria Elena Salinas.
Distributed by King Features Syndicate.
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