Valenzuela y la agenda de Obama para América latina
Por Julio Burdman
Buenos Aires – Barack Obama tomó su primera decisión importante en relación con América latina: nominó a Arturo Valenzuela para ocupar la Subsecretaría de Asuntos Interamericanos, el cargo referente del Departamento de Estado para la región. Hasta ahora, seguía en funciones Tom Shannon, nombrado por Bush; con esta decisión, comienza el nuevo ciclo y Valenzuela será el hombre que representará el giro moderado que el presidente Obama busca dar en las relaciones hemisféricas.
Valenzuela tiene antecedentes políticos y cualidades personales ideales para operar la promesa de mayor diálogo entre Washington y la región que realizó Obama durante la campaña electoral, y en la V Cumbre de las Américas. Ocupó el mismo puesto durante la administración Clinton –formó parte de los asesores de Hillary durante la última interna presidencial demócrata- y ello nos proporciona un mapa de ruta para entenderlo. Es un liberal progresista, tanto en su visión de la política interna como de las relaciones internacionales.
Adversario ideológico de la realpolitik kissingeriana que durante años dominó la visión de la Casa Blanca hacia su “patio trasero”, se enfrentó con la política de Bush a través de sus escritos y frecuentes apariciones en la prensa. Durante los últimos años, Valenzuela venía sosteniendo que Washington debía reparar los vínculos hemisféricos deteriorados durante la administración Bush –sobre todo, en su primer mandato- con la agenda positiva de la promoción democrática, la cooperación multilateral, los derechos humanos y el desarrollo como estandarte, y promoviendo relaciones de interdependencia creciente –sobre todo, con los aliados de los Estados Unidos- como mecanismo de integración y gobernabilidad regional.
Por otra parte, conoce la región mejor que varios de sus antecesores. Es un politólogo hispano que se ha especializado en política latinoamericana. Y es chileno de nacimiento, algo que lo distingue de otros dirigentes y funcionarios hispano-norteamericanos, casi todos ellos con sus raíces en México, Centroamérica o el Caribe. Valenzuela entiende a la América del Sur, y esto es un dato relevante porque una de las novedades de la administración Obama será la alianza con Brasil. Durante años, Valenzuela cultivó una amplia red de relaciones con los partidos y dirigentes políticos más importantes del subcontinente, muchos de los cuales sienten que él es un amigo de América latina en Washington; la noticia de su nombramiento fue bien recibida en la mayoría de las cancillerías latinoamericanas.
No obstante, a pesar de la voluntad expresada por Obama, la segunda etapa de Valenzuela enfrentará al comienzo mayores restricciones que la primera. Durante el segundo gobierno de Bush, Washington adopta una fase de pragmatismo: acepta que el clima social y político no es propicio para las políticas de integración, deja de ver a los gobiernos nacional-populistas como una amenaza para el interés nacional –con la excepción de Venezuela, aliado de Irán-, se concentra en las políticas de cooperación fluida en áreas como la seguridad, y asiste con resignación al desembarco de China.
La nueva política de Obama, que no rechaza la adaptación realista del final de Bush, se propone ir más allá. ¿Pero cómo? ¿Cómo persuadir a los norteamericanos acerca de la importancia estratégica de América latina para Estados Unidos? Valenzuela llega en un contexto de crisis económica, que no dejará espacio para políticas de desarrollo de la región, como las que pudo diseñar en los 90. Por el contrario, deberá lidiar con las preocupaciones de México por el cierre de las oportunidades comerciales, y con la proliferación de gobiernos hostiles, de retórica antinorteamericana, con los que el Congreso no tiene interés en relacionarse. Con estos dos limitantes, no parece fácil que se inaugure una política ambiciosa.
Valenzuela recibirá, más bien, una agenda con varios ítems y objetivos de largo plazo, y el encargo de pensar una gran estrategia enmarcada en la visión de la política exterior de la nueva administración: la defensa de sus intereses y oportunidades estratégicas a partir de las alianzas con las nuevas potencias regionales.
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