Lugo: La Iglesia como trampolín político
Por Estuardo Zapeta
Siglo XXI
Las bromas acerca de la presunta —y admitida—paternidad del ex obispo paraguayo convertido hoy en presidente, Fernando Lugo, no han cesado. Ya el Internacional Velorio Chapín se encargará de afinar puntería en ese tema. Pero no me interesa el humor popular, ni las visiones en apología que el machismo latinoamericano esgrime (los temas acerca de sexo los trataré en otra oportunidad).
Me interesa, en cambio, analizar en el caso paradigmático de Lugo y el uso político de la Sagrada Institución Iglesia, y los aspectos de aplicación en Guatemala, donde la Conferencia Episcopal hace las veces de un “partido político” de facto.
Vaya usted a saber si Lugo identificó desde siempre —o tal vez desde los tiempos de Seminario, para más inri— que sus objetivos eran político-partidistas, lo cual no es condenable. Esa decisión por una vida pública es un compromiso puro y duro que se adquiere racionalmente frente a un hecho que produce la denominada “ira sagrada”. Todos los políticos, en sus años mozos, sienten que pueden hacer un cambio sustancial “por medio” de y “para” la “agencia humana”, a la cual ellos se sienten obligados a servir.
En el camino es donde se tuercen.
Para lograr ese cambio “social” los políticos recurren a los sistemas establecidos —en Latinoamérica, o es a partidos políticos, o a grupos de presión, y ahora, como en el caso de Lugo, a alguna Iglesia— porque sus capacidades personales no tienen mayor appeal para las masas, y esas instituciones sí.
Y uno de los caminos más fáciles es la Iglesia Cristiana (sea Católica Romana, Católica Apostólica, Evangélica, Neo-Pentecostal, Ortodoxa) por ser ésta una religión de tipo “misionero”. En ese caso, “los Lugos” de Latinoamérica saben que la Iglesia, cualquiera que sea, es una plataforma política ideal, el vehículo necesario para actividad política, y cuyo potencial de “entrenamiento” es esencial para sus fines estratégicos.
Muchos “religiosos” prefieren no tirarse, como sí lo hizo Lugo, al camino de la política partidista abierta, si no tienen un “bejuco” bien agarrado. Otros, en el caso de Guatemala, digamos, como el cardenal Quezada Toruño, o como monseñor Álvaro Ramazzini, cuya actividad es siempre más en la línea “político-eclesial”, y menos en la espiritual, prefieren seguir “usando el púlpito” para fines más mundanales, ése es su “bejuco”.
La versión católica romana siempre enfrenta una debilidad, la cual otras versiones cristianas resuelven pidiendo al político wannabe que renuncie, se separe, se distinga, y luego siga, si así quiere, el camino de la perdición política. Pero parece, como en el caso de Lugo, que las opciones en el catolicismo no son sólo “adentro” o “afuera”, sino también “medio adentro” (“a divinis”) ¿o medio afuera? ¿Dónde está Lugo hoy?
La de Guatemala parece más una Conferencia en rebeldía que tomó el camino del “reino de este mundo”. Roma deberá contraindicarle que es fundamental distinguir entre los asuntos de la Iglesia y los del Estado. ¿Cuál será la versión de “Lugo” en Guatemala? “De Paraguay aprended la lección”.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
The Wall Street Journal En momentos en que muchas multinacionales se disponen a...
28 de septiembre, 2015Libre Mercado, Madrid Cuando se habla de la herencia de un pensador o...
9 de diciembre, 2012AOL Noticias LA HABANA.- Más de 75.000 personas recibieron nuevas licencias para trabajar...
7 de enero, 2011Por Monica Langley The Wall Street Journal Jason Furman, director de política económica...
15 de agosto, 2008












