¿Turismo?
Por José Ignacio Rivero
Los que estamos exiliados, los verdaderos exiliados, sabemos por qué estamos exiliados. Hemos comprobado en nuestra carne, en nuestro espíritu y en nuestros intereses legítimos lo que significa caer bajo las garras del marxismo en acción. Y los que permanecen en Cuba, bien porque nos les queda otro remedio, bien porque valerosamente han decidido resistir allá el comunismo afrontando todas las consecuencias, saben todavía mejor que nosotros cómo se las gasta una dictadura comunista, la más feroz, cruel, inhumana y sangrienta que puede concebir la mente del hombre.
Se habla de los tiranos latinoamericanos. Fueron todos niños lactantes en comparación con Fidel Castro y los otros que disponen de vidas, haciendas y honras en la tierra de José Martí. Sumad los crímenes de todos los déspotas del continente, comparad la suma con la de los crímenes del castrismo y se verá que éste deja muy a la zaga a los demás. Para Castro y comparsa la vida humana no tiene valor alguno. El supo muy bien guardar el pellejo saliendo sin un rasguño de las “grandes batallas” que libró en los picachos de la Sierra Maestra, pero cuando bajó al llano, con el poder ya en el puño, mató a diestro y siniestro obedeciendo a sus instintos sádicos, a su conciencia renegrida, a su alma degenerada.
En el pueblo cubano, repetimos, no había dudas sobre el “rojismo” del “gobierno” castrista. El que fingía dudar era por conveniencia, no porque su entendimiento vacilara. No era una cuestión de inteligencia, sino de conciencia… Pero hay que insistir, sin embargo, en esto, porque en el mundo hay todavía mucha mala información sobre el problema cubano. En los mismos Estados Unidos hay quienes piensan todavía que el problema de Cuba puede resolverse con medidas tibias, de corto alcance, sin ir a la raíz del mal y sin importar que el pueblo se muera de hambre. Desde la época de Kennedy se viene hablando de establecer un fuerte cordón sanitario en torno a la isla para que el comunismo no se propagase a otros lugares del hemisferio. Cuando el comunismo llegó a Nicaragua no se hablaba de otra cosa que del cordón sanitario a la tierra de Rubén Darío para que la perversa doctrina no se propagara a otros lugares de Centroamérica. Se hablaba de eso y de mucho más, pero cada vez que un presidente o un gobierno quería tomar medidas calientes en contra de la subversión castrista en América, el Congreso norteamericano le enfilaba los cañones en contra de sus propios intereses nacionales. Y se los sigue enfilando… A estas alturas ya casi toda Latinoamérica está “empapada” de castrismo. Y si no que se lo pregunten a sus presidentes, sobre todo al payaso de Chávez tan enamorado de Fidel Castro y del Che Guevara.
A nosotros nos parece bien que se establezcan todos los cordones sanitarios que quieran establecer los que gustan de medidas suaves para no seguir alborotando el “gallinero” del comunismo continental. Pero preguntamos: ¿nada más que eso? Como táctica defensiva — aunque no ha dado resultado alguno— hará bien la democracia en consumar el aislamiento económico de Fidel Castro porque el morbo rojo se contagia fácilmente y es notorio que gran parte de nuestra América se ha convertido, por obra y gracia del comunismo, en un potente foco de irradiación marxista-leninista. Pero todo eso se queda ahí. El comunismo es un cáncer y un cáncer no se “embarga”. El tumor canceroso hay que arrancarlo de cuajo. Hay que arrasar el núcleo y todas sus ramificaciones. Es preciso extirpar a Castro y al castrismo, llevándose de paso a todo lo que se le parezca sin contemplaciones de ninguna clase. Así se hizo con Japón; así se hizo con Alemania; así se hizo con Italia y con otros países subyugados por tiranías y todos lograron vivir felices y tranquilizar las mentes y los “bolsillos” de los americanos…
Mientras la maligna excrescencia castrista subsista, no habrá un día de tranquilidad para toda la América. La subversión latinoamericana ha sido creada por Castro. Es necesario que Washington y todos los gobiernos iberoamericanos se percaten de esta verdad. Hay que ir al tronco y no andarse por las ramas. La única estrategia válida es incluir a Cuba comunista en la guerra contra la barbarie y el terrorismo. Si se quiere arrasar con todos los enemigos reales de los EE.UU. y del mundo libre hay que aniquilar también al régimen comunista de Cuba, único, desde hace cinco décadas, inspirador del odio mundial contra la tierra de la abundancia y de la democracia. Una feria hoy de turismo norteamericano en Cuba es una bofetada más a todos los cubanos amantes de la libertad. Esperar que Castro cambie o se caiga por la propia explosión interna de su régimen es condenar a Cuba a otros cincuenta años de terror y de sangre. Es como esperar que cambien o sean derrotados por la propia explosión interna de sus regímenes los países terroristas sin la intervención directa del afectado por la salvaje masacre del 9/11 y de todas las demás salvajadas perpetradas sobre la faz de la tierra…
- 28 de septiembre, 2026
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