Paradoja de Sacramento
Por Humberto Caspa
La política ciertamente está llena de paradojas. Mientras el presidente Barack Obama mostraba unos labios sonrientes después de firmar el paquete de estímulo económico, el gobernador Arnold Schwarzenegger alistaba su pico y pala para cavar las fosas de miles de empleados públicos que serán despedidos por su propia torpeza y la ineptitud de los políticos en Sacramento.
La mayoría de los representantes republicanos no se han unido al gobernador en su ánimo de vestir de luto a muchas familias californianas, tampoco están dispuestos a vender su alma despellejada a los demócratas.
Por el contrario, los asambleístas y senadores republicanos han tratado de mantenerse en su guarida privada, agarrados de la mano, tratando de que ninguno de sus partidarios no los abandone y haga mella de un juramento insólito que sólo el diablo o el mentiroso les da crédito.
Entre todos juraron no incrementar ni un centavo el impuesto de los contribuyentes. Según ellos, el paquete presupuestal del estado no necesita más medidas impositivas, especialmente cuando la población está sufriendo los efectos de la crisis económica.
La preocupación de los republicanos tiene lógica. Sin embargo, hay que recordar que sólo son palabras. Después de todo, “lo sólido se desvanece en el aire”, como decían dos filósofos ilusionados con la revolución, Carlos Marx y Federico Hengels. El juramento republicano, cómo la mayoría de las promesas que se vierten en el Capitol, se esfuman con los vientos fuertes que azotan Sacramento.
Asimismo, la intención de los republicanos parece justificable y hasta buena. Después de todo están luchando contra el gobernador y los demócratas, quienes están empecinados en incrementar a un (1) centavo los impuestos al valor agregado (sales tax), doce (12) centavos a la gasolina, más impuestos a los “income tax” y un aumento a los impuestos de los vehículos.
Recuerden que Schwarzenegger, cuando fue elegido por primera vez a la máxima magistratura del estado, subsidió los impuestos de los automóviles y pagó a los gobiernos municipales, quienes son los directos beneficiados por esos impuestos, con dinero del estado. Recuerden también que para hacer esos subsidios, el gobernador y sus amigos republicanos apoyaron un referéndum para vender bonos estatales y de esa manera balancear el presupuesto.
Hoy, Schwarzenegger nos dice que un incremento a los impuestos no nos vendría mal. La promesa que hizo anteriormente, de velar por nuestros bolsillos y no elevar los impuestos, se fue como vino: sin pena ni gloria.
Años atrás vimos también con mucha sorpresa, cómo uno de los más conservadores del partido republicano, el ex-presidente George Bush (el papá), jurar no elevar la “tasa mortuoria” de los contribuyentes. Lo que “escupió” se fue, para su lamento, por los cielos y le cayó en plena cara años más tarde, durante la contienda electoral contra Bill Clinton.
Lo mismo sucedió con el gobernador y dos senadores republicanos, Roy Ashburn de Bakersfield y Dave Cogdill de Modesto, quienes decidieron salir del nicho que los agobiaba y se juntaron al grupo pro-impuestos, compuesto por demócratas, el gobernador y unos cuantos republicanos.
La paradoja política continuará en los próximos días. A nuestro querido Presidente le aguarda muchos años para resolver los problemas económicos, a Schwarzenegger le resta sólo salir por la puerta trasera del Capitol de Sacramento y hacerse gas. No necesitamos sus servicios.
Humberto Caspa es profesor universitario.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
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