Nadie ríe ahora
Por María Clara Ospina
El Nuevo Herald
El reciente tiovivo de las bolsas de valores mundiales, con sus caídas veloces y aterradoras y sus empinadas subidas, las cuales nadie sabe si se sostendrán o se desplomarán, tiene al borde de un ataque de nervios a todos los países del mundo. De este ”mareo” no se escapa nadie. Algunos ya están enfermos y no parece que haya pastilla mágica que les alivie el malestar.
Ni siquiera aquellos países que se alegraron al comienzo del descalabro, sintiéndose inmunes, estarán exentos. Hugo Chávez y sus compinches de Rusia e Irán, quienes se jactaron al principio de lo que ocurría en Estados Unidos, deben de estar tan nerviosos o más en este momento. La crisis, como era de esperarse, se extendió por el planeta entero causando que el precio del petróleo, la fuente de su riqueza, se viniera al suelo. El valor del barril, que llegó a costar en julio $147, se ha reducido a menos de la mitad en las últimas semanas. ¿Quién ríe ahora de la mala hora de las economías occidentales?
Para empezar, Daniel Ortega debe de estar desconsolado de que Chávez haya tenido que cancelar la construcción de la tan anunciada refinería en su territorio. Lástima, porque era una gran oportunidad para Nicaragua, pero así son las cosas cuando uno se mezcla con malas compañías. Y qué decir de Rusia, que ha tenido que desembolsar millardos para sostener el rublo. La caída del petróleo pondrá un detente al armamentismo de estos países. ¿Con qué dineros financiará Venezuela todas las armas encargadas a Rusia, algunas de las cuales aún no ha pagado? ¿Cómo sufragará Irán su desarrollo atómico, si sus entradas se han disminuido a la mitad? Estos países tendrán que pensar muy bien en qué gastan ahora sus contraídas entradas. Lo mejor es que la baja del petróleo los obligará, si no a terminar por lo menos a disminuir su apoyo a grupos terroristas. Esto prueba que de lo malo siempre, por increíble que parezca, sale algo bueno.
Nadie ríe ahora. Ni los países ricos, ni los emergentes, ni los pobres. Tiemblan, tanto los de derecha como los de izquierda. Finalmente, cuando el tiovivo termine y se tranquilicen un poco los mercados, los más afectados con el torbellino pasado serán, como siempre, los más pobres, aquellos que no tienen inmensas reservas.
Me temo que esta crisis dejará una estela de hambre en el mundo, tan aterradora como ha sido la caída de los mercados.
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