Lech Walesa y el neoestalinismo tropical
Por Froilán A. Barrios Nieves
Analítica
Polonia fue a lo largo de su historia nacional irreverente contra los imperios y contra las dictaduras de toda estirpe. Por centurias luchó contra el zarismo, en el siglo XIX enfrentó a la invasión napoleónica, luego en el siglo XX enfrentó al holocausto de la humanidad el nazismo, para luego vivir por décadas el suplicio de la farsa del estalinismo soviético.
Y como sufrió Polonia. Tan solo para citar datos recientes, tanto germanos como rusos ancestralmente se burlaban del pueblo polaco, famoso según ellos por su brutalidad. Pues bien este país fue objeto de la peor agresión con el pacto germano-soviético firmado por Von Ribentrop y Molotov en la IIa. Guerra Mundial; al repartírselo como un pastel Hitler y Stalin, planificador de la masacre del bosque de Katyn, donde fueron asesinados a mansalva más de 50.000 0ficiales del ejército polaco.
En las postrimerías de la segunda guerra mundial con el avance del ejército rojo sobre Berlìn y los escombros del Tercer Reich, Polonia formó parte de los acuerdos de Yalta y Postdam, donde se dividió al mundo entero, bajo la firma de Stalin, Roosvelt y Churchill. Estableciéndose oficialmente la coexistencia pacífica y la archifamosa Guerra Fría.
El mundo parecía tendría un equilibrio eterno entre el capitalismo occidental y la farsa estalinista soviética. Esta gozaba del prestigio de haber derrotado al nazismo y de ser la cuna y heredera del marxismo, por lo tanto patria del socialismo real, tejiéndose una maraña universal, donde los mitos de un supuesto hombre nuevo atravesaban todos los continentes y enfebrecía las mentes juveniles universitarias.
Nadie sospecharía que los hilos de esa madeja global serían desatados en una región del Báltico, en los astilleros del Gdansk en Polonia, por un hombrecillo que había osado crear un sindicato independiente, un electricista atrevido había desafiado al gobierno dictatorial de Jaruselski y mas aún lo había puesto de rodillas ante los miles de trabajadores polacos, para luego años mas tarde ante todos los trabajadores del felizmente extinto bloque soviético.
Ese es Lech Walesa. Su accionar con el sindicato Solidarnosc descubrió la farsa de la historia, el estalinismo soviético, quien como piedras de un dominó destapó la caída una a una de las repúblicas del Este Europeo y de los regímenes proconsulares de la Moscú de la era Bresnev. Estos intentaron con Gorbachov montar un respiro con la Perestroika y el Glasnot, pues nada, fue muy tarde. No pudieron impedir la caida del muro de Berlín en 1989 y la desaparición definitiva del fraude político ideológico soviético.
Le corresponde ahora enfrentar las agresiones de un régimen, cuya fuente de inspiración contiene la misma agua de aquel que derrotara en 1980 con el apoyo de la juventud y los trabajadores polacos, quienes lo llevarían luego a la Presidencia de Polonia. Agresión que refleja las angustias de un gobierno en crisis, quien ve enemigos por todos lados, ésta vez Walesa forma parte según ellos de una conspiración de la derecha europea. Fábula que esconde su miedo ante el próximo 23 de noviembre, donde el voto masivo profundice el inicio del fin marcado el pasado 2 de Diciembre 2007.
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