El vencedor en EE.UU. sentirá presión para actuar con rapidez en el frente económico
Por Bob Davis, Jonathan Weisman y Timothy Aeppel
The Wall Street Journal
Luego de una nueva ráfaga de cifras pesimistas dadas a conocer un día antes de la elección presidencial, el ganador del martes enfrenta una presión cada vez mayor para dejar su huella en la política económica de Estados Unidos mucho antes de que asuma el poder el 20 de enero.
El lunes, las automotrices anunciaron bruscas caídas en las ventas de autos y camionetas en EE.UU. correspondientes a octubre. General Motors Corp. (GM) reportó un descenso de 45% frente al mismo mes del año pasado. Ford anotó una baja de 30% y la otrora todopoderosa Toyota presentó una caída de 23%. Un analista de ventas de GM catalogó los resultados, luego de ser ajustados a los cambios poblacionales, como “el peor mes en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial”.
Los problemas de la industria automotriz contribuyeron a un nuevo declive de la producción industrial. El centro de estudios Institute for Supply Management informó que su índice de actividad industrial cayó en octubre a su nivel más bajo en 26 años. Mientras tanto, la cadena minorista de electrónicos Circuit City Stores Inc. anunció el cierre de una quinta parte de sus tiendas y el despido del 17% de su fuerza laboral.
Problemas como el aumento del desempleo y los embargos de viviendas y la escasez de crédito han intensificado los llamados de las empresas y el Congreso para que el próximo presidente, el demócrata Barack Obama o el republicano John McCain, clarifique y empiece a trabajar en su agenda económica.
“Enfrentamos una situación que podría transformarse en una segunda Gran Depresión, si no se maneja en forma adecuada”, dice Daniel DiMicco, presidente ejecutivo de la siderúrgica Nucor Corp.
Pocos economistas creen que el mundo se encamina a repetir la Gran Depresión de los años 30. De todos modos, la importancia de los primeros días del próximo gobierno ha evocado comparaciones con los primeros 100 días de Franklin Delano Roosevelt, un período caracterizado por medidas de emergencia para apuntalar la economía.
Christopher Dodd, presidente del Comité Bancario del Senado estadounidense, afirma que el presidente electo deberá designar a su secretario del Tesoro y su equipo económico en cuestión de días. El Congreso planea una sesión este mes para impulsar un paquete de estímulo econótmico y discutir la reforma del sistema financiero y los legisladores buscarán el liderazgo del futuro mandatario.
Aunque ambas campañas prefirieron no hacer comentarios sobre planes específicos posteriores a las elecciones, los discursos de los candidatos ofrecen algunas pistas.
El senador demócrata Barack Obama probablemente sentirá la presión de asegurarles a los inversionistas que no aumentará los impuestos a las ganancias de los más pudientes o elevará los impuestos a las ganancias de capital durante una recesión. El reto para el senador republicano John McCain sería explicar cómo colaboraría con un Congreso controlado por los demócratas después de una áspera campaña presidencial.
Lo más probable es que los primeros días del próximo presidente en la Casa Blanca estén dominados por tres grandes desafíos: sanear la economía, reformar el sector financiero y forjar una política hacia China, el mayor acreedor de EE.UU. y un rival económico.
Por supuesto que sanear la economía es la prioridad. Muchos economistas predicen que EE.UU. caerá en su recesión más profunda desde comienzos de los años 80. Algunos proyectan que el desempleo superará el 8% para 2010, respecto al 6,1% actual.
El senador demócrata de Nueva York Charles Schumer, que preside el Comité Económico Conjunto, señala que un triunfo de Obama significa que un Congreso demócrata tratará de aprobar un paquete de estímulo moderado ahora y uno de mayor envergadura en enero, luego de la toma de poder. En caso que se imponga McCain, dice Schumer, los escaños que los demócratas esperan sumar en el Congreso los ayudará a aprobar un paquete de estímulo en noviembre.
Los defensores de un estímulo fiscal dicen que debe concentrarse en obras de infraestructura, extender los beneficios de desempleo y aumentar los subsidios de alimentos, para asegurarse que el dinero se gaste rápidamente.
Un amplio paquete de estímulo no impediría una recesión, pero podría acelerar la recuperación. Sin embargo, tiene sus desventajas. Una es la posibilidad de que el gasto se vuelva permanente, aumentando la creciente deuda estadounidense y debilitando las finanzas del país en momentos en que la generación de la posguerra comienza a jubilarse.
Otro gran desafío es decidir qué tan grande será el rol del Estado en la economía estadounidense, incluyendo elegir qué empresas obtendrán asistencia fiscal y la naturaleza de la nueva regulación financiera. Muchas decisiones que se están tomando ahora condicionarán al próximo gobierno, especialmente cómo gastar los US$700.000 millones del plan de rescate.
Un gran debate seguramente surgirá en torno a las firmas financieras consideradas “demasiado grandes para quebrar”, lo que quiere decir que su hundimiento podría conducir a un colapso económico más amplio. El gobierno de Bush y la Fed usaron ese criterio para salvar al banco de inversión Bear Stearns, los gigantes hipotecarios Freddie Mac y Fannie Mae, y a la aseguradora American International Group Inc. La única vez que el gobierno dejó que una de las firmas de inversión más importantes colapsara, Lehman Brothers, los mercados de crédito alrededor del mundo se congelaron. Ni Obama ni McCain han dicho en detalle cómo abordarían este tema.
Un tercer desafío es el comercio con China, un tema sobre el cual McCain y Obama han manifestado profundos desacuerdos. McCain es un ávido defensor del libre comercio; Obama afirma que los acuerdos de comercio se han redactado para beneficiar a los más ricos, no al estadounidense promedio, y ha instado a renegociar varios de ellos. Ningún candidato se ha concentrado en el comercio durante la elección general. Pero el calendario impondrá el tema. Luego de que un grupo de cupos textiles para China venza el primero de enero, los lobistas de la industria presionarán al nuevo gobierno para renovarlos o endurecerlos. Alrededor del primero de mayo, el nuevo presidente deberá decidir cómo tratar el manejo chino del tipo de cambio.
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