Las ideas, no los colores
Por Jesús Ruiz Nestosa
ABC Digital
SALAMANCA. No me atrevo a querer trazar un paralelo entre las campañas electorales de los Estados Unidos de Norteamérica en vista a las próximas elecciones del 4, y las nuestras. El solo hecho de pensarlo, me da vergüenza. Ver la forma en que los candidatos proponen y discuten sus programas de gobierno es sentir un soplo de aire fresco.La gente está preocupada por su propio bienestar, pero también por la seguridad de su país. De allí que la crisis económica y la guerra en el Oriente Medio sean temas que continuamente aparecen en los discursos políticos. Verlos por televisión o leerlos en la prensa es como espiar la fiesta del vecino por encima de la muralla. Ya que no podemos participar del festejo porque no fuimos invitados, buscamos consolarnos con su sola contemplación.
En estos días están apareciendo temas relacionados con el famoso Tratado de Itaipú y se nos ponen los pelos de punta. Lo más fácil es echarles la culpa a los brasileños: que nos han robado, que nos han despojado, que nos han engañado, etcétera. Pero todos esos temas están claramente señalados en el texto del tratado que sería conveniente que lo volviéramos a leer.
Nos escandalizamos días atrás cuando un militar brasileño que participaba de las maniobras en la frontera dijo que si recibían la orden correspondiente de su comandante en Jefe estaban dispuesto a ocupar la hidroeléctrica, sus instalaciones y las zonas de seguridad que la rodean. El tratado es clarísimo en este punto. Dice que en caso que la hidroeléctrica corra peligro (el tema está en saber quién va a determinar si hay un peligro cierto o no), podrá ser ocupada por el ejército de alguno de los dos países. Dependerá de qué lado venga la amenaza.
Lo mismo puede decirse sobre el uso de la energía sobrante, de la obligación de vendérsela al Brasil a precio de costo, la prohibición de venderla a ningún otro país y muchos otros detalles que la gente va descubriendo con el mismo asombro y el mismo desencanto de descubrir que los Reyes Magos no existen.
Al entrar al campo de exterminio de Auschwitz alguien dijo: “¿Dónde estaba yo cuando sucedió todo esto?”. Salvando las distancias, tendríamos que preguntarnos dónde estábamos nosotros cuando se firmaron estos documentos que comprometen lo que podría ser una importante fuente de energía y, por lo tanto, de producción y progreso, como es Itaipú. ¿Saben dónde estábamos? Pues pensando que con la energía que íbamos a producir nos enriqueceríamos todos sin tener que trabajar. Además el dinero fluía en abundancia. Por fin habíamos alcanzado la tierra “donde fluyen la leche y la miel de las piedras y de los árboles”.
Esta es una lección muy dura de la que tendríamos que aprender que hay ciertos hechos políticos que nos conciernen a todos. Entre ellos, la elección de los gobernantes, de los legisladores, de los intendentes, de las juntas municipales, de los gobernadores. Lastimosamente nuestro sistema administrativo absorbe a un número demencial de personas que viven colgadas de las tetas del Estado. Entonces, en el momento de elegir, no importan las ideas ni las propuestas, sino el color del pañuelo, porque este me dará un cargo, un sueldo, tal vez un puesto de mando, la posibilidad de aumentar mis ingresos con alguna que otra maniobra sucia. Stroessner era el “único líder.” Y cuando se intentaba realizar un acto de protesta por los abusos de su régimen, había mucha gente dispuesta a armarse con lo que fuera para apalearnos. Porque “gracias a la paz que goza la república” florecían el bienestar y las fortunas. Sobre todo las de quienes rodeaban al dictador.
Los únicos verdaderos culpables de lo que está pasando en Itaipú somos nosotros, los que preferimos no comprometernos, los que por haraganería no quisimos enterarnos de lo que se estaba cocinando, los que por interés preferían cerrar los ojos a lo que se estaba haciendo, los que tenían la conciencia sucia y querían adormecerla, los que tenían otras aspiraciones y preferían enriquecerse; total, el futuro ya no va a ser para ellos. A partir de aquí, hasta dentro de quinientos años, vamos a seguir echándoles la culpa de nuestro atraso y nuestra pobreza a los brasileños, así como los quinientos años anteriores les echamos la culpa a los españoles que vinieron a conquistarnos.
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