El sacramento de la libertad de expresión
Por Cristiana Chamorro
El Nuevo Herald
Un periodista extranjero me pregunta: “¿Qué significado tiene para usted que su padre haya sido perseguido por el régimen somocista y ahora su hermano esté pasando por la misma situación, 30 años después, por un gobierno dirigido por el partido del cual él fue parte y que liberó el país de la dictadura?”
Le explico que para comprender lo que está pasando no deberíamos saltar de la dictadura somocista a la de hoy, sino que también debemos incluir en el análisis la etapa de los 80 presidida por el mismo presidente Daniel Ortega. La verdad es que quienes durante el gobierno revolucionario de Ortega nos opusimos al totalitarismo sandinista de entonces no encontramos diferencia con la represión que de nuevo está intentado imponer.
El ahora presidente de Nicaragua, electo por la fuerza de un acuerdo político con el reo ex presidente Arnoldo Alemán, regresó al poder en el 2007 con la nostalgia de restaurar el totalitarismo perdido en el 90 y la venganza en la mano contra quienes lo abandonaron en sus utopías totalitarias.
Volvió con la pretensión de instaurar la misma dictadura institucional de entonces, pero en una Nicaragua distinta que, a partir del gobierno de Violeta Chamorro (1990-1997), comenzó un ejercicio de 16 años de libertad de expresión, de libre asociación y democracia.
En la dictadura de Ortega de hoy la historia de la represión se repite. Sus primeros pasos son contra el periodismo valiente y los medios de comunicación independientes. Estos, como receptores del clamor popular y voces de la resistencia cívica, han sido históricamente los principales obstáculos para impedir la perpetuidad de dictaduras de derecha como la de los Somoza y totalitarismos de izquierda al estilo del Frente Sandinista.
Por eso, por defender la libertad de expresión como un derecho sagrado bajo cualquier circunstancia y desde el periodismo ser la voz del pueblo en defensa de la democracia y las libertades públicas, mi padre Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue torturado, encarcelado, desterrado y avasallado en su casa y periódico hasta que la dictadura de Anastasio Somoza lo mandó matar.
Igual, el sandinismo de los 80 agredió verbalmente a mi madre Violeta Chamorro, censuró sistemáticamente y cerró el periódico de nuestra familia por defender la libertad de Nicaragua y denunciar la nueva dictadura. También cerraron todos los medios independientes y reprimieron a miles de nicaragüenses que se opusieron a las políticas totalitarias del gobierno de Ortega. Los opositores a esa dictadura fueron encarcelados, forzados al exilio, confiscados y violentados en todos sus derechos fundamentales incluyendo asesinatos como el de Jorge Salazar.
No es casualidad que el nuevo régimen de Ortega se anunciara con el asesinato del periodista Carlos Guadamuz y luego se instale en abierta confrontación con los medios de comunicación y periodistas. La persecución ahora es contra mi hermano, Carlos Fernando Chamorro, porque desde el periodismo hoy está en la primera fila del combate contra la dictadura Ortega-Murillo.
Le aclaro al periodista internacional que la destrucción del proceso democrático no es culpa del pueblo , sino de dirigentes políticos autollamados demócratas, como el autócrata corrupto Arnoldo Alemán, quien en alianza con Ortega secuestró las instituciones democráticas.
Ortega se ensaña contra Carlos Fernando porque sabe que el sacramento de la libertad de expresión que este pueblo profesa, y ha defendido a cualquier costo como lo hace el periodista Chamorro Barrios hoy, es como la Santa Cruz contra el diablo. El triunfo de nuestro sacramento de la libertad de expresión es un hecho probado sobre dos dictaduras y su defensa no va a permitir que Ortega y su familia se perpetúen en el poder y que periodistas como mi hermano Carlos pierdan esta batalla política, que es de todos los nicaragüenses.
El crimen de Alemán y Ortega contra la democracia, el progreso y las esperanzas de un pueblo no ha podido ni va a poder destruir la devoción popular que Nicaragua tiene por el sacramento de su libertad de expresión, otra vez punto de encuentro de unidad nacional en defensa de Carlos Fernando, del periodismo nacional y del clamor popular que grita por tercera vez: democracia sí, dictadura no.
La autora es periodista nicaragüense, vicepresidenta del diario `La Prensa’.
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