En Oriente Medio y América la droga sostiene el terrorismo
Más de cien “combatientes” del Talibán recibieron su recompensa (cien vírgenes en idílicos jardines del paraíso islámico) después de que tropas afganas y de la OTAN los detectaran y aniquilaran. La tecnología hace posible que se descubran concentraciones anormales de gente y, por medio de telescopios satelitales, establezcan lo que allí hacen y la clase de pertrechos que llevan. Los terroristas se aprestaban a atacar guarniciones afganas con fuego de morteros; iban por lana y resultaron trasquilados.
Son fascinantes las nuevas formas de hacer la guerra. Aviones no pilotados sobrevuelan un territorio tomando centenares de miles de imágenes, las que se transmiten por satélite a centros operativos situados al otro lado del mundo, concretamente en Nevada, donde hay poca interferencia atmosférica. Cuando el operador descubre patrullas hostiles o movimientos enemigos, desde el avión dispara un cohete que, como decimos, se ocupa de que los enemigos mueran por su patria y su religión. En realidad les hacen un gran favor, ya que los convierten en mártires instantáneamente sin sufrir las incomodidades y el susto de la lucha cuerpo a cuerpo o de morir en un sucio hospital de campaña.
Lo notable de esta batalla, en la que no hubo bajas afganas ni aliadas, es que tuvo lugar en poblados de la provincia de Helmand, región conocida por el cultivo de la amapola, que al ser procesada se transforma en opio, en heroína y en morfina. Es con el tráfico de droga que se sostiene la insurrección afgana, como las FARC se nutren de la venta de cocaína.
La droga, tanto en Afganistán, el Oriente Medio y en Hispanoamérica, es el principal vínculo entre movimientos subversivos, regímenes de extrema izquierda y guerrillas comunistas. No es casual que en sus primeras declaraciones como nuevo desgobernante de Ecuador, Correa haya anunciado el desmantelamiento de la base de monitoreo de Manta; tampoco es casual que los efemelenistas se hayan opuesto, con todas sus fuerzas, a la instalación de una base de monitoreo en Ilopango. Agregaremos que el propósito de estas bases no es documentar las migraciones de aves o los movimientos de la tuna en el Pacífico. Lo que vigilan son los vuelos y los navíos no identificados que casi sin excepción transportan droga al gran mercado estadounidense y que además en un 80 por ciento despegan de Venezuela.
“De Venezuela al camarada Tirofijo”
La droga es el espantoso flagelo de los tiempos actuales, lo que aniquila a jóvenes y adultos, con el poder de corromper y destruir sociedades. Lo que ahora sufre México, cuyo territorio es escenario de batallas campales, de asesinatos y secuestros, de corrupción de jueces, policías y autoridades civiles, de pánico general, llevó a decir a un mexicano amigo que si el actual presidente Calderón no logra controlar y vencer en esa guerra, “el próximo presidente de México será impuesto por los cárteles de la droga”. Y similar desafío enfrenta Guatemala.
Sólo los ingenuos dejan de ver que en El Salvador la extrema izquierda es el mayor obstáculo para implantar medios y leyes que efectivamente combatan el narcotráfico y el crimen organizado. En más de 90 instancias, los efemelenistas han negado sus votos para impedir la promulgación de leyes contra la delincuencia, lo que lleva al constante sobreseimiento de traficantes. ¿Por qué acosar a las FARC si en Venezuela Tirofijo hasta tiene monumento?
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