Imperialismo chavista
Por Cristina María López
El Salvador
La fiebre del chavismo, o ese populismo respaldado por la rentabilidad del petróleo, ha contagiado a Latinoamérica. Son ya seis los países que conforman ahora el bloque ideológico de ALBA.
La izquierda salvadoreña, fuera de evolucionar a un social democratismo que ha funcionado en tantas democracias desarrolladas, y que no implica una reforma de la concepción actual del Estado salvadoreño, sigue dando muestras de apoyo al sector liderado por Hugo Chávez, uniéndose a sus medidas y aplaudiendo sus despotismos y violaciones a las libertades de expresión. No es difícil asumir que la línea de gobierno del partido de izquierda en El Salvador, de llegar al poder democráticamente, poco tendrá de democrática, pues adoptará el chavismo como faro que guiará sus políticas públicas.
¿Qué implica el chavismo? Fuera de su posición “anti-imperialista”, que puede traducirse como una clara hostilidad a los Estados Unidos, que pretende explicarse o justificarse como un rechazo a “depender” de otro país, por la pérdida de soberanía o identidad nacional que eso implica, el chavismo incluye educación gratis para todos, radicales disminuciones del analfabetismo, programas mejorados de salud y deporte, combustible a precios envidiables, etc.
En papel, ninguna de estas propuestas suena mal. ¿Quién no querría que la educación, la salud y el bienestar en general, fuera mejor para todos los salvadoreños? Sin embargo, por mucho que se desee adoptar para nuestra gente los beneficios aparentes de esta línea de pensamiento, el transplante de políticas gubernamentales extranjeras en un país que como el nuestro, carece de la riqueza exorbitante que provee el petróleo en Venezuela, nos lleva a un modelo falso que no es sostenible, y por lo tanto, a depender totalmente de la nación bolivariana. Y, ¿no es eso lo que tanto rechaza el famoso “anti-imperialismo? ¿No equivale pertenecer a ALBA, comprometerse a un imperialismo chavista?
Caeríamos en la dependencia de un país que sólo es fuerte mientras tenga petróleo, que como se sabe, no es un recurso renovable y cada vez las “green technologies” hacen lo posible por apuntar sus tendencias hacia fuentes de energía más económicas y eficientes, que no tardarán en devaluar las riquezas petroleras en el futuro.
No hay que dejarse engañar por los cantos de sirena del chavismo, que simplemente es un marxismo disfrazado y sustentado por una fuerte posición económica que, de resquebrajarse, hundiría consigo la débil ideología que mantiene viva, y que históricamente ha probado ser un fracaso en cada lugar donde ha sido implementada en puridad.
Recordemos además que los costos del populismo y los programas sociales que a tantos han convencido, son la pérdida de la democracia, la expulsión de quienes piensan diferente, la erosión de la diplomacia y las relaciones internacionales, la expropiación de la empresa privada, la huida de la inversión extranjera… Antes de escoger lo mejor para el desarrollo de nuestro país y nuestra gente, hay que analizar si estos son precios que estamos dispuestos a pagar para conseguirlo.
La autora es colaboradora de El Diario de Hoy.
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