La cárcel de Fujimori
Por Vinicio Guerrero Méndez
Correo del Caroní
“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”. Mateo 12:36-37
Muchas veces hay que tener cuidado con lo que decimos aunque sea a manera de broma. Una vez, el ex presidente Alberto Fujimori, en su mensaje del 28 de julio de 1992, y por ironías del destino, haciendo alusión a un penal, para reclamar el porqué los malos policías cometían diversos delitos sin ser sancionados; formuló esta pregunta de manera indignada: ¿Dónde están esos policías? ¿Se les ha dado el ejemplar castigo que merecen? ¿Qué pasa con las llaves de esta cárcel?
Jamás pensó que hoy llegaría a ser un exclusivo inquilino de la misma jurisdicción de la Diroes (Dirección de Operaciones Especiales de la Policía Nacional del Perú), considerado el mejor penal del Perú, con las más exigentes condiciones de seguridad para un ex presidente de la República.
Este centro de reclusión tiene un área total que alcanza a los 891.31 metros cuadrados, de los cuales el área construida es de 405.32 metros cuadrados. Cuenta con cómoda habitación y baño privado especial. El personal que lo atiende y la Policía que le brinda seguridad, tienen habitaciones, con servicios higiénicos separados.
Las condiciones humanitarias del cual se le ha dotado, son excepcionales en el Perú y posiblemente en América Latina, donde el hacinamiento penitenciario es la característica general.
Cuenta con una sala de recepción para recibir las visitas de familiares, abogados y congresistas. Un tópico de salud especial, para recibir la asistencia de sus médicos de cabecera o del Instituto Nacional Penitenciario, además de los profesionales del Instituto de Medicina Legal u otros que sean necesarios.
La cancha de futbolito, que utilizaban los policías internos en el Cenin, se ha transformado en un amplio patio para los paseos y las clases de pintura y artes plásticas que le dan dos profesores. Fujimori se ha especializado en pintar al óleo bodegones y temas paisajistas peruanos. A la fecha, ya tiene más de una docena de cuadros y no se descarta la posibilidad de que los pueda valorar y posteriormente venderlos.
Por ironías del destino esperemos que se sepan guardar muy bien esas llaves, como Fujimori las reclamaba para otros.
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