La bolsa le cae en la cabeza a McCain
Por George Will
Diario de América
Por aquel entonces, el entrenador de los Baltimore Orioles era Earl Weaver, un tipo menudo, napoleónico e irascible que, cuando se irritaba, que lo estaba con frecuencia, berreaba a un árbitro, “¿Sabes hacerlo mejor, o eso es todo lo que da de sí la cosa?” Con, misericordiosamente, un único debate para acabar, esa es la pregunta a propósito de la campaña de John McCain.
En los últimos días de su trayectoria de 10 años a la presidencia, McCain encuentra irritante que Barack Obama vaya ganando la primera campaña seria que ha protagonizado contra un Republicano jamás. Antes del acontecimiento sin acontecimientos de la noche del martes, la irritación estaba alimentando lo que podría ser el alegato final de la campaña McCain-Palin. No es tanto que Obama tenga malas ideas como que Obama es una mala persona.
Esto, dicen McCain y su Sancho Panza femenino, queda plasmado en las relaciones poco recomendables que Obama tuvo en Chicago, como William Ayers, el terrorista impenitente. Pero las acusaciones McCain-Palin llegan justo cuando la campaña Obama se está beneficiando de una campaña masiva por correo que le está saliendo gratis. Muchos millones de hogares estadounidenses están abriendo con preocupación los sobres que contienen las circulares de las pérdidas trimestrales en sus planes de ahorro y demás cuentas destinadas a la jubilación – informando a cada hogar de su parte de los casi 2 trillones de dólares que se han evaporado recientemente de las cuentas de los norteamericanos. En este contexto, la tentativa de la campaña McCain-Palin por centrar la atención de los estadounidenses en las relaciones de Obama en Chicago parece surrealista – o, como dijo una vez un político británico sobre las críticas de las que estaba siendo objeto, “igual que enfrentarse a alguien que no puedes ver.”
Obama observaba recientemente – para atormentar y provocar a los conservadores quizá – que la retórica de McCain acerca de “la avaricia” y “la cultura de casino” de Wall Street equivalía a “hablar igual que Jesse Jackson”. Qué divertido: un político afroamericano de Chicago distanciándose de otro político afroamericano de Chicago asociándolo a McCain.
Tras sus gratificantes elecciones al Congreso de 2006, los Demócratas anticipaban con impaciencia que 2008 traería unas segundas elecciones en las que un caótico Irak ocuparía el centro de la atención en la mente de los votantes. Hoy se alegran de que eso no haya sucedido. El éxito del incremento en Irak, del que McCain reclama parte del mérito con toda razón, es un motivo de que la política exterior haya retrocedido a los márgenes en la mente de los electores, difuminando así la materia en la que McCain se siente más cómodo y que supone la mayor vulnerabilidad de Obama.
La noche del martes, buscando el tirón en el hostil terreno económico, McCain decía que los 700.000 millones de dólares del plan de rescate – quizá sean 800.000 millones de dólares o más; uno pierde la pista de este objetivo tan esquivo – es muy poco. Él propone varios cientos de miles de millones más para su Plan de Recuperación de la Propiedad Americana – no se pueden tener demasiados incrementos. Bajo él, el gobierno compraría las hipotecas que los titulares no pueden amortizar — o quizá simplemente prefieran no hacerlo — y las reemplazaría con hipotecas más abaratadas. Cuando propuso esto, los conservadores que participaban en el “grupo de muestra” de la MSNBC presionaron sus botones en un espasmo de desaprobación que desgarró ligamentos.
Aun así, puede ser políticamente prudente que McCain prescinda de la cautela, y de miles de millones. Obama es competitivo en tantos estados en los que ganó el Presidente Bush en 2004 – incluyendo Florida, Carolina del Norte, Virginia, Ohio, Indiana, Iowa, Colorado y Nuevo México – que no es estrafalario pensar que pueda ganar al menos 350 de los 538 compromisarios.
Si eso parece sorprendente es solamente porque las elecciones de 2000 y 2004 se ganaron con 271 y 286 compromisarios, respectivamente. En las 25 elecciones entre 1900 y 1996, los ganadores promediaron 402,6. Esto, incluso a pesar de que las elecciones de 1900 y 1904 – antes de que Arizona, Nuevo México y Oklahoma fueran estados, y antes de que el tamaño de la Cámara se fijara en 435 miembros en 1911 – distribuyeron solamente 447 y 476 compromisarios, respectivamente. Las 12 elecciones de 1912 hasta 1956, antes de que Alaska y Hawai fueran estados, distribuyeron solamente 531.
En las 25 elecciones del siglo XX, sólo tres candidatos ganaron con menos de 300. McKinley, con 292 en 1900; Wilson, con 277 en 1916; y Carter, con 297 en 1976. El Presidente Harry Truman obtuvo 303 en 1948 a pesar incluso de que la candidatura de la formación disidente Demócrata de Strom Thurmond obtuvo 39 que de lo contrario habrían ido a Truman. Después de que John Kennedy ganara en 1960 con sólo 303, el total ganador promedio de las próximas nueve elecciones hasta la suspensión de 2000 fue de 421,4.
En 1987, la víspera de la tercera victoria de la Primera Ministra Margaret Thatcher, el secretario de su Partido Conservador decía a un columnista de visita: “Algún día, el Laborismo ganará unas elecciones. Nuestra labor consiste en hacernos cargo hasta que recuperen la cordura.” A los Republicanos, ganadores de siete de las 10 últimas elecciones presidenciales, les debería quedar el consuelo de que se han hecho cargo la mayoría del tiempo.
© 2008, The Washington Post Writers Group
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
Caido del Tiempo La república no es nada, sólo un nombre sin sustancia...
14 de febrero, 2014- 10 de diciembre, 2010
El Universal Desde el pasado sábado, la prensa escrita y hablada, nacional e...
14 de diciembre, 2012Por Hugo J. Faría El Universal Libertad económica implica, además de proteger la...
18 de junio, 2007












