Proyectos solidarios regidos por normas de economía de mercado
Por Mercedes Manfroni
Fundación Futuro Argentino
Es bastante común encontrar asociaciones civiles, fundaciones y otras instituciones del Tercer Sector (como espacio distinto del sector gubernamental y el mercado) que tienen como fin la asistencia social. Desde allí se busca ayudar al más necesitado facilitándole algún bien de subsistencia como puede ser alimento, vivienda, vestido.
En los últimos años está en auge una nueva tendencia en la sociedad civil que procura que los más pobres salgan adelante incentivándolos a explotar sus propias capacidades. Tal vez su punto de inflexión fue Yunus a partir de su exitoso modelo de Microcréditos que sacó de la indigencia a miles de personas de su país natal – la India – a través del préstamo de pequeñas sumas de dinero a tasas muy bajas. Sus beneficiarios jamás podrían haber accedido a un crédito de una importante institución financiera por falta de solvencia. Sin embargo, ese dinero se presta sólo con el fin de que sea invertido en un proyecto productivo redituable, y así se hace. Con esa ayuda inicial mucha gente pudo salir adelante y crear una empresita con perspectivas de crecimiento.
En línea con esta tendencia en nuestro país se han creado varias instituciones sociales sin fines de lucro. Media Pila País es una de ellas. Esta fundación comenzó a trabajar en 2005. Su presidente, José María Sarasola, había estado fuera del país por seis años y al volver durante 2004 se encontró con una Argentina distinta. Él resume que el mayor cambio radicaba en la “resignación de la gente” a la situación que le tocaba vivir (“gente revolviendo la basura en las calles, niños pidiendo monedas en los semáforos”, etc.).
Sarasola entonces decidió desarrollar un emprendimiento solidario. Prefirió no limitarse a prestar asistencialismo, sino que prefirió darle al proyecto un cariz especial: sacar a madres de familia de la indigencia capacitándolas como costureras y dándoles los medios para que puedan trabajar como tales, con el fin de crear “valor agregado”. Pero eso no es suficiente: “lo innovador del modelo radica en crear una marca –en este caso Mediapila- que pueda por un lado comercializar los productos y absorber la ineficiencia productiva hasta que el taller se torne eficiente, y a la vez utilizar su exposición mediática para vincular los talleres con nuevos clientes para que logren independizarse y continuar con el efecto multiplicador de inserción laboral para los más pobres.”
Esta idea abstracta comenzó a concretarse con la compra de tres máquinas de coser y telas. El lugar para guardarlas lo facilitó la directora de un comedor barrial en Chacarita. Como quedó poco resto para contratar la capacitación, los voluntarios de Media Pila País (José María Sarasola, Joaquín Driollet y Merced Córdoba) tomaron unas horas de clase de corte y confección y con esa base comenzaron a enseñar a tres mujeres que asistían al comedor y que se mostraron entusiasmadas con el proyecto. Estas tres aprendices de costura cobraban treinta pesos por día, sólo por capacitarse.
“Al principio no fue fácil: de tres remeras cosidas, dos eran para descartar”, dijo Sarasola. Esto debilitaba mucho el ánimo de los voluntarios de Media Pila: como la fundación no recibía ingresos iba a ser imposible la compra de más insumos.
Pronto la situación mejoró. Ese mismo año se implementó la venta del producto en universidades privadas. Los voluntarios de Media Pila consiguieron acceder a una clase de psicología de la Universidad Católica Argentina y consiguieron vender las remeras entre los alumnos. A la vez, los estudiantes de la clase se ofrecieron a vender el producto entre sus amigos y conocidos. A la semana, esa clase rindió 2000 pesos. La iniciativa, sin dudas, resultó ser un buen negocio. Este mismo sistema se aplicó en otras universidades.
Media Pila País fue perfeccionando el sistema que hoy alcanzó la eficiencia, tal como aseguró su presidente y los números confirmaron. En una primera etapa se identifica a un grupo de cuatro madres de familia desempleadas, interesadas en salir adelante a través del oficio de la costura. Se las capacita durante un mes y se les paga un sueldo sólo por acceder a esa capacitación. Si al cabo de ese período se las ve entusiasmadas con la tarea se instala en su barrio un taller.
La idea es que al cabo de tres años con el producto de su trabajo ayuden a abrir otro taller donde puedan trabajar otras cuatro mujeres, construyéndose así una “cadena de favores”. De esta forma no sólo se hace solidaridad sino que también se la fomenta entre los beneficiarios del proyecto.
En un primer momento se pagaba un sueldo fijo por mes. Últimamente se implementó la metodología del pago por producto. Con esta modalidad, hay mujeres que al mes ganan $1600, como “Felicitas, que logró pagar el crédito hipotecario de su casa a partir de su trabajo en Media Pila País”. Los sueldos no bajan de los $900.
“Capacitar un grupo de 4 madres y montar un taller de confección cuesta $35.000 aproximadamente. Y en tres años se convierten en $163.200 de ingresos para las madres del taller. A los seis años se convierten en $489.600, y así sucesivamente hasta alcanzar cifras altísimas. Sólo con $35.000 iniciales se desata un proceso multiplicador que saca gente de la indigencia estimulando el espíritu emprendedor y fomentando la cultura del trabajo.” Esta es la proyección que tiene la fundación.
Desde que comenzó sus actividades en 2005, Media Pila País logró abrir seis talleres textiles: Uno en Derqui, dos en José C. Paz, San Miguel, Pacheco, Capital y el próximo lo están montando en Florida. Esos talleres dan trabajo a 35 mujeres, es decir, sacan de la indigencia a 35 familias.
Este emprendimiento es uno de los tantos que se desarrollan en nuestro país que demuestran que la solidaridad no es necesariamente opuesta a las reglas del mercado y por tanto, el asistencialismo no es la única ni la mejor manera de sacar a la gente de la pobreza y la indigencia, tan extendidas en los grandes centros urbanos.
- 28 de septiembre, 2026
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