EE.UU.: en la recta final
Editorial –
El Tiempo, Bogotá
Las convenciones de los partidos Demócrata y Republicano han puesto en estos días a Estados Unidos a girar en torno a la política. La semana pasada, la oposición demócrata hizo historia al nominar por primera vez a un afroamericano a la presidencia del país más poderoso del mundo. Un estadio lleno con 80.000 asistentes y una audiencia televisiva doméstica de 38 millones -más que la de la apertura de los Olímpicos- son la confirmación de la pasión que esta campaña presidencial está despertando.
El lanzamiento de la fórmula demócrata Barack Obama-Joe Biden marca el inicio oficial de la campaña general, que termina con las elecciones del 4 de noviembre. La reunión en Denver les sirvió a los demócratas para sanar sus heridas después de unas agresivas primarias. Hillary Clinton apoyó abiertamente a Obama, y su esposo, el ex presidente Bill Clinton, señaló paralelos atractivos entre su exitosa campaña de 1992 y la aspiración del bisoño senador de ascendencia africana.
Pero el show se lo robó el discurso de Michelle Obama, la esposa del candidato. Para la mayoría de votantes estadounidenses, este fue el primer contacto con la probable próxima primera dama. La joven abogada afroamericana, brillante y bien preparada, rompe claramente con el molde de las esposas de los presidentes, así como su esposo con el de los candidatos.
Los republicanos no se quedan atrás en su dosis histórica. El viernes, el candidato John McCain anunció a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, como su fórmula vicepresidencial. Es la primera vez que los conservadores incluyen a una mujer dentro de sus aspirantes a ocupar la Casa Blanca. Palin fue literalmente un ‘palo’: mujer de 44 años, extrema conservadora y con solo dos años de experiencia como mandataria de este lejano y poco poblado territorio, más cerca del Polo Norte que de Washington. En un partido como el Republicano, poco amigo de los cambios bruscos, la dupla McCain-Palin es tan novedosa y polémica como la nominación de un afroamericano en su contraparte demócrata. En la convención que comienza mañana en Minnesota, McCain quiere mostrar que la agenda del cambio no es monopolio exclusivo de Barack Obama.
Empero, el reto no es fácil para los republicanos, después de ocho años de controlar la Casa Blanca. La administración Bush termina con bajísimos niveles de aceptación -peores que los de la época de Nixon-, sin un claro control sobre la situación de Irak y Afganistán y sin haber capturado a Osama ben Laden. Exhibe claras muestras de debilidad ante el resurgimiento de Rusia y China y en medio de una incertidumbre económica con crisis hipotecaria incluida. No sorprende que el potente discurso de nominación de Obama haya girado en torno a las angustias económicas de la golpeada clase media estadounidense. El senador demócrata pasó de vibrantes discursos inspirados a una más mundana lista de políticas tangibles de vivienda, educación, seguridad social y empleo. Mientras que para McCain la campaña pasa por Bagdad, para Obama pasa por la mesa del comedor.
Estas convenciones son el pitazo que da la largada al último tramo de la carrera hacia la Casa Blanca. Tras más de dos años en campaña, la vida privada, trayectoria profesional, errores y aciertos de cada candidato han sido exhaustivamente revisados por la prensa y los equipos políticos de los partidos. Las plataformas y programas de Obama y McCain son conocidos y cualquier giro brusco será severamente castigado en las urnas. Coherencia en el mensaje y una bien aceitada maquinaria partidista son las claves para definir al ganador de noviembre.
En esto, los demócratas gozan de una evidente ventaja. La campaña de Obama ha roto récords en recolección de fondos y basó su victoria de las primarias en la movilización de votantes. El mapa político y demográfico estadounidense ha cambiado para beneficio de la oposición: el partido de Obama ha crecido en estados claves como Colorado, Nuevo México, Virginia, Ohio y Pensilvania. El diseño del sistema electoral de Estados Unidos hace que el ganador se defina en un puñado de estados indecisos, donde el trabajo político hace la diferencia.
No obstante, la campaña de McCain ha logrado despertar dudas sobre la experiencia de Obama y disminuir el alcance histórico de su eventual presidencia. Los demócratas, por su parte, atacan al republicano por su cercanía al impopular Bush, su apoyo irrestricto a las tropas en Irak y su falta de conexión con el votante de clase media. Estos se perfilan como los ejes centrales de una campaña que hoy está, según las encuestas, en un empate técnico.
El repunte de los demócratas después de la convención fue pequeño -unos cuatro puntos en el promedio- y no disipa los temores sobre la pérdida de fuerza de Obama. La semana entrante, los republicanos tendrán el centro de la atención y la oportunidad de picar en punta. No se puede olvidar que durante más de 15 años la organización y las ideas- así como la más brutal publicidad negativa- han estado en manos conservadoras. Es pronto para aventurar un ganador; sin embargo, en este cabeza a cabeza, el que primero cometa un error podría perder la Casa Blanca.
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