Venezuela: Una revolución de fracaso en fracaso
Por Elsy Manzanares Feliche
Siglo XXI
Los venezolanos le dijimos NO a Chávez y a su proyecto revolucionario el 2 de diciembre pasado, parece que no lo entiende, porque ahora pretende imponer leyes para justificar sus 10 años de fracasos.
No es no, es una frase que se ha convertido en una de las más emblemáticas de los últimos tiempos en Venezuela. En diciembre, a través de un referéndum dijimos NO, porque Chávez pretendía perpetuarse en el poder y crear un estado socialista con una nueva Constitución. Ese NO se le dijo con mucha claridad a través de una elección; sin embargo, el pasado 31 de julio, Chávez presentó un paquete de leyes con un contenido que atenta contra los derechos fundamentales, con el fin único de construir una sociedad socialista, según su comunistoide pensamiento, contraviniendo así la voluntad popular.
El paquetazo que dio Chávez el pasado 31 de julio quiere hundir definitivamente a la empresa privada con leyes infames que apuntan exclusivamente a multar, supervisar, controlar y llevar a excesos con el fin último de cerrarlas y, con ello, acabar con el empleo, el desarrollo y la propiedad privada.
Chávez no sabe ya cómo ocultar su fracaso revolucionario, hoy después de 10 años de corrupción, hambre y desasistencia, sus ministros como si ayer hubiesen tomado posesión anuncian medidas para construir nuevas viviendas y para combatir la corrupción. El descaro es grande.
Chávez pretende con un paquete de leyes crear un solo pensamiento ideológico, modificando normas constitucionales de manera inconsulta.
En Venezuela, las instituciones están en manos de Chávez, como el país entero, gracias al dinero y al poder, no a su popularidad, que baja vertiginosamente por sus malas políticas y canallescas formas de tratar al pueblo venezolano. Estamos frente a un Estado totalitario, con un disfraz democrático, pero somos los venezolanos quienes, por ahora, vivimos estas vicisitudes. Digo por ahora, porque él intenta, y lo está logrando, extender sus tentáculos a la región entera.
Evo Morales, en Bolivia, es un calco casi perfecto de Chávez; Correa, en Ecuador, es otro; Ortega tiene más kilómetros de recorrido que los anteriores, pero se beneficia de las dádivas del totalitario para afianzarse en medio de un país que muere de hambre y desidia, mientras él recibe los beneficios y pasea en un Mercedes Benz.
Este retrato, formado por estos personajes y encabezado por Chávez, es un drama; por eso, lo que hoy ocurre en Venezuela es problema y asunto de preocupación para toda la región, porque sus insensateces son exportables y tomadas en cuenta gracias a las dádivas que sirven para comprar las conciencias de muchos.
Ojalá que la Venezuela de hoy no sea la Latinoamérica de mañana; sería muy cruel y doloroso. El fracaso de los 10 años de revolución chavista es una vergüenza; el hambre y la corrupción son los símbolos más evidentes. ¡Aguas!
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