Se llama libertad
Por Rogelia Castellón
Diario Las Americas
Se llama libertad, a veces es como una leyenda, pero ha estado viva en cada generación de cada pueblo. No se ha quedado en el recuerdo de los viejos relatos. Siempre ha caminado junto al deseo del hombre. Es como un ave, tratando de posarse en las tierras de las gentes necesitadas de pensar con ideas propias, y de hacerlas crecer para compartirlas con sus hermanos. Su vuelo es armonioso, su vida muchas veces es breve. Seguramente surgió en una primavera, en un rincón de una pequeña cueva en la cual había nacido el primer pensamiento libertario del hombre futuro, llegado en ese día, y destinado a dar forma al mundo nuevo.
Por supuesto, pensar en la palabra, recordar la lucha de los pueblos y de los hombres por retenerla, me lleva como siempre a un lugar, especial para mi corazón cubano. Me lleva a conocer cada nuevo día, un nombre nuevo. El nombre de un hombre futuro. El nombre del hombre sacrificio, aquel que a pesar de toda la propaganda castrista, muchas veces en estos cincuenta años, ha gritado en medio de las calles. ¡Viva Cuba libre ¡Viva la libertad! Y, en verdad al escuchar el grito, la palabra penetra y nos recuerda el dolor cubano producido por las cadenas invisibles de la tiranía. ¡Dolor cubano, dolor de Cuba! ¡Cuánta tristeza!
Para llegar al momento de la protesta y recordarle al tirano y a su corte, la verdad de nuestra existencia de cubano “liberto”, el hombre protesta viviendo en un medio tan represivo como el actual, llega al sacrificio. Sabe que en cualquier momento, será atrapado y llevado a las mismas celdas en las cuales se encuentran los que en algún momento han pensado como él. Ese hombre, no tiene tribuna, pero es dueño de una bandera real, la cual lo impulsa a gritar y a protestar y a caminar por el camino peligroso del enfrentamiento.
He visto en estos días, un documental sobre un suceso en Cuba, es del año mil novecientos noventa y cuatro. Agosto cinco. La visión, me llevó a la alegría de los recuerdos, no solo, los hombres de la valentía en solitario, se han entregado para que la “Señora Libertad” regrese a Cuba. En aquel, día, grupos de jóvenes aún sin contaminar, llenaron las calles habaneras y especialmente la avenida del Malecón, para reclamar con sus gritos el derecho a la libertad de cada cubano. Para pedir la muerte del tirano y para demostrar que se puede tener miedo y hacer presencia en el mundo de los sueños. Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, hablaron ese día, solamente de libertad, con decoro, con dignidad, con amor a Cuba. Los cubanos bautizamos aquella acción con un nombre especial: Maleconazo. Ese día, el señor amo, sintió miedo, mucho miedo. No se enfrentó a los alzados del malecón, más bien se escondió.
Encontré algo doloroso en la acción. Hubo silencio y después…olvido.
¿Cómo se puede callar en presencia del crimen? ¿Cómo se puede vivir cada día sin recordar un poco al hombre sacrificio, al del grito espontáneo a la luz del día, al del paredón, al de las turbas cobrando cuentas, muchas veces inexistentes? ¿Por qué nadie alzó su voz, cuando frente a todos, pasaron los hombres y las mujeres, con el horror de las voces comunistas gritando ¡Paredón, paredón!
Es bueno un poco de olvido. Es bueno dejar el castigo en las manos de la justicia, pero es necesario recordar. Recordar para alzar en el futuro la voz y que algo tan triste, como estas historias no puedan repetirse. Es bueno recordar, para hacer una patria nueva. En la cual el amor y la dignidad, llenen nuestras manos de constructores de la nueva Cuba.
Hoy, miro a las estrellas libres, de esta tierra libre. Repito mis palabras también libres. Miro a mis manos que libremente pueden escribir mis pensamientos. Pienso en los hombres de allá y en los de acá. Hombres del mismo origen, de la misma raza cubana, mirando a las mismas olas desde distintas orillas, y pienso en el momento del abrazo definitivo. El abrazo de hermanos, se acerca. La libertad, va llegando. Debemos aprender a retenerla y a compartirla. Quizá, el pasado nos separa, pero debemos aprender los de allá y los de acá, algo nos acerca, y ese algo se llama libertad.
Los de acá, dejaremos todo lo bueno de esta tierra prestada, para reunirnos allá, en las calles sucias y tristes de una isla marginada, con otros hombres y mujeres deseosos de conocer la paz, el amor y la comprensión, y de sentirse hermanos de los que tomen el camino del regreso.
La verdad está siempre en el ultimo puente. El del adiós final. El de la tierra amada cubriendo nuestros cuerpos. En donde solamente queda el alma pura. Desde allí, saldrán los pensamientos de los que hemos amado tanto a nuestra patria. Desde ahí saldrán nuestras voces para gritar ¡Ya es la hora! La hora de amar, de compartir y de proteger a nuestro mejor legado: la libertad. La libertad, perfección de la vida. Cuando la perdemos dejamos de vivir, aunque nuestros corazones continúen latiendo.
Es un poco triste mi pensamiento de hoy, pero está lleno de esperanzas. Libertad es la promesa de una vida nueva esperando futuro, es ir abandonando en el camino las tristezas del pasado. Es estar trabajando para construir el nuevo sueño.
- 28 de septiembre, 2026
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