El fantasma de la depresión
Por Robert J. Samuelson
Siglo XXI
El fantasma de la depresión persigue a EE.UU. Se oye la palabra una y otra vez. ¿Estamos en medio de una depresión? Si no, ¿nos dirigimos a una? La respuesta a la primera pregunta es “no”; y la respuesta a la segunda es “casi con certeza no”. La utilización del término “depresión” para describir la economía es un caso de exageración retórica, que expresa la ansiedad y el pesimismo hoy en día generalizados. Una breve lección de Historia lo demuestra.
La Gran Depresión de los años 30 —la última vez que el término se aplicó correctamente— fue la peor calamidad del capitalismo industrial. El desempleo en EE.UU. llegó a un pico del 25% en 1933; promedió un 18% en esa década. De 1929 a 1933, el 40% de los bancos norteamericanos falló. La gente perdió sus depósitos; las empresas y los consumidores perdieron acceso al crédito. Los precios al por mayor cayeron en un tercio, llevando a los agricultores y a las empresas a la bancarrota. A eso siguió el embargo de granjas, el surgimiento de villas miseria y las colas de pan.
Fue una fractura social, además de económica. Nuestra situación actual no se parece a ésa. En junio, el desempleo fue del 5.5%, levemente inferior al promedio de 5.8% desde 1960. Es cierto que los bancos y los bancos de inversiones —Citigroup, Merrill Lynch, Wachovia— han sufrido grandes pérdidas. Pero en conjunto, el sistema bancario parece bastante fuerte. Aunque las ganancias en el primer trimestre de 2008 bajaron un 46%, comparadas con 2007, sumaron $19 mil millones, incluso después de apartar $37 mil millones para las reservas en caso de pérdidas ocasionadas por préstamos. En general, las ganancias de las corporaciones siguen a una tasa anual de $1.5 billones, casi un récord.
Hasta el momento, la ralentización económica actual ni siquiera se acerca a la crisis más dura posterior a la Segunda Guerra Mundial. Las recesiones consecutivas de 1980 y 1981-82 constituyeron, para la mayoría de la gente, una crisis prolongada. El desempleo llegó al 10.8% a fines de 1982. En 1981 y 1982, la construcción de viviendas había bajado casi un 50% de su pico de 1978. De 1979 a 1982, la economía se estancó; la producción descendió, subió y volvió a descender. No había ocurrido nada semejante desde la década de 1930.
“Depresión” es un término de la jerga. No tiene una definición precisa. En el siglo XIX la palabra connotaba períodos extensos de precios en declive. Después de la Segunda Guerra Mundial, el término “depresión” pasó al desuso, porque los declives económicos se volvieron más suaves y pocas veces involucraron una deflación (caída de precios) real. “Recesión” pasó a ser el término preferido.
Lo paradójico sobre la economía actual es su fuerza. No es broma. Consideren todas las granadas que le están lanzando. Los precios altos del petróleo. El estallido de la vivienda. Los grandes despidos en industrias afectadas: automóviles, líneas aéreas, construcción, hipotecas. La “escasez del crédito” provocada por las pérdidas de las hipotecas de alto riesgo. A pesar de todo ello, la economía no se ha derrumbado. Sólo se ha debilitado. La producción en el primer trimestre de 2008 fue, en realidad, un 2.5% superior a la de un año anterior.
Sin duda, existen paralelos con la Gran Depresión. La gente teme lo que no comprende o espera. Le inquieta que la complejidad de los mercados financieros y la economía globalizada causen inestabilidad. Es una ansiedad legítima. Aun así, los paralelos son limitados.
(c)2007, Washington Post Writers Group
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