Ciudadano del mundo
Por Jesús Ruiz Nestosa
ABC Digital
SALAMANCA. Mientras Nicanor Duarte Frutos asumió la presidencia declarándose proveniente del “Paraguay profundo“, Barack Obama, ante una multitud de unas doscientas mil personas, se declaró en Berlín “ciudadano del mundo”. “Vengo a Berlín -dijo- como muchos de mis compatriotas han llegado antes. Esta noche me dirijo a ustedes no como el candidato a Presidente, sino como un ciudadano, un orgulloso ciudadano de los Estados Unidos, y un compañero ciudadano del mundo”.
Esta es la síntesis más apretada, la que define con mayor precisión la distancia que existe entre el primer mundo y nuestros países del tercero, o cuarto; tal vez haya un quinto y es al cual pertenecemos.
Mientras, Hugo Chávez y sus seguidores, como Ortega, Correa, Morales y… (ojalá no me equivoque al excluirlo) están corriendo atrás de una idea que no existe, atrás de un sistema que tampoco existe, y que no es otra cosa que un disfraz para los sistemas que ya existieron y que ya se probaron, peor, porque las muestras del fracaso están al alcance de la mano. Quizá tendría que decir “del entendimiento”, pero corro el riesgo que me esté dirigiendo al blanco equivocado.
Barack Obama aún no ha llegado a la presidencia de los Estados Unidos de América, ni siquiera a su nominación a candidato. Pero si así no fuera, qué gran error se estaría cometiendo; un error cuyas consecuencias nos amenazan a todos.
Desde que cayó el muro de Berlín y se hundió la Unión Soviética, convirtiendo al mundo en un mundo unipolar regido por los Estados Unidos, no ha aparecido un político con ideas tan claras y, sobre todo, tan sanas que piensa que “No podemos permitirnos el lujo de estar divididos. Ninguna nación, no importa cuán grande o poderosa sea, puede vencer estos desafíos [el terrorismo, la droga, la amenaza nuclear] por sí sola. Ninguno de nosotros puede negar estas amenazas o eludir la responsabilidad de luchar contra ellas. Sin embargo, la ausencia de los tanques soviéticos y la presencia del terrible muro han hecho que haya sido fácil olvidar esta verdad. Y si somos sinceros unos con otros, sabemos que a veces, a ambos lados del Atlántico, hemos marchado separados y olvidado nuestro destino compartido”.
Obama piensa en un mundo globalizado en el que exista un equilibrio de fuerzas y una alianza con la Unión Europea con un compromiso de mutua cooperación. Todo lo contrario de que Estados Unidos no tiene ahora rival y puede erigirse en la cabeza de un imperio, según la estrategia de George W. Bush y su equipo de “neoconservadores” para los que Tzvetan Todorov acuñó los términos “paleo conservadores” o bien “neofundamentalistas” que son los que mejor se adecuan a la realidad (“El nuevo desorden mundial”, Editorial Península, Barcelona, 2008, pp. 36 y 37).
Se ha dicho que el éxito de Obama radica en que despierta el entusiasmo de los jóvenes con el optimismo de su lema: “Yes, we can” (Sí, podemos). La importancia de Obama radica en que tiene una idea muy clara de lo que debe ser el mundo en el siglo XXI. “En este nuevo siglo, los norteamericanos y los europeos por igual deberemos hacer más, y no menos. La asociación y cooperación entre las naciones no es una elección, sino es una manera, la única forma, de proteger nuestra seguridad común y avanzar”.
En el primer párrafo decía la diferencia que existe entre los países del primer mundo y los del tercero, cuarto o quinto. Mientras existen políticos influyentes que están trazando las nuevas estrategias para el siglo XXI, en Latinoamérica estamos persiguiendo el “socialismo del siglo XXI”, la implantación de un “Estado indigenista” o bien compramos armamentos por miles de millones de euros por si se le ocurre a los Estados Unidos de América atacarnos. Hugo Chávez ya le compró a Rusia un par de submarinos convencionales. Solo nos cabe esperar que no hayan sido construidos en la fábrica de los coches Tavria.
Barack Obama tendrá la difícil misión de recuperar aquel atractivo que tenía Estados Unidos de América: desarmar la política nociva que echó a rodar un presidente al que Salamanca no pudo prestarle lo que la naturaleza no le había dado, y crear un mundo “Sin muros entre los países que fueron aliados a ambos lados del Atlántico. Los muros entre los países que tienen mucho y los que tienen poco no pueden permanecer. Los muros entre las razas y tribus; nativos e inmigrantes; cristianos, musulmanes y judíos no pueden permanecer. Estos son los muros que ahora debemos derribar”.
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