Estanflación en Estados Unidos
Por Jorge Barrientos Marín
El Colombiano
Medellín – La noticia de la semana en materia económica es el incremento en el índice de precios al consumidor en Estados Unidos, que alcanzó el nivel de 1.1 por ciento en junio pasado. No es una cifra para enloquecerse, pero cuando va acompañada de desaceleración de la economía y pérdida de empleos como los reportados la semana pasada, empezamos a temer lo peor: estanflación. Este es un término para describir una posible recesión acompañada de alta inflación. La recesión de 1973-1975 fue una de las más impactantes desde la gran depresión de los años treinta, lo interesante es que la recesión coincidió con incrementos del precio del petróleo y ocasionó un incremento en el desempleo en el 9 por ciento. La historia, al parecer, puede repetirse, confiamos en que no sea así.
Esta situación, que ocasionó un disgusto a los inversores de Wall Street, puede tener efectos en América Latina, dependerá tanto de la persistencia al alza del IPC como del grado de desaceleración, y de las acciones de Ben Bernanke para proteger la economía del riesgo de estanflación. De ser la inflación un fenómeno persistente (ya global, pues el Banco Central Europeo subió el tipo de interés hace dos semanas para combatirla) la FED se encontraría en un dilema: durante el último semestre ha disminuido la tasa de interés gradualmente para estimular la economía, ahora con inflación de por medio, tiene dos opciones: hacer nada con el peligro de un brote inflacionario o incrementar la tasa de interés para detener el ritmo ascendente del IPC, esto último, sin embargo, va en contravía de la receta común de estimular el crecimiento.
El efecto sobre la economía colombiana puede sentirse a través de un leve incremento del tipo de cambio, siempre que la reducción en el diferencial de tasas de interés entre Colombia y EE. UU. sea lo suficientemente fuerte; es decir, los dólares se apreciarán, lo que puede dar una noche de tregua a los exportadores, que claman por una intervención mayor del Banco de la República. Debemos recordar que un incremento exagerado de los precios del petróleo, como el que ciertamente presenciamos, puede encarecer materias primas importadas y un decline en la productividad de las firmas (por ejemplo, el Gobierno hace poco autorizó un reajuste cercano a los 20 mil pesos por trayecto en los tiquetes de avión).
Lo cierto es que la crisis hipotecaria, en principio un problema exclusivamente financiero, contagió el sector real por medio de la reducción drástica del crédito de consumo, disminución de la demanda agregada y por ende un exceso de oferta que debió disminuir el precio de algunos bienes, pero nadie contaba con la temible subida de los precios del petróleo, sus derivados, y de los alimentos (para biocombustibles), con las futuras consecuencias de las que no sólo seremos testigos sino, además, en muchos casos, irremediables y compungidas víctimas.
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