200 razones para votar
Por Armando Gonzalez
El Nuevo Herald
P: ¿Quién nombra a los jueces federales?
R: Los jueces de la Corte Suprema, cortes de apelaciones y cortes de distrito son nominados por el Presidente y confirmados por el Senado, como establece la constitución. Los nombres de posibles nominados son frecuentemente sugeridos por senadores y, algunas veces, por representantes del mismo partido que el Presidente. El Comité de Asuntos Judiciales del Senado tiene la responsabilidad de efectuar vistas de confirmación para cada nominado. El artículo III de la constitución establece que estos nombramientos son vitalicios.
Amedida que se acercan las elecciones del 4 de noviembre, la campaña del senador John McCain no parece haber generado suficiente entusiasmo entre los republicanos mientras que la campaña del senador Barack Obama se ha caracterizado por lo contrario. Las encuestas confirman que los demócratas están mucho más entusiasmados con su candidato que los republicanos con el suyo.
Identificar las razones que han resultado en esta situación es una tarea para los expertos de campaña. Para eso les pagan. Los columnistas debemos limitarnos a observar, analizar y comentar. Y, de vez en cuando, mencionar aspectos de la elección que deben interesar tanto a un bando como al otro por la importancia que tienen para motivarnos a votar.
¿Cuáles son las ”200 razones” del título? Los 200 jueces federales que el próximo presidente nominará en su período de cuatro años. Ese ha sido el promedio en décadas recientes (Ronald Reagan: 379 en ocho años; George H. W. Bush: 192 en cuatro años; Bill Clinton: 372 en ocho años; George W. Bush: 292 en siete años).
Si demócratas y republicanos estuvieran de acuerdo en la definición de ”¿qué es un buen juez?”, las nominaciones judiciales carecerían de mayor importancia. Pero ambos partidos difieren profundamente en cuanto a cómo los jueces deben interpretar la ley, incluyendo la ley suprema de la nación, la Constitución. Los demócratas creen en una ”constitución viviente”, o sea, una constitución que los jueces pueden adaptar a las necesidades de una sociedad en evolución. Los republicanos, por su parte, creen en una interpretación de ”intención original”, basada en las intenciones de la asamblea constituyente que creó la ley suprema de la nación.
La diferencia puede ser explicada con más claridad usando la decisión Roe v Wade de 1973 con la que la Corte Suprema constitucionalizó el derecho al aborto. Desde entonces, los candidatos presidenciales demócratas no han objetado la metodología seguida por la Corte. Los republicanos, sin embargo, estiman que la Corte nunca debía haber llegado a esa decisión porque el ”derecho al aborto” no aparece ni en el texto ni en la historia de la Constitución.
Nadie debe tener dudas de que quien sea electo presidente en noviembre hará, de su filosofía judicial, el criterio central para la selección de jueces a nominar. Y, de la misma forma que Roe v Wade está presente hoy, después de 35 años, los 200 jueces que el próximo presidente nomine grabarán su presencia en el sistema judicial por varias décadas.
Actualmente, la Corte Suprema está estrechamente dividida entre cuatro jueces liberales (John Paul Stevens, David Souter, Ruth Bader Ginsburg y Stephen Breyer) y cuatro conservadores (Antonin Scalia, Clarence Thomas, John Roberts y Samuel Alito) y un noveno juez, Anthony Kennedy, que parece no estar seguro de dónde posarse.
La lógica de almanaque indica que el próximo presidente tendrá la oportunidad de llenar, cuando menos, la vacante de Stevens, el juez más liberal de todos, a quien a sus 87 años de edad le queda poco de vida profesional activa. Un presidente republicano podría voltear la mayoría de la Corte con sólo este nombramiento. Obama votó en contra de Roberts y Alito. McCain votó a favor y ha dicho que sus modelos para futuras nominaciones son Scalia y Thomas.
Pero si bien la Corte Suprema es importante, el mayor impacto de todos será en las cortes de distrito (89 en los cincuenta estados más el Distrito de Columbia, Puerto Rico, Islas Vírgenes, Guam e Islas Marianas del Norte), que están organizadas en 12 circuitos con una corte de apelaciones en cada uno.
Mientras la Corte Suprema atiende entre 75 y 80 casos al año, los doce circuitos deciden 30,000 casos al año. Si algo está claro en esa proporción es que las cortes en esos doce distritos son, para todo propósito práctico, las cortes de última instancia. Las decenas de jueces en esas doce cortes de distrito y los jueces que el próximo presidente nomine son, aproximadamente, 200 razones para votar.
Y las razones no son sólo McCain y Obama, o el representante de nuestro distrito o los senadores de nuestros estados. A esos, al menos, los podemos dejar sin trabajo cada dos o cuatro o seis años. ¡Pero los 200 jueces son vitalicios!
El próximo presidente tendrá la oportunidad de reconfigurar las cortes por una generación. La importancia de votar por el candidato que mejor refleje nuestra filosofía personal es fundamental. ¿Sería posible que alguien en la campaña de McCain hiciera sonar el despertador?
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