La nueva “democracia” rusa
Por Antón A. Toursinov
Siglo XXI
El 2 de marzo de 2008 se realizaron las elecciones presidenciales en Rusia, donde ganó Dmitri Medvedev, el candidato propuesto por Vladimir Putin, ya que éste no pudo postularse porque la Constitución prohíbe la tercera reelección. Pero hasta ahora, tanto los propios rusos como los líderes mundiales, siguen considerando a Putin el dueño de Rusia. ¿Cómo pudo este funcionario convertirse en una nueva especie del zar?
Al llegar al poder en 2000, Putin aprovecha las características del pueblo de Rusia para ganar sus simpatías. Muchos siglos de esclavitud (en todos los sentidos de la palabra) convirtieron el pueblo en una masa incapaz de tomar sus propias decisiones. Lo primero que se hizo fue dominar los medios de comunicación y a los periodistas. Durante el segundo mandato de Putin crecieron los precios del petróleo y del gas, productos más importantes del subsuelo del país, lo que ayudó a pagar la deuda nacional y exterior. El Gobierno aprovechó la subida de precios para convencer al pueblo de que todo este bienestar es logro del señor Presidente.
Incluso de los fracasos de la política el Gobierno sacó provecho, gracias al dominio de la información pública. El trágico final del submarino Kursk, en el que murieron 118 marinos, ni la toma de rehenes por los rebeldes chechenos en un teatro de Moscú en 2002 y su fallida liberación por parte de la fuerza estatal (donde perecieron 67 personas que asistían a un musical), ni la toma de la escuela en Beslán en 2004, donde murieron, por culpa del Ejército, más de 330 rehenes; nada de esto cambió la opinión del pueblo sobre su gobernante.
En una conferencia de Prensa, Putin igualó a pueblo ruso con el soviético y vanaglorió a éste como el pueblo libertador del mundo, aludiendo a la Segunda Guerra Mundial, y amenazó a cualquier país que no reconociera estos méritos cerrarle el flujo del gas. La táctica fue aprobada por los rusos en múltiples ocasiones y Europa occidental tuvo que tragar esta amenaza, después de dos cierres del gasoducto ruso.
Con todo esto crecieron el aparato estatal y la burocracia; el pueblo fue privado de la posibilidad de abrir negocios, y, lo más típico de cualquier poder autoritario, fue creada la figura del enemigo del país a través de las confrontaciones con la UE y EE.UU. El nombramiento de los gobernadores de las 89 provincias por el Presidente (antes de Putin, los elegía el pueblo), la presentación de la oposición como delincuentes, la idealización del Presidente creando las organizaciones políticas juveniles e infantiles… todo esto permite anunciar el fin de la democracia en el país. En varias ocasiones, tanto Putin como muchos rusos, al mencionarse la falta de democracia, han alegado diciendo que Rusia no necesita ni quiere una democracia occidental sino una mano dura.
El nuevo presidente, Dmitri Medvedev, antes desconocido, hasta ahora no ha demostrado su decisión de gobernar el país. El 31 de mayo pasado, en su visita a Francia, Putin, ahora Primer Ministro y líder del partido oficial y de mayoría en el Parlamento, dijo que él seguirá siendo el que toma las decisiones más importantes de la política y la vida en Rusia.
El autor es profesor del Depto. de Educación y Escuela de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, Universidad Francisco Marroquín.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
Por Gary S. Becker Libertad Digital, Madrid La reciente huelga de dos días...
7 de noviembre, 2007Por Alejandro Sala Economía Para Todos El anuncio de Cristina Kirchner de que...
15 de junio, 2008Instituto Juan de Mariana Más sociedad puede implicar menos necesidad de Estado, sin...
15 de agosto, 2014Por Eric Lemus BBC Mundo San Salvador – El gobierno salvadoreño prepara un...
25 de junio, 2008











