Calidad institucional…
Por Diego Márquez Castro
Correo del Caroní
“A la masa se la mantiene ocupada con mesiánicos mitos de espera“. Antonio Gramsci
“La esencia del populismo latinoamericano es el gobierno de los hombres y no de las leyes. Uno vive un shock cuando pasa de Suiza a Venezuela porque aquí el Presidente es omnipresente y se te aparece por todas partes. En cambio, el presidente suizo a lo mejor te pasa por el lado y ni te das cuenta. En Venezuela pareciera que es imposible que las instituciones estén al margen de los hombres”. Las palabras con las cuales iniciamos nuestro artículo forman parte de una interesante entrevista publicada en el suplemento Estrategia correspondiente a la edición de El Nacional del 28 de mayo. El entrevistado es Martín Krause, profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas.
La entrevista en cuestión fue realizada por el periodista Andrés Rojas Jiménez, quien la respaldó con un prolijo análisis sobre la situación de nuestro país que plantea con muy justificada preocupación el alarmante hecho representado por una Venezuela que se encuentra entre los países de peor calidad institucional, el cual no es precisamente producto de cualquier discurso opositor financiado por “el imperio” o de la imaginación de cualquier periodista “disociado”, de acuerdo a las terminologías usadas por los plumarios del régimen sino el resultado de una responsable y cuidadosa investigación, coordinada por el profesor Krause, llevada a efecto por la Red de Política Internacional, una organización no gubernamental que tiene su sede en Londres y que elaboró su Índice de Calidad Institucional 2008, en coordinación con instituciones académicas en cada uno de los países objetos de la evaluación, tal como lo hace cada año. En nuestro caso el ente coordinador es el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice).
En la dinámica de la entrevista, a la pregunta ¿Dónde están los mayores retrocesos en la región? Tomando como referencia a Latinoamérica, Krause expuso su punto de vista: “Claramente, Venezuela, en el Índice de Calidad, está ubicada en las últimas posiciones. Si bien este índice sólo tiene dos años, estoy seguro de que hace 20 años no hubiera estado en esa posición”. De acuerdo al señalado documento, Venezuela figura en la posición 174 en un total de 192 naciones, dentro de cuyo contexto obtiene una calificación muy baja la cual se ubica en un tiempo reciente, lo que no siempre fue así. Efectivamente, hace dos décadas, el nuestro era un país admirado en la región por la estabilidad de la democracia y sus instituciones, mientras que en otras latitudes dominaba el militarismo; hoy, en pleno siglo XXI, el país revela una inversión radical y dramática en el campo institucional, lo que llevó a los investigadores a afirmar que “si no hay libertad política, económica y social, si no se respetan los derechos humanos, se restringe el número de oportunidades que la gente quiere intentar perseguir”.
Dentro del espectro político el informe coincidió con la abrupta aprobación, seguida de la correspondiente intempestiva derogación, de una normativa no solamente restrictiva de las libertades individuales y públicas sino terriblemente atentatoria a los derechos humanos, políticos, sociales y civiles, aparte de inmoral y perversa, como la Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia, que fue expuesta a nuestra sociedad como un paradigma de virtudes por parte del presidente y sus aquiescentes funcionarios y que, en una voltereta de prestidigitación política y retórica, fue anulada contradiciendo de manera descarada los anunciados presuntos beneficios de la misma, por parte de quien estampó su firma para hacerla efectiva ¿Rectificación? Cuidado con las “rectificaciones” que funcionan como trampas “cazabobos”, no hay que ser incautos, se trata de poner en juego la vieja táctica leninista: “Dar un paso hacia atrás para ganar dos adelante”. Recordemos que a la actual Asamblea Nacional le fue encargada la elaboración de una nueva ley sobre el mismo asunto…
Valgan, pues, para cerrar, unas recomendaciones de Nicolás Maquiavelo en El Príncipe “a cualquiera, pues, que juzgue serle necesario en un señorío nuevo asegurarse la fe de sus enemigos, adquirir partidarios, vencer por la fuerza o por la astucia, hacerse amar y temer de los pueblos, hacerse seguir y respetar por el soldado, destruir a todos los que pudieren o debieren causarle daño, sustituir leyes nuevas a las antiguas, ser a un tiempo severo y agradable, magnánimo y liberal; deshacerse de una milicia en la cual no tuviere confianza y formar otra fiel, conservar la amistad de los príncipes y de los reyes de modo que deseen hacerle bien y teman tenerle por contrario. De todo esto, digo, no puede ofrecerse un ejemplo más reciente ni más acabado que el que presenta César Borgia…”. No sabía el florentino que unos cuantos siglos después, en tierras venezolanas y latinoamericanas, tales sugerencias se harían realidad, respaldadas, por supuesto, por los ascendentes precios del petróleo y por una dadivosa petrochequera capaces de dar al traste con cualquier calidad institucional. A propósito ¿conoce usted la parábola de la rana y el escorpión? Léala, analícela y saque su propia moraleja…
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