Prohibiciones olímpicas en China
Editorial –
The New York Times
El Universo
El New York Times dijo lo siguiente en uno de sus editoriales del miércoles 11 de junio:
Ahora que se ha disipado un poco la conmoción del terremoto (mismo que no pudo controlar) en la provincia de Sichuán, la dirigencia de China se están concentrando de nuevo en algo que, cree, sí es capaz de controlar: el pueblo. Hinchas deportivos que estén presentes en la Olimpiada del 2008 en Beijing tendrán que llevar consigo una larga lista de reglas junto con sus boletos.
La semana pasada, en su sitio de Internet, el comité olímpico organizador de China enumeró una serie de restricciones para los 500.000 visitantes extranjeros que, anticipa, lleguen en agosto. A los espectadores de la Olimpiada les están diciendo que no lleven consigo “nada en detrimento” de China, incluidos materiales impresos, fotografías, discos o películas. Las pancartas o lemas religiosos o políticos. Lo mismo va para los mítines, manifestaciones y marchas, a menos que sean aprobadas de antemano por las autoridades. De manera similar, dice que prohibirá la entrada al país a los visitantes con enfermedades mentales y enfermedades de trasmisión sexual.
Nosotros temblamos ante cómo se llegará a esos juicios, ya que muchos son altamente subjetivos o interfieren en la vida íntima.
El Comité Olímpico Internacional ha prohibido las actividades políticas desde hace ya largo tiempo atrás en eventos olímpicos, y nosotros respetamos el objetivo de intentar hacer a un lado las divisiones mientras se celebra la humanidad compartida. Empero, Beijing está usando esas restricciones con sus propios fines autoritarios.
A fin de ganar el derecho a convertirse en el anfitrión de la Olimpiada, China prometió mejoras a su registro en el área de los derechos humanos. Sin embargo, sigue avanzando mayormente en la dirección opuesta. En días recientes, las autoridades expulsaron de la barra a dos prominentes abogados por los derechos humanos, mismos que se habían ofrecido voluntariamente para defender a tibetanos acusados en violentas protestas en contra de China. De manera similar, desbandaron una reunión de 100 padres de familia, los cuales estaban protestando pacíficamente por la deficiente calidad de la construcción de la escuela, así como por las muertes de sus hijos en el sismo del 12 de mayo.
Y si bien, al principio, las autoridades relajaron las restricciones sobre periodistas y trabajadores de ayuda después del terremoto, ya empezaron a recrudecerlas nuevamente. A los periodistas locales los han disuadido de cubrir las protestas de los padres de familia, al tiempo que redes de televisión internacional se han quejado de que los requisitos de seguridad limitarán la cobertura de la Olimpiada.
Existe una contradicción inherente entre el deseo de China de invitar al mundo a la Olimpiada y su esfuerzo por negarles a esos visitantes –y a su propia gente– las libertades más elementales. La semana pasada, un funcionario del COI (Comité Olímpico Internacional) dijo estar convencido de que los Juegos Olímpicos serían una “fuerza del bien” en China. El Comité y gobiernos occidentales necesitan recordarle a Beijing que el mundo observa atentamente, y la imagen no es buena hasta ahora.
© The New York Times News Service.
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