La nafta cara cambia los hábitos en EE.UU.
Por Hugo Alconada Mon
La Nación
WASHINGTON.- Para muchos estadounidenses, que el galón (3,8 litros) de nafta haya llegado a los 4 dólares es poco más que anecdótico.
Pero para muchos otros, que el litro de combustible cueste el equivalente a 3,26 pesos argentinos implica un cambio abrupto en sus estilos de vida: desde decirles adiós a sus autos y reducir el consumo de carne, a explorar nuevos medios de transporte, compartir viajes o darles la bienvenida a regímenes laborales o escolares de cuatro días.
Josephine Cage encarna esta nueva realidad que impacta en el interior profundo de este país, allí donde el delta del río Mississippi lo domina todo. Cerca del 20% de los 1000 dólares mensuales que recibe como fileteadora de pescado se le escurre en su Ford Escort para recorrer los 96 kilómetros que hay entre su casa y su trabajo.
“Llego a fin de mes por la gracia de Dios”, dijo a The New York Times . No sólo sobrevive gracias a sus plegarias, sino también porque, entre otras cosas, suplantó la carne por la sopa, el brócoli y los porotos.
Cage trabaja cuatro días por semana, al igual que un creciente número de trabajadores, gracias a nuevos planes que concentran sus 40 horas semanales en cuatro turnos de 10, en vez de 5 de 8 horas. Así, trabajan más de lunes a jueves, por ejemplo, pero se ahorran los gastos de transporte del viernes. Ganan lo mismo, pero consumen menos, con lo que retienen más dólares en sus bolsillos.
Las semanas laborales apretadas son una tendencia creciente, que incluso abarca al sector público de algunos condados. En Birmingham, Alabama, el estado más pobre del país, unos 2400 empleados municipales la adoptarán a partir del 1° del mes próximo, mientas que unos 1000 policías y bomberos se sumarán durante los próximos meses.
“Nuestros empleados están muy ansiosos y listos para comenzar hoy mismo”, afirmó la directora de comunicaciones de la municipalidad, April Odom, que calcula que la medida podría significar un ahorro anual en combustible de entre 500.000 y un millón de dólares. “Nuestra mayor motivación es permitirles ahorrar a nuestros empleados dado el precio de la nafta. Pero también les dará un día extra a los padres con sus chicos y les evitará un día de guardería”, agrega.
En Maynard, Minnesota, incluso las escuelas modificarán el próximo ciclo escolar, que comenzará en septiembre: cuatro días con 65 minutos más de clases a cambio de un día más de descanso. En su caso, la reforma permitiría recortar gastos en transporte por cerca de US$ 55.000 por semana, según el director Greg Schmidt.
“Algunos maestros están preocupados por la extensión de los días para los chicos [más pequeños]”, reconoció Schmidt, en particular en el nivel primario. Pero añadió: “A la mayoría de los estudiantes secundarios les gusta la idea. Muchos de ellos trabajan y esto les dará un día extra”.
De hecho, no es casualidad que el valor promedio nacional del galón de nafta haya llegado esta semana a los 4 dólares por primera vez en la historia del país y que cada vez más empresas flexibilicen sus planes, que para fines de 2007 alcanzaba al 38% de las compañías, según una encuesta de la Sociedad para el Gerenciamiento de los Recursos Humanos (SHRM, en inglés).
Nueva rutina de transporte
El 44% de los profesionales entrevistados por la firma Robert Half International respondió que los precios ascendientes de la nafta alteraron de algún modo sus rutinas diarias para ir y volver de sus trabajos. Comparten sus viajes con otros empleados; cambian sus autos por otros más rendidores (con las gigantescas Hummer en retroceso); utilizan el transporte público o trabajan desde sus casas con más frecuencia, alentados por las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías.
Dentro de esta dinámica, aunque en el extremo superior de la escalera, descuella IBM, que lleva años concentrándose en la gestión por resultados. “Con esto en mente, el lugar a partir del cual se trabaja no tiene importancia”, explicó su responsable de movilidad y condiciones de trabajo, Andrea Jackson.
Pero en el extremo inferior de la escalera laboral y social, en las zonas rurales y empobrecidas de Mississippi, Kentucky, Alabama, Virginia Occidental, Nuevo México, Wyoming, Dakota del Sur y del Norte la adaptación es forzada.
Tanta es la disparidad entre las zonas urbanas y rurales del país que mientras en las primeras el 4% de los ingresos familiares se van en nafta, en algunas zonas del interior supera el 13 por ciento.
Junto con la suba en las tasas de desempleo y de inflación, esto explica por qué la marcha endeble de la economía local es hoy la principal preocupación de los estadounidenses, muy por encima de la guerra en Irak. Y, también, por qué los demócratas Barack Obama y Hillary Clinton, y el republicano John McCain coincidieron en por lo menos una promesa: terminar de una vez y por todas con la dependencia petrolera del país frente Arabia Saudita, Irán, Nigeria o Venezuela.
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