Del colágeno al reformismo
Por Valentí Puig
ABC
Urge que el PP solvente sus problemas de clavícula si quiere la oportunidad de oponerse al Gobierno de Zapatero con ideas reformistas. Margaret Thatcher ha dicho que la esencia de un buen gobierno es estar preparado para tomar las decisiones difíciles que son necesarias para obtener una prosperidad a largo plazo.
Esas no son decisiones que correspondan al genoma político de Zapatero ni tampoco al “tempo” abacial y tardo de Pedro Solbes. Si encajan con la envoltura política de Rajoy, ahora vamos a saberlo. Lo que la experiencia enseña es que ir a las elecciones sin proponer cambios y hacerlos en caso de victoria acostumbra a insatisfacer al electorado. En la oposición, sobran incluso las alternativas minuciosamente detalladas: lo que se agradecen son contrapropuestas creíbles, realistas y razonables después de argumentar las inopias del Gobierno. No ha de serle imposible al PP hurgar en la brecha que probablemente va a abrirse entre Solbes y Sebastián. En un momento de debilidad económica indisimulable, el forzar una creciente amplitud de esa brecha puede llegar hasta la cámara nuclear del hipogeo zapaterista, ahora tan vulnerable por su flanco económico y no tan blindado por el flanco autonómico o por el laicista.
Zapatero es un maestro en la dosificación del colágeno, del “lifting” y el botox, pero es un inmovilista en lo que respecta a la práctica de la reforma. Con su primer mandato perdimos memoria de lo que es una reforma en bien general. En su segunda legislatura, hará los apaños que le convengan para la permanencia en el poder pero evitando como sea la andadura reformista requerida para adecuar una sociedad como la española a hechos de tanta magnitud como la globalización o al impacto del envejecimiento en nuestra estructura social.
Diestro en olfatear los estados de ánimo de la sociedad, Zapatero sabe que en estos momentos a muchos españoles mudar de piel les atemoriza. No quieren riesgos, sean en forma de deslocalizaciones, más inmigración o sistema de pensiones. Pero en realidad la reforma consiste precisamente en evitar la ruptura. Radical y rupturista en cuestión de gestos, resulta indefectible que Zapatero también le tema a la reforma.
Es muy refrescante y clara “La guía para la reforma” de Johnny Munkhammar, del “think tank” liberal sueco Timbro. Para España, habría no pocos circuitos de la reforma. Por ejemplo: la tan necesaria reforma del sistema educativo, la flexibilización -llámesele “flexiseguridad”- de los mercados laborales o los pasos para reemplazar el mastodonte del Estado de bienestar por la Sociedad de bienestar: todas estas iniciativas representan más opciones para el ciudadano y una mayor movilidad social, la clave de una sociedad avanzada y abierta, de la prosperidad individual y general.
Munkhammar cuenta el caso de un ministro de economía que en los ochenta guardó un puñado de proyectos de reforma en un cajón del despacho. No se atrevía a aplicarlas hasta que su país entró en los baches de una crisis económica. Entonces las propugnó en pocas semanas y al final, en unos pocos años, su aplicación tuvo una aprobación casi general. Pero otros países han llevado a cabo reformas eficaces sin estar en plena crisis. Lo que ocurre es que si los políticos no ven que las reformas no repercuten en su interés propio, generalmente harán lo que puedan para evitarlas. Prefieren operan en su radio de acción reconocible, para satisfacer a sus electores -grupos buscadores de renta, intereses especiales- y no turbar el ritmo general de las cosas. Así contribuyen a la creciente segmentación del bien común.
Tampoco parece Zapatero muy significado en los procesos de reforma en la Unión Europea, como la agenda de Lisboa. En la cancha europea, el reformismo actúa por alianzas cien veces tejidas y destejidas, por pactos de una multilateralidad muy variable. Ahí un partido como el PP, inserto en la trama del Partido Popular Europeo, tiene buenas rampas de lanzamiento aunque esté en la lógica limitación de los escaños opositores en el Congreso de los Diputados. Mucho le convendría completar lo antes posible el baldeo interno y auparse con energía a los púlpitos de la oposición. De lo contrario, de dilatarse más su incertidumbre actual, mucho menos creíble será su voz en la oposición.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
Por Jessica Bernstein-Wax La Opinión, Los Angeles Trasladan su capital y pagan dos...
28 de mayo, 2008Por Max Deveson BBC Mundo Deténganme si ya han oído esto antes, pero...
31 de mayo, 2008El Nuevo Herald Confieso que me siento culpable. Hace unos años, cuando salió...
25 de agosto, 2010Por Ibsen Martínez Tal Cual Digital 1. La semana pasada me hallaba yo...
18 de enero, 2010











