Carta abierta a Barack Obama
Por Nicolás Pérez Diez Arguelles
El Nuevo Herald
Hace un año dije en esta misma columna, y ahora lo repito, que la mejor opción para presidente de los Estados Unidos en las próximas elecciones de noviembre no es usted, sino John McCain. El senador por Arizona tiene la experiencia de haber servido en el Congreso de este país durante 21 años.
Mientras él es el político republicano más respetado por los demócratas, usted despierta profundas divisiones dentro de su propio partido. No obstante, la administración de George W. Bush, la más insensible frente a los derechos humanos, la menos solidaria con la opinión pública internacional, la más arrogante y guerrerista, y la que ha servido a los intereses económicos norteamericanos más inescrupulosos, por los avatares de la contigüidad le ha complicado gravemente la posibilidad a McCain de llegar próximamente a la Casa Blanca.
Dicho rápido y sin sustos, y esto no es profecía sino realismo político: usted, Barack Obama Jr., tiene todas las posibilidades de ser el próximo presidente de los Estados Unidos de América, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese. Y gracias a Dios, tampoco es un candidato de pacotilla. Extraordinarias cualidades debe tener para encontrarse donde está en un país que sigue calado hasta los huesos por la despreciable enfermedad del racismo.
En cuanto a mí, sería una osadía recomendarle qué hacer con la guerra de Irak, la economía y la crisis del petróleo, pero me siento en el perfecto derecho de opinar sobre qué hacer con Cuba.
Ya usted habló sobre la posibilidad de conversar con la isla sin condiciones previas. Por ello lo atacaron despiadadamente. Y sin embargo, en mi criterio, estuvo acertado. Fijarle condiciones al castrismo para iniciar un diálogo, exigiéndole por ejemplo, como recomienda el 99% del exilio de Miami, que primeramente libere a todos los presos políticos, es justo pero irreal. Ellos no van a aceptar algo así, y usted necesita conversar con La Habana para, si anda con suerte, al menos neutralizarla. Y converse todo lo que le dé la gana, pero no debe olvidar a quiénes enfrenta. Cuba comunista cuando negocia incumple los tratados, miente, hace trampas, traiciona. Y es que el objetivo de Raúl Castro y su búnker no es encontrar puntos de concertación con sus enemigos, sino ganar tiempo. Sin embargo, como no existe una solución militar al problema cubano, Washington debe negociar una solución política. Para ello, usted debe tener varias premisas como mandamientos.
Gobiernos como la Albania de Enver Hoxa, la Corea del Norte de Kim Jong Il y la Camboya de Pol Pot se aferraron al poder durante años porque se aislaron del resto del mundo. El talón de Aquiles del castrismo, créame, es su contacto con el exilio de Miami. En todo tipo de encuentro epistolar, telefónico, personal de un exiliado, que es un hombre libre, con un cubano militante del partido comunista de la isla, que es un esclavo de un sistema brutal, quien gana siempre es la civilización sobre la barbarie. Separar por decreto a un solo pueblo es sentir por la familia el mismo desprecio que sienten los comunistas. Decirle a una madre cuándo, cómo y cada qué tiempo puede ver a un hijo, decirle a un hijo cuántos dólares mensuales puede enviarle a su madre para que viva en un país con un nivel de supervivencia trágico es cuando menos un error y cuando más un desconocimiento deplorable no de la realidad cubana, sino del alma humana.
En cuanto al embargo, debe castigarse económicamente a toda dictadura violadora de los derechos humanos. A la España de Franco, a la Sudáfrica del apartheid, al Chile de Pinochet y a la Cuba de Castro. Pero debe estructurarse un esfuerzo conjunto de los Estados Unidos, la Unión Europea y los países democráticos de América Latina para que el plan tenga éxito. Que Washington se presente en solitario, sin unir voluntades, como la Némesis del castrismo, es un error de análisis y proyección.
Algo vital. Debe usted tener como prioridad cuando llegue a la Casa Blanca, senador Obama, mantener informado al pueblo de Cuba. La desinformación no es negociable. Remueva cielo y tierra y esté dispuesto a ser tenaz en defender el derecho del pueblo de Cuba a vivir en pleno siglo XXI. Que un país como los Estados Unidos, tecnológicamente capaz de llegar al planeta Marte, diga que no es capaz de crear una señal fiable, nítida y constante que reciba la isla a través de Radio y Televisión Martí es una ridícula mentira que el pueblo cubano no merece seguir sufriendo.
Tampoco, se lo suplico, asista en su campaña electoral a un restaurante de la Pequeña Habana con una guayabera planchada con almidón de yuca. Luego almuerce arroz, frijoles negros y lechón asado y a la hora de los postres en un español chapurreado grite: ”Cuba sí, Castro no”. Eso no lo haga, por favor, ya estamos hasta la coronilla de que jueguen con nuestros sentimientos.
Por último, como dijo Thomas L. Friedman, del New York Times, la gente aquí está cansada de crear un nuevo país en Irak y Afganistán, desea construir ese país, pero dentro de los propios Estados Unidos. Esto viene al cuento, senador, porque tampoco intente inventar un país en nuestra isla. Ese derecho nos pertenece a la disidencia interna y a este exilio. Sea un buen aliado, estupendo. Extiéndanos la mano, formidable. Pero sin dar órdenes, sin decir cómo liberarnos, sin presentar planes norteamericanos sobre cómo administrarnos en el futuro. Respete nuestra soberanía y quizás sea el presidente norteamericano que llegue más cerca del corazón del pueblo de Cuba.
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