La política del hambre en Venezuela
Por Francisco Herrera Terán
Diario Las Americas
Caracas– No es secreto que el gobierno de Hugo Chávez ha embestido frontalmente a la industria alimentaria. El ataque a la mayor empresa de alimentos del país –Industrias Polar- ha mermado su capacidad productiva, esperando en cualquier momento una intervención gubernamental. Ejemplos de esta naturaleza abundan con empresas de menor tamaño que han sido forzadas a cerrar por falta de suministros, rechazo a solicitudes de dólares preferenciales o por persecución fiscal. La reciente adquisición de Alimentos Los Andes, uno de los mayores productores y distribuidores de alimentos y bebidas del país, le adjudica al Estado un mayor control sobre los consumidores.
Los importadores mayoristas también se han visto afectados cuando se les niega acceso a dólares preferenciales para poder competir en precio con los productos que el propio gobierno importa y comercializa a través de sus canales. Obviamente, la importación a dólar libre haría inviable su comercialización, o serian tachados de especuladores y objeto de incautación.
La actividad pesquera –uno de los sectores que hasta hace poco había logrado eludir la intervención oficial- acaba de recibir un golpe mortal al prohibirse la pesca de arrastre en el país. Ese sistema –que se utiliza de manera sostenible a nivel mundial hace más de 60 años- aporta casi 25% de la producción pesquera nacional.
Muchos lectores pudieran pensar que una reducción del 25% de la oferta pesquera no debería causar alarma, pero desconocen que el 50% de la producción nacional va a enlatados (25% de la producción es sardinas y el otro 25% es atún). Eso solo deja una oferta del 25% de pescado fresco para consumo humano, y este porcentaje está atomizado entre pequeños y desorganizados pescadores artesanales, los pescadores de “media-altura” (pargo-mero) los cuales operan en aguas de otros países y que exportan casi la totalidad de su captura, y los acuicultores que producen principalmente truchas, camarón u otras especies exportables. En otras palabras: solo consumiremos pescado enlatado o pagaremos precios exorbitantes e inaccesibles hasta para el venezolano clase media.
Por supuesto que la predecible intervención de la Polar –que entre otros muchos alimentos produce y distribuye el atún y las sardinas Margarita- y la reciente adquisición por personeros allegados al gobierno del atún Eveba darán al gobierno el control de casi 75% de la oferta pesquera nacional al acabar con la pesca de arrastre.
El chavismo apaga y neutraliza el incentivo a la inversión y la función empresarial capaz de ajustar y coordinar un proceso social, eminentemente dinámico, y sólo viable en libertad, propiedad, pluralismo y competencia. Explicar el desabastecimiento diciendo que China está comprando más leche o porque “el Imperio” está afectando el clima son argumentos para mentes mediocres y desinformadas.
El gobierno de un país del tamaño de Texas y Oklahoma, con la misma población de Ciudad de México y que recibe los mayores ingresos petroleros en la historia de la humanidad, no puede excusar que cada día tengamos menos alimentos y más controles estatales.
Cuando el hambre es más fuerte que el miedo, la necesidad obliga y los alimentos se convierten en armas de la Revolución. ¿Será esa la razón por la que el gobierno necesita seguir fomentando la pobreza y la dependencia en Venezuela?
AIPE
El autor es empresario venezolano.
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