España: Y se rompió nomás
Por Jesús Ruiz Nestosa
ABC Digital
SALAMANCA. Esta vez, la piola no se rompió por su parte más débil, sino por el contrario: se rompió por la construcción que parecía ser uno de los sectores que mejor se encontraban, por lo menos en España.Pero vino la debacle económica y el auge terminó. Algunos la llaman crisis, otros recesión, pero sea cual fuera el término preciso que señala el momento que se está viviendo aquí y en la mayor parte del mundo, lo cierto es que ha llegado la hora de cuidar hasta los céntimos. Los tiempos no están para el derroche.
Hasta hace poco más de un año, la mejor inversión que podía hacerse era en la construcción. Hoy, si bien se carece de datos oficiales, personas relacionadas con el gremio aseguran que las ventas han caído un sesenta por ciento y que existen más de 650.000 viviendas sin vender. Pero como la construcción no se ha detenido del todo, esta cifra irá subiendo, lentamente, es cierto, pero irá subiendo.
Los grandes afectados por esta crisis son los inmigrantes que encontraban trabajo fácilmente en esta área. Por diversos motivos (porque es un trabajo que los europeos no quieren hacer, trabajadores ilegales a los que no se les paga jornales justos, etcétera), este trabajo era encargado preferentemente a los venidos de afuera.
De los cuatro millones y medio de inmigrantes que hay en España, en este momento se calcula que casi seiscientos mil de ellos están en el paro. Calcúlese que de cada uno de estos trabajadores dependen, como mínimo, tres personas: mujer y dos hijos.
La falta de empleos, que comenzó con los inmigrantes, está alcanzando ahora a los españoles. Si se veía ya al extraño como alguien que venía a quitarles puestos de trabajo a los nativos, ahora ese sentimiento ha crecido al punto de que el tema fue tratado en el seno de la Unión Europea, donde se logró unificar la moneda, pero no la ideología.
Sarkozy, cuya popularidad ha llegado a uno de sus puntos más bajos sin que pueda recuperarla ni siquiera con sus exhibiciones de amor adolescente con su nueva esposa, la ex modelo italiana Carla Bruni, ha comenzado a considerar la aplicación de medidas más severas con los inmigrantes sin papeles. Mientras, en Roma no solo Berlusconi es el nuevo primer ministro tras las últimas elecciones, sino, además, ha ganado el municipio de la capital italiana Gianni Alemanno, que militó en el primer partido fascista que se creó en Italia tras la desaparición de Mussolini. La victoria de Alemanno fue recibida con euforia por una multitud en la que los jóvenes saludaban con el brazo en alto, el saludo fascista. Es que el proyecto del nuevo intendente entusiasma a muchos. Primer objetivo: limpiar la ciudad. No lo hará con una escoba. Limpiar significa para él expulsar a todos los inmigrantes sin papeles porque son los que cometen todos los delitos. Segundo objetivo: desarmar todos los campamentos de gitanos que se encuentran en las afueras de Roma y que son más de cincuenta.
Las propuestas presentadas en Bruselas (sede del gobierno de la Unión Europea) se dividen claramente entre las deseadas por Sarkozy y Berlusconi, quienes se apoyan en la idea de la seguridad, frente a las propuestas de otros países, como España, por ejemplo, llamadas “garantistas”, pues se busca ofrecer un mínimo de garantías a los inmigrantes. Los primeros quieren que sea posible mantener detenidos a los “sin papeles” 12 meses, con posibilidad de prolongarlos seis meses más; es decir, un total de 18 meses. En España, el tiempo máximo de detención es de cuarenta días, tiempo en el que deben realizarse todos los trámites de expulsión. En el actual régimen, el expulsado no puede regresar a la Unión Europea durante cinco años. El deseo es que ese tiempo se aumente a diez.
España ha abierto a los “sin papeles” la posibilidad de regresar a sus países de origen pagándoles los gastos que demande el viaje, más lo que podrían haber aportado a la seguridad social. Ante este endurecimiento de las normas, numerosos grupos de derechos humanos han protestado porque ese tiempo de detención se lleva a cabo en campos en los que viven los “sin papeles” con toda su familia y que muchos consideran peor que la cárcel. Mientras dure esta crisis o desaceleración de la economía y mientras gobiernen estos grupos de ultraderecha, la vida se va a poner difícil para todo el que tenga otro color de piel.
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