China y EE.UU., hacia la convergencia horizontal
Por Jorge Castro
Perfil
Más del 70% del crecimiento de la economía mundial en 2007 fue obra de los países emergentes. China es responsable de una cuarta parte; y Brasil, India y Rusia de otro 25%.
World Economic Outlook (FMI) señala que, en los últimos 5 años, 90% del auge del consumo de petróleo y metales fue obra de los emergentes; y también 80% del aumento en el consumo de granos.
China se convirtió –a partir de agosto de 2007– en la principal exportadora de bienes del mundo. Más importante todavía, se transformó en la mayor exportadora de capitales del mercado internacional (superávit de cuenta corriente: US$ 359 billones / 11% PBI); y sus reservas ascendieron a US$ 1,64 trillón (1er. trimestre 2008); son el doble que las de Japón, segundo en reservas.
En términos estrictos, debido a la recesión/desaceleración norteamericana, China está hoy a la cabeza del proceso de globalización. Su liderazgo se funda en una convergencia estructural, de largo plazo, con el país situado en la frontera del sistema: EE.UU.
El boom exportador chino, que convirtió a la RPCh en la segunda exportadora mundial en 2007, es cada vez más una ecuación con dos componentes: transnacionalización y alta tecnología.
Más del 60% de las exportaciones chinas son obra de empresas transnacionales que producen en territorio continental, y desde allí venden al mundo.
Más del 30% de sus exportaciones fueron en 2007 bienes de equipo y de capital de alta tecnología. Es el sector de más rápido crecimiento en las ventas externas del segundo exportador mundial. La participación de las ETN (empresas transnacionales) en las exportaciones de alta tecnología es significativamente superior al promedio nacional: 80%/90% o más. La dupla transnacionalización/alta tecnología profundiza su vinculación en las exportaciones chinas hasta el extremo de la simbiosis.
La acumulación capitalista adquirió un carácter espacialmente mundial a partir de 1991. Su vector fundamental, la inversión extranjera directa (IED) de las ETN, cuya trama constituye el sistema transnacional de producción –base estructural de la globalización–, salió por primera vez del marco de la tríada del capitalismo avanzado (EE.UU. + UE + Japón) y se volcó al mundo emergente (Asia-Pacífico/China).
“En el capitalismo, sistema orientado al mercado mundial, en cada época histórica hay siempre un vector fundamental”, dice Marx en los Grundrisse.
El punto de inflexión histórica de la actual fase de globalización ocurrió entre 1991 y 1995. Entre agosto y diciembre del primer año cayó por implosión la Unión Soviética; en julio tuvo lugar el “Viaje al Sur” de Deng Xiaoping y el vuelco definitivo de China al capitalismo; y la atracción de la IED se convirtió en el objetivo estratégico de la República Popular.
En 1995 se desató el boom de productividad en EE.UU. (la producción estadounidense aumentará 3% anual en los siguientes 13 años).
Irrumpió, finalmente, el nuevo paradigma tecnológico: cruce de la revolución del procesamiento de la información con el despliegue mundial de la globalización.
En este período (1991-1995), surgió la actual Onda Larga de expansión del sistema capitalista, que es una nueva división internacional del trabajo.
Su centro de gravedad son las empresas transnacionales norteamericanas o del mundo entero radicadas en EE.UU.
El sector transnacional norteamericano es 42% del PBI, 69% de las exportaciones, y es responsable, prácticamente, de la totalidad del incremento de la productividad desde 1995 en adelante.
De sus exportaciones, 93% son bienes intermedios (productos fragmentados) que se venden dentro de las cadenas transnacionales de producción. EE.UU. dejó de vender productos terminados; su estructura industrial y de servicios se ha integrado al sistema transnacional de producción.
Este es el imán que atrae a EE.UU. la masa de capitales del mundo entero. La economía norteamericana absorbe 75% del total del flujo de capitales de los 67 países que tienen superávit de cuenta corriente.
Los tres lustros posteriores a 1991 asistieron al despliegue de la convergencia de los emergentes con la avanzada del sistema. El año pasado, China se convirtió en el principal socio comercial de EE.UU. Ahora esa convergencia adquiere características de integración horizontal.
Es lo contrario, de la distinción entre “centro y periferia”; y en la nueva fase –post globalización– surge un nuevo escalón histórico, de carácter planetario.
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