Latinoamérica se viste de rojo
Por Sebastián Mantilla Baca
El Comercio, Quito
Con la victoria del ex obispo Fernando Lugo en las elecciones del pasado domingo, Paraguay se suma a la lista de países que han optado por regímenes de izquierda: Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.
El triunfo de Lugo se produce después de 61 años de predominio del Partido Colorado -de tendencia conservadora- y de una larga y penosa historia de dictaduras militares. La de Juan Manuel Rosas o del general Alfredo Stroessner son apenas una muestra del desbalance que ha existido en Paraguay en cuanto se refiere a la vigencia de regímenes democráticos.
El éxito de la izquierda se debe a varios factores. En primer lugar, la habilidad y carisma de Fernando Lugo para aglutinar a las fuerzas de la oposición, muchas veces diversas y contradictorias entre sí. Son cerca de 10 partidos y 20 movimientos sociales.
En segundo lugar hay un elemento de análisis que no solo tiene que ver con Paraguay sino con toda la región. Me refiero al divorcio que ha existido entre políticas económicas y políticas sociales. Pese a existir niveles de crecimiento importantes, problemas relacionados con la reducción de la pobreza o la distribución más equitativa del ingreso permanecen latentes. Eso ha hecho que como en el caso de Lugo, al dar énfasis a lo social, haya calado más profundamente en el electorado.
Hay, en tercer lugar, un factor que es más de carácter político. Las democracias dominadas por los partidos tradicionales han entrado en crisis en la región y con ello la capacidad de representación e intermediación de parte de los líderes políticos. Esto ha dado lugar al aparecimiento con más fuerza de los llamados ‘outsiders’. Es decir, líderes carismáticos sin una ideología marcadamente definida que construyen su plataforma política a través de la confrontación con el sistema y los partidos políticos tradicionales. Por ello, más que una postura propiamente de izquierda, la tendencia de Lugo podría ubicarse con esa versión populista, prebendataria y poco consistente como es el socialismo de Chávez, Morales y Correa.
Y, en cuarto lugar, habría que determinar cuánto ha podido influir en el triunfo de Lugo el fenómeno Chávez. Es decir, a la financiación y aportes económicos que ha hecho el Presidente venezolano en las últimas campañas electorales de Bolivia, Perú, México, Ecuador y Nicaragua. El actual presidente del Paraguay, Nicanor Duarte, ha hecho serias denuncias en las cuales ha dejado en evidencia el aporte de Chávez a la campaña de Lugo.
Pero el reto más importante para los países de América Latina no es vestirse de rojo. Los grandes desafíos tienen que ver con el avance en la reducción de los niveles de pobreza, inequidad, mejorar el dinamismo económico, así como mejorar la calidad de las democracias. En este sentido los gobiernos de izquierda están dejando saldos negativos. Solo hay que ver cuán pobre y ineficaz ha sido el manejo de la economía que han tenido hasta el momento los gobiernos de Chávez y Correa en la región. Los cambios reales no se hacen con discursos ni retórica, sino con hechos y acciones concretas.
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