El fin del mundo se aproxima
Por George Will
Diario de América
“Algunos dicen que el mundo acabará en llamas,
Algunos dicen que con hielo. …”
— Robert Frost
Y algunos afirman que acabará a causa de las hipotecas de riesgo. Pero para aquellos que alimentan el miedo a las catástrofes como excusa para expandir la supervisión sobre las vidas de los demás por parte del gobierno, la mala noticia es que el mundo no va a terminar — no a causa del calentamiento global o el enfriamiento económico o todo lo demás. La Reserva Federal desatada hoy día, sin embargo, hará interesante salir del paso.
El difunto Senador William Proxmire, un Demócrata populista que representó a Wisconsin durante 32 años, quería que todos los miembros del Congreso escribieran esto en los espejos de sus cuartos de baño, con el fin de que fuera lo primero que leyeran cada día: “La Reserva es un subordinado del Congreso”. El Congreso creó la Reserva Federal en virtud de su poder constitucional “para acuñar dinero” y “regular el valor del mismo”. Afortunadamente, el Congreso ha dejado a la Reserva a su aire para ocuparse de sus asuntos.
Pero la Reserva está experimentando repentinamente una “expansión de sus objetivos originales” radical. La descripción de la Reserva como “el prestamista de último recurso” es precisa sin ser informativa. ¿Prestamista de quién? ¿Para qué propósitos? ¿Último recurso antes de qué? ¿”Prestó” el banco 29.000 millones de dólares a Bear Stearns, o, en la práctica, adquirió parte de los valores más problemáticos propiedad de Bear? Si es así, ¿fue este “préstamo” artificial realmente a J .P. Morgan Chase? El propósito de los fondos era dar un incentivo a Morgan para adquirir Bear — a un precio tan bajo que un incentivo debería haber sido superfluo.
En 1979, cuando el gobierno se encargó de rescatar Chrysler, los conservadores no temían que el rescate económico fracasase, sino que funcionara, avivando de tal modo las tendencias intervencionistas del gobierno y rebajando la resistencia de la opinión pública a futuras incursiones del socialismo de Wall Street. “Funcionó”: Chrysler ha sobrevivido para soportar su crisis actual. El argumento engañoso de 1979 consistía en que Chrysler era entonces “demasiado grande para permitir que quiebre”.
El argumento de hoy es que Bear Stearns estaba tan vinculado al sistema financiero en sentidos opacos que nadie podía estimar las consecuencias derivadas de su colapso — las consecuencias financieras o, las que en ocasiones son más de lo mismo, las psicológicas.
¿Pero cuál es ahora el principio en función del cual otras firmas en problemas arrancarán intervenciones a la Reserva en futuras incertidumbres? ¿En función de qué criterio determinará Washington en adelante si una entidad enorme está “demasiado vinculada para quebrar” o no?
La Reserva carece de cualquier mandato para ser el agente creador de acuerdos del socialismo de Wall Street. La misión de la Reserva es preservar la divisa como almacén de valor previniendo la inflación. Su deber no es evitar una recesión a cualquier precio; la manera de sufrir una gran recesión es tomar parte en improvisaciones frenéticas a causa de que una pequeña recesión, alias una corrección, se juzga intolerable. La Reserva no debería intentar dar lugar a este o aquel ritmo de crecimiento económico o de paro.
Tras el estallido de la burbuja tecnológica en el 2000, la Reserva abrió el grifo del dinero para rebajar los tipos de interés y mantener a pleno pulmón la economía. Y desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, provocada en parte por ese grifo abierto, la Reserva ha rebajado de nuevo los tipos de interés, que a estas alturas son negativos — inferiores a la tasa de inflación, la cual agravará el grifo abierto.
Un incremento súbito de la inflación significaría el final del mundo tal como lo hemos conocido. El 26 por ciento de la deuda de 9,4 trillones de dólares de Estados Unidos es propiedad de extranjeros. Suponga que ellos interpretan la política de la Reserva como expresión del interés americano tácito (e inefable) en incrementar la inflación, lo que equivaldría a la lenta devaluación — denegación parcial — de las deudas de la nación. Si los titulares extranjeros de las obligaciones de Tesoro público norteamericano empiezan a venderlas, los tipos de interés tendrán que remontar para atraer el dinero exterior que permite a los americanos consumir más de lo que producen.
Habiendo agotado muchas de sus 1.400 millones de tarjetas de crédito, entre 2001 y 2006 los americanos rozaron los 1,2 trillones de dólares en activos inmobiliarios. Business Week informa que el cociente de deuda contra ingreso de la clase media se encuentra hoy en el 141 por ciento, el doble del de 1983. Dado que la inquietud es epidémica, el bipartidismo ha levantado su presuntamente bonita cabeza.
Republicanos y Demócratas prometen cooperación, compromiso y vaguedades generales utilizando el dinero de los demás. Si el Congreso no puede aliviar sus ganas de “hacer algo” mientras los mercados están corrigiendo los precios de la vivienda y del dinero, el Congreso podría aprobar una ley que rezara: Ninguna compañía que se beneficie de una subvención federal sustancial (lo cual ahora incluiría a Morgan) podrá pagar a ningún ejecutivo más que el salario más elevado de un funcionario civil federal (124,010 dólares). Eso daría al traste con el entusiasmo de Wall Street por medidas que socializan las pérdidas al tiempo que mantienen privados los beneficios.
© 2008, The Washington Post Writers Group
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
The Wall Street Journal El autor de El arte de la negociación ha...
1 de febrero, 2017Por Franklin López Buenaño Libertad Digital, Madrid La nueva Constitución que se propone...
25 de agosto, 2008Portafolio Los dos laureados con el Nobel de Economía, Oliver Williamson y Elinor...
13 de octubre, 2009Por Jaime de Althaus Guarderas El Comercio, Lima ¿Cuánto tiempo puede durar Hugo...
22 de junio, 2007












