Costo de la guerra en Irak ha excedido toda previsión
Por David M. Herszenhorn
The New York Times – El Nuevo Herald
WASHINGTON – Al comienzo de la guerra en Irak, la administración del presidente George W. Bush pronosticó que la expulsión de Saddam Hussein costaría entre $50,000 y $60,000 millones, así como el restablecimiento del orden y la instalación de un nuevo gobierno.
Cinco años después, las cuentas del Pentágono sobre el costo de la guerra ascienden aproximadamente a $600,000 millones… y sigue subiendo. Joseph E. Stiglitz, economista laureado con el Nóbel y detractor de la guerra, estima que el costo a largo plazo ascenderá a más de $4 billones. La Oficina Presupuestaria del Congreso y otros analistas dicen que una cifra más realista rondaría entre $1 y $2 billones, dependiendo de los niveles de tropas y por cuánto continúe la ocupación estadounidense.
Entre economistas y legisladores, el interrogante de cómo contabilizar el costo de la guerra es un tema de intensa discusión. Y los costos siguen aumentando.
Demócratas en el Congreso critican ferozmente a la Casa Blanca con respecto a los gastos de la guerra. Sin embargo, prácticamente es una certeza que los demócratas suministrarán decenas de miles de millones de dólares adicionales en una iniciativa de ley militar el mes entrante. Algunos integrantes del Partido Demócrata incluso están exponiendo argumentos en contra de la imposición de condiciones, como un plazo para el retiro, aduciendo que esa táctica fracasará como ha ocurrido en el pasado.
Todos los registros sobre costos de guerra incluyen operaciones en la zona de combate, tropas de apoyo, reparación de equipamiento, salarios de reservistas, paga especial por combate para fuerzas regulares y algunos gastos del cuidado de veteranos heridos; cantidades que típicamente caen fuera de los presupuestos regulares de los departamentos de Defensa o Asuntos de Veteranos.
Los estimados más altos a menudo incluyen proyecciones de operaciones futuras, cuidado de salud a largo plazo y costos de discapacidad para veteranos, una parte del presupuesto regular y anual de Defensa y, en algunos casos, efectos económicos más amplios, incluido un porcentaje de precios mayores del petróleo y el impacto de incrementar la deuda nacional para cubrir el creciente gasto en la guerra.
El debate que arde en el Capitolio, sobre el trayecto de la campaña presidencial, tanto en institutos de investigación como académicos, aborda factores tan esotéricos como el índice inflacionario que es apropiado para los costos de cuidado de la salud de los veteranos; el valor monetario de casi 4,000 soldados muertos; y cuál ha sido el papel, si es que lo hay, de la guerra en el aumento de los precios del petróleo. Algunos economistas que siguen de cerca los costos de la guerra dicen temer que los políticos estén cometiendo errores similares a los cometidos en el 2002, luego de no haber comprendido plenamente los costos financieros, tanto a corto como a largo plazo, que aún quedan por delante.
”La pregunta pertinente ahora es: ¿qué estamos haciendo al seguir avanzando? Porque no podemos hacer nada respecto a los costos que ya han tenido lugar”, dijo Scott Wallsten, economista y vicepresidente de investigación de iGrowthGlobal, instituto de investigación con sede en Washington. “Aún no oímos a la gente hablando acerca de eso”.
Algunos demócratas, encabezados por el senador Charles E. Schumer, de Nueva York, quien preside el Comité Conjunto de Economía, han buscado poner el reflector de la atención popular sobre los costos en aumento y el limitado progreso en Irak.
”Esta administración aún no tiene una clara estrategia de salida para nuestras tropas, ni senda hacia la reconciliación política, amén de que no hay rendición de cuentas sobre los costos a nuestro presupuesto o economía”, señaló Schumer.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Dana Perino, reconoció que los costos habían crecido más de lo pronosticado, pero dijo que la administración estaba comprometida a darle al ejército todo lo que necesita para alcanzar el éxito.
”Ninguno de estos cálculos toma en cuenta el costo del fracaso en Irak”, notó Perino. “Si la red Al Qaida llegara a tener un refugio en Irak, las probabilidades de que seamos atacados de nuevo en nuestra patria serán mayores. Estamos al tanto de ese costo”.
En el trayecto de la campaña presidencial, los candidatos demócratas, Barack Obama y Hillary Clinton, a menudo dicen que el dinero para la guerra estaría mejor invertido dentro del país, como hizo Clinton este martes al estimar los costos de la guerra en “mucho más de un billón de dólares”.
”Eso es suficiente”, prosiguió, “para suministrarle cuidado de salud a los 47 millones de estadounidense que carecen de seguro médico y jardín preescolar de calidad para cada niño estadounidense, resolver la crisis de la vivienda de una vez por todas, hacer que la universidad sea accesible para cada alumno estadounidense y el suministro de alivio fiscal a decenas de millones de familias de la clase media”.
Sin embargo, lo que a menudo no destacan los candidatos cuando expresan tales puntos es que el costo total de la guerra ya fue sumado a la deuda nacional, y que el dinero gastado en Irak no necesariamente estaría disponible para otros programas. Y por supuesto, cualquier acción que no sea un retiro inmediato implicará miles de millones de dólares más en gastos actuales.
Dejando de lado el debate, existe un consenso general en cuanto a que el Congreso habrá distribuido ligeramente más de $600,000 millones para operaciones en Irak a lo largo del año fiscal del 2008.
Además, algunos analistas opinan que esa suma pudiera ser la mitad del precio final.
”Bajo escenarios razonables, suponiendo que no efectuemos un retiro expedito, quizás apenas estemos a la mitad”, advirtió Steven M. Koziak, perteneciente al Centro de Evaluación Estratégica y Presupuestaria, grupo no-partidista dedicado a investigaciones. “Incluso en costos presupuestarios directos, es muy fácil ascender hasta el orden de un billón de dólares tan sólo para Irak”.
En el ínterin, el quinto aniversario de la guerra ha puesto el reflector sobre los costos hasta ahora y en proyecciones futuras.
En un nuevo libro, titulado La guerra de los tres billones de dólares, Stiglitz, así como la coautora Linda J. Bilmes, catedrática de la Universidad de Harvard, afirman que el impacto total sobre la economía pudiera ascender a la pasmosa suma de $4 billones o más. Incluso algunos economistas que se hacen llamar seguidores de Stiglitz dicen pensar que esa suma es una exageración.
Lawrence B. Lindsey, quien fue expulsado del puesto de primer asesor económico de Bush en parte debido a que pronosticó que el costo de la guerra pudiera ascender a entre $100,000 y $200,000 millones, también publicó un nuevo libro, el cual sirve parcialmente como algo similar a un “te lo dije”.
”Cinco años después del hecho, creo que una de las razones por las cuales son tan impopulares los esfuerzos de la administración es porque optan por no participar en una discusión pública y abierta de cuáles pudieran ser las consecuencias de la guerra, incluido su costo económico”, escribió Lindsey, en un extracto de la revista Fortune.
Lindsey insiste en que sus proyecciones fueron parcialmente correctas.
”Mi estimado hipotético calculó casi correctamente el costo anual”, escribió. “Sin embargo, me equivoqué en un importante factor: por cuánto tiempo estaríamos involucrados”.
No fue el único.
Congresistas demócratas pronosticaron, por ejemplo, que la guerra de Irak costaría casi $93,000 millones, sin contar la reconstrucción. Prácticamente cada pronóstico estaba errado en este sentido.
”Es claro que las operaciones en Irak y Afganistán han durado más tiempo y han sido más costosas si se comparan con las proyecciones sugeridas al comienzo”, dijo Peter R. Orszag, director de la Oficina Presupuestaria del Congreso Estadounidense.
Al parecer sólo un economista, William D. Nordhaus, de la Universidad de Yale, se ha acercado. En un documento de diciembre del 2002, Nordhaus propuso el peor de los escenarios probable de $1.9 billones, “si la guerra se prolonga, la ocupación es larga y la construcción de una nación es costosa”.
No obstante, resulta difícil llegar a los costos reales. Gastos como un aumento general de las tropas fueron pagados con el presupuesto base del Pentágono, no con las facturas de la guerra.
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