Paraguay: Males de un estatismo que nos agobia
Por Julio Alberto Fleitas
ABC Digital
Creo que a esta altura del tiempo ya no es necesaria mucha “teorización” acerca de los daños y perjuicios que provoca en cada instante el estatismo exacerbado que rige nuestro país, al igual que gran parte de América Latina. Lo podemos ver a simple vista todos los días.
Estatismo, dice el diccionario de la Real Academia Española, es “la tendencia que exalta el poder y la preeminencia del Estado sobre los demás órdenes y entidades de un país”.
En lo político, equivale a gobiernos ilimitados, con demasiadas funciones impropias de su naturaleza, y obviamente incapaz de cumplirlas. En lo económico implica mercados cerrados a la libre competencia, regulados fuertemente por el poder político y, en consecuencia, dominados por el privilegio, la corrupción y la discriminación.
En nuestro país la población observa impasible esta realidad, sobre todo el desempeño de algunas empresas productoras estatales de bienes y servicios que en estos últimos 20 años ha mantenido a nuestro país en un vil atraso.
Uno de los casos emblemáticos es la Industria Nacional del Cemento (INC) que, con 40 años de existencia en manos del Estado, ya ha causado innumerables perjuicios a la economía.
En estos último lustro el mal se ha vuelto crónico, puesto que la cementera estatal se ha convertido en un monopolio inconstitucional que mantiene cautivo el mercado interno, ya que no existen alternativas ni dentro ni fuera del país. En la región tampoco hay oferta suficiente de un producto esencial para la industria de la construcción, porque todos los países están creciendo.
Por más buenas que sean las intenciones de los administradores de turno del ente, en su gran mayoría ubicados por razones de mera política partidaria y no técnicas, no se puede arreglar un “mal estructural” con analgésicos.
La solución de fondo no vendrá manteniendo a cualquier costo una empresa estatal bajo protecciones artificiales que las han vuelto cada vez más ineficiente, sino abriendo el mercado del cemento a través de reglas claras y, sobre todo, estables, para que el capital privado pueda desarrollar algún proyecto.
Contrariamente a lo que la mayoría de los 1.000 trabajadores de la cementera estatal piensa, esta apertura ayudará a la compañía. En primer lugar, será obligada a dejar de ser un coto político y a prepararse a ser una empresa eficiente, regido por principios de mercado, como todas.
Segundo, surgirán nuevas oportunidades de empleo y mejores salarios para los propios trabajadores de la estatal. Tercero, el mercado local será beneficiado ampliamente con cemento abundante a precios razonables y, en cuarto y último lugar, y esto creo que debería ser el aspecto más importante para cualquier gobierno y país, es que miles de paraguayos más podrán llevar el sustento diario a sus hogares como consecuencia natural de un auge económico.
Lamentablemente a este ni a los anteriores gobiernos (todos del mismo signo político) no les ha inquietado la idea de que muchos paraguayos estén sin empleo o sin trabajo actualmente; ni los cerca de 80.000 jóvenes que se incorporan cada año al mercado laboral, ni los que se ven obligados a abandonar el país en la búsqueda de mejores horizontes.
- 28 de septiembre, 2026
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