El Día de los Presidentes
Por el Rev. Martín N. Añorga
Diario Las Americas
Mañana lunes estaremos celebrando en los Estados Unidos el Día de los Presidentes, ocasión en que se les rinde honor a los 43 presidentes que han llevado sobre sus hombros la responsabilidad de conducir al más importante país del planeta.
Este día originalmente se dedicaba de manera personal a George Washington, primer presidente de la nación que naciera el 22 de febrero del año 1732. Después de la Guerra Civil estadounidense muchos estados comenzaron a celebrar el 12 de febrero el natalicio del décimo sexto presidente de la nación, Abraham Lincoln. Hace más de 30 años el Congreso aprobó una ley para conmemorar el tercer lunes del mes de febrero de cada año el natalicio de George Washington. Sin embargo, cuando el presidente Richard M. Nixon firmó oficialmente en 1971 la ley adoptada, extendió la misma a todos los ex presidentes del país, lo que hasta hoy se hace. Evidentemente, Washington y Lincoln son los dos presidentes símbolos de América.
Quisiéramos hoy compartir algunos datos curiosos relacionados con la presidencia de la nación. Hemos leído en diferentes fuentes que desde una perspectiva estrictamente técnica Washington no fue el primer presidente de los Estados Unidos. La independencia norteamericana fue proclamada en 1776, reconocida por los británicos siete años después, y Washington no fue proclamado presidente hasta el 30 de abril del año 1789. Durante estos 13 años el Segundo Congreso Continental, con sede en Filadelfia, adoptó los Artículos de la Confederación y en 1781 el representante de Maryland, John Hanson, fue electo el primer presidente del Congreso de la Federación. Su título oficial fue “presidente de los Estados Unidos designado por la Asamblea”. Después de Hanson otros siete funcionarios sirvieron como presidentes: Elías Bondinot, Thomas Mifflin, Richard Henry Lee, John Hancock, Nathaniel Gorham, Arthur St. Clair y Cyrus Griffin. En 1787 el Congreso convocó para una Convención Constitucional, ratificada por los estados en 1788 y el año siguiente fue elegido George Washington como el primer presidente norteamericano bajo la nueva Constitución.
Continuando con sorprendentes hechos relacionados con la presidencia del país, hay algo muy curioso con el décimo séptimo presidente de Estados Unidos que es conocido por un nombre que no es el suyo. Sus padres lo llamaron Hiram Ulysses Grant, pero cuando ingresó a la Academia Naval de West Point, la persona que lo inscribió en el registro de estudiantes anotó su nombre como Ulysses S. Grant. El futuro mandatario nunca corrigió el error, diciendo que no le gustaban las iniciales de su verdadero nombre, H.U.G., las que seguramente serían objeto de muchas bromas.
¿Y qué les parece que los Estados Unidos tuvieran un presidente que desempeñó su oficio solamente por un día? Algunos reclaman que David Rice Atchison (1807-1886), fue presidente de los Estados Unidos el domingo 4 de marzo del año 1849, algo que se resalta en la inscripción colocada sobre su tumba, en Plattsburg, Missouri. El hecho se explica porque técnicamente el presidente James K. Polk concluyó su mandato a la medianoche del sábado 3 de marzo; pero su sucesor, Zachary Taylor renunció por razones religiosas a prestar juramento como presidente en el día domingo. De acuerdo a interpretaciones constitucionales durante ese breve vacío de poder fue Atchison el que ocupó la primera magistratura, aunque no tuviera tiempo para el trámite del obligado juramento.
William Harry Harrison siempre será recordado como el presidente que solamente vivió un mes para ejercer su mandato. Su ceremonia de inauguración ha sido la de mayor duración en la historia, ya que se extendió por una hora y cuarenta minutos, y probablemente la misma haya sido una causa mayor en su muerte. Tenía Harrison sesenta y ocho años de edad y su estado de salud no era sobresaliente; pero insistió en pronunciar su extenso discurso, a la intemperie, con un intenso frío, sin vestir abrigo ni llevar ni guantes ni sombrero. A partir de ese momento enfermó. Su inauguración como presidente fue el 4 de marzo del año 1841, y un mes después, el 4 de abril terminaron sus días en este mundo.
Y algo que nos asombró saber es que Martin Van Buren, presidente desde el 4 de febrero de 1837 hasta el 3 de marzo de 1841, fue el primer magistrado de la nación que naciera en los Estados Unidos de América. Los presidentes anteriores, Washington, Adams, Jefferson, Madison, Monroe, Adams y Jackson, todos eran ciudadanos británicos.
Y para que veamos cómo eran las cosas del pasado, recordamos que el presidente en funciones, Ulises S. Grant, fue multado en el año 1872 después de su arresto, por conducir su carro tirado por caballos a exceso de velocidad. Y un interesante caso sucedido relativamente hace poco tiempo fue el de la reelección para un tercer término consecutivo de Franklin Delano Roosvelt para la presidencia del país en el año 1940, hecho que jamás volverá a ocurrir, porque en el año 1951 fue aprobada la vigésima segunda enmienda constitucional que limita la elección presidencial a un máximo de dos términos consecutivos.
Un presidente norteamericano se caracterizó por tener “nueve vidas”. Se trata de Rutherford B. Hayes (1877-1881), el que sirviendo militarmente en el Ejército de la Unión fue herido cuatro veces. En la batalla de Cedar Creek, en Virginia, en septiembre del año 1864 fue herido y al caer sobre su caballo, fulminado también por las balas, fue erróneamente reportado como muerto. Trece años, después, fue elegido como presidente de los Estados Unidos.
Y aunque para muchos la televisión sea considerado un invento de hace apenas medio siglo, es interesante el hecho de que el 30 de abril del año 1939 – va a hacer de eso casi 70 años- en la Feria Mundial de Nueva York, Franklin Delano Roosvelt, fue el primer presidente en la historia en aparecer en televisión pronunciando un discurso. Y para que tengamos en cuenta que las cosas de hoy, en muchos aspectos no son tan malas como las de ayer, debemos recordar que el presidente Warren G. Harding era tan adicto al juego del “poker”, que en una partida perdió una completa vajilla de porcelana de la Casa Blanca. De tal manera era conocida su afición a los juegos de azar que a su equipo ministerial le llamaban “el gabinete del poker”.
Es común que los presidentes que terminan sus funciones dediquen palabras de bienvenida a los que sean electos para sucederles; pero a los extremos a los que llegó James Buchanan, el décimo quinto presidente de la historia americana, al entregarle el mallete presidencial a Abraham Lincoln, no existen paralelos. Estas fueron textualmente sus palabras: “Si usted es tan feliz, mi estimado señor, al entrar a esta mansión como lo soy yo al dejarla para volver a mi casa, le aseguro que entonces es usted el hombre más feliz de la nación”.
Y volviendo a los orígenes del Día de los Presidentes, es interesante señalar que George Washington ha sido el único presidente norteamericano en ser juramentado para su cargo en dos diferentes ciudades de los Estados Unidos. El 30 de abril de 1789 Washington prestó juramento en la ciudad de Nueva York, y cuatro años más tarde lo hizo al jurar para su segundo término, en la ciudad de Filadelfia. Y hablando de béisbol, es curioso saber que el primer presidente en declarar abierta una temporada del más americano de los deportes, fue William Howard Taft, el que lanzó la primera pelota –dicen que fue un “strike”-, en el juego entre Washington y los Atléticos de Filadelfia en el año 1910.
En los quehaceres presidenciales suceden, como en todas partes, incidentes imprevistos. Harry Truman, por ejemplo, quiso construir un portal para engalanar la Casa Blanca. Los fondos estuvieron disponibles y se llevó a cabo la adición sin problema alguno. ¿Sin problemas? Hubo uno: en los billetes de 20 dólares aparece una vista de la Casa Blanca y tuvo que hacerse una nueva placa con el grabado del portal para imprimir los sucesivos billetes.
Hoy día, cuando se habla de la posibilidad de que una mujer sea electa presidenta de los Estados Unidos, hay que recordar un simpático comentario de Harry Truman, un ávido lector de temas históricos, que se declaraba un profundo admirador de Abigail, la esposa de John Adams. Para que no haya mal entendidos es bueno señalar que Adams fue presidente de la nación 120 años antes de Truman. Tanto fue la admiración de Truman que hizo famoso este comentario: “Abigail hubiera sido mucho mejor presidente que su marido”. Por supuesto, Adams no tuvo oportunidad para defenderse.
Y para terminar este accidentado recorrido presidencial, una nota de buen humor. Todos sabemos que a los seres humanos les fascinan los rumores, sobre todo cuando tienen acento marital. Del presidente James K. Polk, a instancias suyas se decía que mantuvo una larga relación románticamente íntima con su secretaria, que era una mujer casada. ¿Saben quién era?: ¡Mrs. James K. Polk!.
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