Guatemala: Presupuesto bonsái
Por José Raúl González Merlo
Prensa Libre
El ministro de Finanzas suele re- ferirse al presupuesto de la Nación como un “presupuesto bonsái”, en alusión al arte chino que consiste en cultivar árboles miniatura.
Dicha técnica milenaria produce unos hermosos arbolitos que, en realidad, poco tienen que ver con nuestro presupuesto estatal.
La comparación viene porque, supuestamente, el presupuesto de gobierno es pequeño. Pequeño en relación con lo que otros países gastan como porcentaje del tamaño de sus economías. Sin embargo, el tamaño del presupuesto es una variable irrelevante para garantizar desarrollo económico.
Lógicamente, es la calidad, no la cantidad de gasto lo que determina si la poca riqueza que se produce en el país (y que es expropiada en la forma de impuestos) contribuye o no al desarrollo de la Nación. Allí es donde nuestro presupuesto deja de ser “pequeño”, deja de ser bonsái y, peor aún, parece más una oxidada ancla. Veamos en qué gastamos lo “poco” que gastamos:
En promedio, en los últimos 20 años, el Gobierno ha destinado al Organismo Judicial un 4 por ciento del total de gastos. A seguridad interna (incluida Defensa) se dedicó el 10 por ciento.
Quiere decir que, aun suponiendo que lo que ya se gasta en esos rubros se gasta bien (cosa que a todos nos consta que no es cierto), hemos organizado un estado para dedicar más del 85 por ciento de sus recursos a otras cosas que no tienen nada que ver con seguridad y justicia. ¿Bonsái o no bonsái ¿De qué sirve un gobierno que no puede ofrecer lo más básico a sus ciudadanos? Puesto de otra manera: ¡¿para qué queremos hacer eso más grande?!
Cuatro años no son suficientes para solucionar ambos problemas. Necesitamos que, así como hemos sido consistentes durante los últimos 20 años para gastar en cosas que no son lo básico, seamos consistentes en cambiar esa tendencia.
Eso debería ocurrir en algún momento y durante algún gobierno. Lamentablemente, parece que éste no será ni el momento ni el gobierno. El enfoque “socialdemócrata” enfatiza gastar lo que no se tiene y redistribuir lo que no hemos creado entre miles de “necesidades sociales”. Pero Guatemala no es Francia, Noruega, Suecia o Alemania, ni tenemos el petróleo de Venezuela. Aquí somos pobres y debemos crear la riqueza antes de que el Gobierno nos la quite y la gaste.
Si los pobres son el centro de preocupación del Gobierno, un enfoque redistributivo, vía el presupuesto, será de beneficio, en el corto plazo, para un pequeño grupo. Pero, a mediano y largo plazos, continuará siendo el ancla que nos impide desarrollarnos aceleradamente. Yo, personalmente, me inclino por un presupuesto bonsái: pequeño y eficiente, no en un arbusto feo y espinudo como lo que tenemos ahora.
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