Las piernas de Carla Bruni
Por Gina Montaner
El Nuevo Herald
Es probable que ni un revival de las revueltas de mayo del 68 pudiera sacar de su embeleso al presidente Nicolás Sarkozy. El único fuego que en estos momentos lo consume es el que le produce su nueva novia, la escultural y escandalosamente bella Carla Bruni.
A pesar de que los franceses son tolerantes y liberales, el amour fou que se ha apoderado de su presidente les ha causado cierto estupor. Muchos dicen sentirse escandalizados por los continuos y lujosos viajes de la pareja y les preocupa un jefe de Estado que parece estar más ocupado con los paparazzi que con su gabinete. Lo cierto es que no ha habido tanta intriga palaciega desde los tiempos de la corte versaillesca.
De más está decir que lo que los galos les permiten a sus gobernantes es bastante más de lo que la sociedad norteamericana habría consentido sin exigir un mea culpa público con consejero espiritual por medio. No hay que olvidar que la Bruni, además de ser un imponente bellezón y una cantante de éxito, es sobre todo una versión femenina de Casanova que ha enamorado a los tipos más variados: desde roqueros insignes como Mick Jagger y Eric Clapton hasta tiburones de las finanzas como Donald Trump, sin olvidar el toque intelectual con su más reciente compañero sentimental, el joven filósofo Enthoven. Es preciso aclarar que Carla Bruni no es sólo una cara bonita. Esta mujer, que ha llegado esplendorosa a la cuarentena, es refinada y proviene de una familia de músicos y arquitectos. Sus atributos son el cóctel perfecto de la seducción.
No hace mucho Carla Bruni se declaró polígama y con sano escepticismo recordó a la prensa lo que ya los neurosicólogos han comprobado científicamente: que la pasión pura y dura no sobrevive a un año de convivencia. En estos momentos la modelo y Sarkozy disfrutan a plenitud su romance con un excedente de endorfinas y feromonas.
Para ser justos, el presidente francés no se queda atrás en cuanto a su biografía amorosa, de la que cabe destacar el detalle de que conoció a su ex esposa, la también guapa Cecilia, el día que la casó civilmente con su primer esposo. Del amor adúltero pasaron a un tormentoso matrimonio en el que Sarkozy tuvo sus infidelidades y Cecilia se desquitó enamorándose de un publicista.
Como el ménage à trois, la historia de amor de Sarkozy y Bruni es inequívocamente francesa y si Francois Truffaut estuviera vivo la llevaría al cine para, al final, huir él mismo con la deseada top model. Mientras pasan los primeros meses y antes de que se agote la reserva química que por ahora mantiene viva la pasión en la enamoradiza Bruni, la pareja provoca verdaderos conflictos protocolares en la India y el Reino Unido, donde los gobiernos no saben si alojarlos en la misma habitación o separarlos como en la era victoriana.
Según un estudio de la universidad de Wroclaw, en Polonia, las personas cuyas piernas son un 5% más largas que la media son consideradas más atractivas por el sexo opuesto. Si han visto una foto de Carla Bruni comprenderán el arrebato de Sarkozy ante sus interminables y armoniosas extremidades. Lo que no queda tan claro es qué vio ella en un hombre más bien cabezón y de baja estatura. ¿O será que le atrajo la irresistible erótica del poder? París ardería de nuevo si esta mujer con vocación de infiel algún día escribiera sus jugosas memorias.
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