Argentina: Precios en manos oficiales
Por Jorge Oviedo
La Nación
Cuánto valen las grandes petroleras de la Argentina, se pregunta retóricamente un empresario. Y se responde con picardía: “Lo que quiera el Gobierno”. El razonamiento es que si las autoridades pueden regular el precio de exportación por medio de las retenciones y, además, fijan los del mercado interno mediante presiones, el resultado económico de la explotación está en manos oficiales.
Una vez más, Shell se ha negado a seguir los dictados oficiales y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, insiste en mantenerle prohibidas las ventas al exterior. La idea, que Moreno hace trascender por intermedio de voceros, es, aparentemente, la aplicación de la ley de abastecimiento.
La polémica norma, sancionada en la década del setenta, y que según numerosos juristas está derogada, habilitaba a adoptar medidas confiscatorias propias de gobiernos totalitarios, tales como tomar la operación de la empresa sancionada en manos del Estado y que fueran funcionarios la que la operen y vendan los productos a los valores que ellos decidan.
¿Será capaz Cristina Fernández de Kirchner de habilitar al secretario Moreno para hacer semejante cosa?
Shell públicamente ha pedido al Gobierno claridad. Es una pulseada. Si las autoridades le informan a qué precios quieren vender el combustible, entonces hay un cambio de reglas de juego del negocio, lo cual dispararía reclamos internacionales.
Mientras se fijan precios en las sombras, en reuniones privadas, sin atender las consultas periodísticas y con empresarios que acatan, los reclamos son imposibles.
El argumento de que Shell, que vende sus combustibles más caros que sus competidoras, genera desabastecimiento, es poco sostenible y por eso probablemente nadie quiso hasta ahora dar la cara para defenderlo.
“Mientras tanto, todos estos movimientos generan variaciones en el valor de las compañías, si es que alguien quiere comprarlas. Shell quería irse y Esso tiene en venta sus activos radicados aquí, cada vez que el Gobierno interviene afectando los precios puede beneficiar o perjudicar a los posibles compradores y a los vendedores”, señala otro empresario.
La apuesta de Shell parece ser que sus competidores no podrán mantener el normal abastecimiento, puesto que los precios bajos agregan mucha demanda. ¿Dirán entonces las autoridades que hay desabastecimiento, porque la holandesa pretende vender más caro? Parecería haber en marcha una guerra de desgaste o una fuerte pulseada en la que los dos adversarios apuestan a que sea el otro el que afloje primero.
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