Había una vez un circo
Por Pedro X.Valverde Rivera |
El Universo
“Había una vez, un circo que alegraba siempre el corazón…”.
Así comenzaba la canción del circo de la TV española, programa musical infantil de concursos, guiado por el talento e ingenio de los hermanos Fofó, Gaby y Miliki Aragón Bermúdez, de rancio abolengo circense europeo, caracterizado por el tradicional humor blanco (que escasea en estos tiempos) y por espectaculares y deslumbrantes premios, que en la década de los ochenta se transmitía en la televisión local ecuatoriana (la única porque no había televisión pagada) y que a nivel mundial tuvo un prolongado éxito entre los niños de esa generación.
Cuando escucho la palabra circo, esa es la primera imagen que viene a mi mente: la alegría, el humor sano, las canciones y la ternura de estos geniales payasos.
Sin embargo, la edición 22 del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, también tiene las siguientes definiciones de circo: “… Edificio o recinto cubierto por una carpa, con gradería para los espectadores, que tiene en medio una o varias pistas donde actúan malabaristas, payasos, equilibristas, animales amaestrados, etcétera.
“Conjunto de artistas, animales y objetos que forman parte de este espectáculo.
“Conjunto de asientos puestos en cierto orden para los que van de oficio o convidados a asistir a alguna función.
“Confusión, desorden, caos…”.
Lamentablemente, los excesos de la clase política en las últimas décadas convirtieron paulatinamente al Congreso Nacional en la última de las definiciones: confusión, desorden y caos.
Y el pueblo así lo fue asimilando, al punto que el mismo presidente Rafael Correa en la campaña que lo llevó al poder, supo interpretar ese sentimiento, incluso con una propaganda televisiva en la que aparecía en un ascensor rodeado de payasos (subliminalmente congresistas) prometiendo que su gobierno iba a cambiar ese “circo” en beneficio de los altos intereses nacionales. Tan coherente fue su posición que no lanzó lista de “apirantes a payasos” del “circo congresil” lo cual además, caló profundamente en la ciudadanía, ya cansada de tanto abuso y falta de compromiso de la gran mayoría de los honorables.
Yo nunca he creído que los congresistas son payasos, ni que el Congreso es un circo; afortunadamente aprendí desde la infancia a respetar a la instituciones por encima de sus circunstanciales actores o líderes.
Por ello, mal puedo decir que la Asamblea es el nuevo circo de la TV ecuatoriana, aun cuando al igual que el Congreso, atropellen derechos y violen la Constitución de acuerdo con los intereses de la mayoría política que coyunturalmente la controla.
Mal puedo compararla con un circo, aunque al igual que en el Congreso, le apaguen el micrófono al “gritón” de minorías, e incluso hayan lectores de periódicos, algunos dormilones y las comisiones importantes se “repartan” entre los actores de la mayoría; aunque se griten horrores e incluso intenten irse de golpes en tan sacrosanto recinto.
Jamás yo compararé a la Asamblea con un circo, ni a los asambleístas con payasos, peor aún considerando el buen recuerdo que yo tengo de ellos (del circo y de los payasos).
Pero quienes sí lo han hecho y tienen afinidad ideológica o política con la mayoría que lidera la Asamblea Constituyente, deben estar viviendo un gran conflicto interno. ¿Usted qué opina?
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