En lo que se diferencian dos prendas ‘iguales’
Por Christina Binkley
The Wall Street Journal
Es uno de los misterios recurrentes del mundo de la moda. ¿Vale la pena pagar US$1.100 por una blusa blanca de algodón o US$750 por uno de los suéteres cuello tortuga que se ven en las tiendas exclusivas y las revistas?
Si se quitaran las etiquetas, ¿mantendrían su valor? La pregunta es cada vez más común, a medida que tiendas como Zara y H&M prosperan vendiendo prendas accesibles que se parecen a las de diseñadores como Chanel y Dior.
Con la época de regalos navideños a punto de comenzar, decidimos poner a prueba un par de suéteres estándar. Yo sabía que iba a haber entre ambos diferencias de estilo y calidad, pero no estaba preparada para las cuestiones políticas que surgieron de mi estudio de estos dos suéteres. Lo que empezó siendo una visión de la moda se convirtió en una lección sobre la globalización.
Para esta prueba, escogimos dos suéteres de cachemira de marcas con excelente reputación en calidad y servicio, cada una al extremo del espectro de precio. Uno era de la marca estadounidense Lands’ End y costó US$99,50. El otro, del lujoso fabricante italiano de cachemira Brunello Cucinelli, costó US$950, además de la cuota de valet parking en la sucursal de la cadena Saks Fifth Avenue en Beverly Hills.
Los suéteres son parecidos: manga larga, cuellos altos y tejido con hilo de doble hebra. Ambos están hechos con cachemira de cabras de Mongolia, que se supone tienen pelos muy finos y largos para sobrevivir los fuertes inviernos.
Ambas prendas llegaron con deficiencias. El suéter de Lands’ End se sentía tieso. Tras usarlo dos veces, lo eché en el ciclo delicado de mi lavadora y salió suave y blando. Elegí el modelo “cashmere tee”, más ajustado y femenino que los conocidos suéteres anchos de la empresa. A pesar de su estilo fresco, le falta sofisticación y la tela tiende a arrugarse, sobre todo las mangas. Pero es un suéter atractivo, básico, suave y cómodo, y su precio es justo. Según la empresa, debe durar varios años.
El suéter de Cucinelli tiene una textura ligera, que cae con elegancia y no se arruga. Su suavidad es más uniforme y también tiene algunos bonitos detalles, como pequeños botones en la parte de atrás del cuello. Otros rasgos destacables son sus mangas, que se estrechan en el antebrazo y luego se vuelven a abrir en las muñecas, y las capas de chiffon de seda cocidas a mano en el cuello y los puños. Estos detalles llamaron la atención de la gente cuando usé el suéter en público. Con el de Lands’ End no gané ningún cumplido.
Además del estilo, supe que las dos prendas tenían diferencias de fabricación. La etiqueta del suéter de Lands’ End dice “Hecho en China” y es de una fábrica en ese país donde la empresa compra las prendas ya terminadas. La fábrica es la que se encarga de comprar la cachemira en Mongolia. Lands’ End asegura que los suéteres se fabrican según sus especificaciones y que “las fábricas de cachemira son bien limpias y cuentan con equipos de punta. Los empleados están orgullosos de trabajar allí”. La empresa se negó a revelar el nombre de la fábrica.
Una reacción totalmente distinta tuvo Brunello Cucinelli, una empresa fundada en 1978 por el diseñador del mismo nombre. Me invitaron a visitar la fábrica donde se produjo mi suéter, en la pequeña villa de Solomeo, en Umbría (Italia), aunque no llegué a viajar.
Según Massimo Caronna, vocero de Cucinelli en Estados Unidos, el pelo de cabra de mi suéter viajó en fardos desde Mongolia a una de las varias fábricas en Italia donde se transformó en hilo. Cucinelli compra 70% de sus hilos a Cariaggi, un proveedor italiano de lujo.
El proceso de fabricación explica un poco más por qué mi suéter cuesta US$950. El trabajo a mano produce detalles sofisticados de diseño, imposibles de lograr con una máquina. Y 25% de los empleados está dedicado al control de calidad. Antes de salir de la fábrica, cada prenda es lavada a mano, una de las razones por las que el suéter de Cucinelli fue más suave que el de Lands’ End. En conclusión, la prenda de Cucinelli es superior a la de Lands’ End. Aún así, a un precio de US$950, ¿es 10 veces más bonita?
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