Cada vez más cerca del ataque
Por Hugo Alconada Mon
La Nación
WASHINGTON.- Durante el verano que acaba de concluir, el presidente George W. Bush le ordenó a su embajador en Irak, Ryan Crocker, que pasara un mensaje especial a los iraníes con los que había comenzado a reunirse. El mensaje fue claro: dejen de entrometerse en Irak o afrontarán una represalia norteamericana.
Los iraníes, sostiene la Casa Blanca, son los responsables de gran parte del descalabro que vive Irak. Fomentan la guerra civil entre chiitas y sunnitas y a ellos se debe, también, mucha de la sangre norteamericana derramada en aquel país. Según Estados Unidos, los iraníes enseñan a la insurgencia cómo armar artefactos explosivos a partir de los materiales que ellos mismos les entregan a través de la frontera, cuando no los entrenan en su país, para enviarlos después al combate.
Así, para el gobierno de Bush, la ofensiva contra Irán mutó gradualmente de una prédica centrada en la no proliferación -es decir, evitar que desarrolle una bomba nuclear, para lo cual le faltarían entre cinco y 10 años- a otra más centrada en la visión clásica del contraterrorismo.
Esa doble dinámica quedó en evidencia en los últimos días. Bush advirtió que si Teherán obtenía una bomba nuclear se estaría en la antesala de la “tercera guerra mundial”, pero las medidas concretas apuntaron después contra la Guardia Revolucionaria y su elite militar, la Fuerza Quds, por sus vínculos con organizaciones terroristas.
El equipo de Condoleezza Rice justifica las sanciones. Dice que agravarían el aislamiento internacional de Irán y confía en que el Consejo de Seguridad de la ONU termine por aprobar una tercera resolución, aún más contundente que las anteriores. Y que todo eso llevará finalmente a torcerle el brazo a Teherán.
Tanta ida y vuelta de amenazas, sin embargo, también puede favorecer a los halcones, tanto en Washington como en Teherán. Es decir, al grupo que toma como líder al vicepresidente Dick Cheney en esta capital y a los sectores más duros de Irán, que se encolumnan detrás del presidente Mahmoud Ahmadinejad y del ayatollah Ali Khamenei.
Al régimen iraní, tensar la cuerda le permite unificar el frente interno ante la amenaza norteamericana y reducir la oposición.
“El enemigo ha concentrado sus ataques en la Guardia Revolucionaria”, clamó ayer el jefe de ese cuerpo, el general Mohammed Ali Safari. “Más que nunca, estamos listos para defender los ideales de la revolución”, afirmó.
A su vez, el nuevo señalamiento público de Irán puede acercar a Cheney y a un grupo de generales y almirantes en el Pentágono a una de las opciones más controvertidas que baraja la Casa Blanca: los ataques “quirúrgicos” contra instalaciones y líderes iraníes antes de que concluya el mandato de Bush.
“Si los iraníes permanecen indiferentes [a la presión diplomática internacional], entonces el gobierno de Bush puede decidir usar de pretexto el argumento de que las sanciones no han funcionado para convencer a Teherán de que suspenda sus actividades de enriquecimiento de uranio y que la opción militar es la única alternativa viable”, esbozó el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Cristiana de Texas, Manochehr Dorraj.
Semejante juego tiene, claro está, sus bemoles y sus riesgos evidentes.
Al reclamarle a Irán que deje de entrometerse en Irak, la Casa Blanca “busca enviar el mensaje de que está respondiendo a una situación intolerable”, planteó el ex consejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter Zbigniew Brzenzinski. “Así, esta vez, y a diferencia del ataque contra Irak, vamos a adoptar el papel de víctimas. Y nuestro juego parece que es lograr que los iraníes se pasen de la raya”, agregó.
Si Teherán comete ese error, los bombardeos estarían a la orden del día. Pero también lo estaría una réplica iraní, que podría alcanzar a las tropas norteamericanas desplegadas en Irak, a Israel y a múltiples objetivos alrededor del mundo. El grupo terrorista Hezbollah, que es apoyado por Irán, cobraría entonces protagonismo, como sucedió en el ataque a la sede de la AMIA en Buenos Aires, en 1994.
Contraataque
La Guardia Revolucionaria, a la que ayer apuntaron las sanciones anunciadas en esta capital, comunicó incluso a los líderes religiosos iraníes que pueden enfrentar un ataque norteamericano y hasta contraatacar, superando los filtros de seguridad estadounidenses. Dijeron que, para demostrarlo, pintaron con un aerosol el casco de un buque de guerra estadounidense.
Oficialmente, Washington jamás confirmó que algo así hubiera ocurrido. Pero, entre bambalinas, según cuenta un informe de la revista The New Yorker , la inteligencia norteamericana admite que hubo un “incidente” cuando un buque de guerra amaneció con un blanco pintado en su carcasa. Fue en Qatar, a principios de este año.
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