El horror totalitario
Por Miguel Torres
ABC
EN estos días de otoño, en los que cumple el sesenta y cinco aniversario del esfuerzo sobrehumano que hizo el pueblo y el ejército ruso para inclinar a su favor en solo tres meses el resultado final de la batalla de Stalingrado, es estremecedor leer “Vida y destino”, de Vasili Grossman, una de las más grandes novelas de la literatura de aquel país, recientemente editada en España en su versión íntegra y traducida directamente del ruso por Galaxia Gutemberg.
Sobre el horrísono, desgarrador fondo de la batalla más sangrienta de la historia, en la que perdieron la vida dos millones de personas entre combatientes de ambos bandos y población civil, el escritor describe los aspectos más abyectos, y los más sublimes, de la condición humana. Con idéntica capacidad a la de otros maestros de la literatura rusa para descender a los infiernos del ser humano, Vasili Grossman compuso una gran sinfonía épica y recreó en un gigantesco friso de más de mil páginas la tragedia humana bajo el totalitarismo, la imposibilidad de sobrevivir a la barbarie nazi y al terror del régimen estalinista.
Una coral estremecedora que se desarrolla simultáneamente en la lucha, calle a calle, casa a casa, durante más de seis meses, en Stalingrado; en el campo de concentración alemán donde agonizan los prisioneros rusos obligados cavar las fosas a las que serán arrojados sus compañeros fusilados, y después sus propias fosas; en el estremecedor trayecto de ancianos, mujeres y niños a las cámaras de gas; en el campo de trabajo ruso donde, paradójicamente, no hay prisioneros alemanes, sino viejos bolcheviques, mencheviques, eseristas y kadetes aniquilados por la vesania de las purgas de Stalin; en la prisión moscovita de la Lubianka, centro de la demencial represión y purgas de Stalin contra héroes de la revolución obligados bajo tortura a confesarse traidores o firmar delaciones redactadas por la policía. El dolor, la tortura, la desesperación, el hambre, la delación, la muerte, la soledad.
Es la crónica de una guerra no desde la narración de las batallas, sino la del drama infinito, aniquilador, del pueblo que la sufre. Relato pormenorizado de la lucha por sobrevivir a la demencia nazi y al propio tiempo comprobar cómo todo un pueblo se precipita inexorablemente hacia el apogeo del poder estalinista.
Stalingrado no fue sólo el gozne en el que giró el sentido de la segunda guerra mundial, la primera derrota de Hitler; Stalingrado no fue solamente el comienzo del hundimiento del mito del genio militar del führer; Stalingrado no fue únicamente el gran rebote de las tropas alemanas contra la pared del Volga y que habría de llevar al ejército rojo, en dos años, hasta el corazón de Berlín, a la toma del Reichtag aniquilado; Stalingrado fue sobre todo el comienzo del imperio soviético que habría de durar más de cuarenta años, la consagración de las purgas iniciadas por Stalin en 1937.
Antes de Stalingrado se podían criticar en voz baja y en el ámbito familiar los vicios de una política soviética que se habían traducido en una derrota militar en más de mil kilómetros de territorio ruso; ahora sólo cabía hablar de la clarividencia del amo del Kremlin. Una tercera parte de la población mundial vivió bajo regímenes moldeados por la revolución soviética, que se extendió mediante nuevas revoluciones, guerras civiles y étnicas.
Vasili Grossman vivió la guerra desde el Volga hasta Berlín como corresponsal de “Estrella Roja”. “Vida y destino” fue su gran obra, una novela concluida en 1960 que puede compararse a “Guerra y paz” de Tolstoi. Marxista convencido en su juventud, creyó que comunismo y libertad serían compatibles en cuanto desapareciera Stalin. Pero se equivocó. Intentó publicar “Vida y destino” en tiempos de Kruschef, pero el texto fue requisado y destruido por Mijail Suslov, el ideólogo del Kremlin.
Grossman murió en 1964, con solo cincuenta y nueve años, sin poder atisbar ni de lejos la caída del comunismo y amargado por el convencimiento de que su obra había desaparecido para siempre.
Pero en 1984, veinte años después de su muerte, una copia de texto llegó a occidente. Estremecedor relato sobre una etapa clave en un siglo dominado por los totalitarismos gemelos del fascismo y del comunismo, con el propósito de que el mundo aprenda la lección.
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