Las preguntas que plantea el auge bursátil chino
Por James T. Areddy
The Wall Street Journal
WUHAN, China—China se encuentra en medio de un frenesí bursátil que parece cada vez más insostenible. El valor de las acciones chinas casi se ha sextuplicado en sólo dos años, estableciendo ayer otro récord cuando el Índice Compuesto de Shanghai se vio catapultado por primera vez por encima de los 6.000 puntos.
Sin embargo, quedan grandes incógnitas. ¿Se trata de una burbuja? Y de ser así, ¿terminará en una explosión o se desinflará lentamente? Y si termina en lágrimas, ¿cuáles serán las consecuencias?
Las primeras preguntas no tienen respuesta, por supuesto. Pero existen fuertes indicios que sugieren que incluso si el boom termina en desastre, lo cual no es impensable, el auge inversionista chino también dejará muchas cosas positivas. Por ejemplo, está ayudando a construir un sistema financiero moderno en China, que se mueve por el mercado.
Desde la ostentosa Shanghai a oscuros centros industriales como Wuhan, decenas de millones de chinos han inyectado partes sustanciosas de sus ahorros en la bolsa. Como resultado, China tiene un sistema bursátil que es tan poderoso como su economía, actualmente la tercera mayor del mundo. Eso representa un giro asombroso para un sistema bursátil que hace tres años se consideraba un caso sin remedio.
Las acciones por un valor total de US$3,7 billones (millones de millones) que se cotizan en la bolsa de Shanghai y en la de Shenzhen igualan el tamaño de la producción económica anual del país, un nivel históricamente sólo visto en Estados Unidos. Este año, las bolsas de China han tenido el mayor volumen de transacciones del mundo y van en camino de recaudar la mayor cantidad de dinero mediante la venta de acciones que cualquier otra bolsa.
Este flujo de inversiones está produciendo algunos beneficios importantes. Por primera vez desde que China iniciara su transformación económica hace 30 años, es el dinero proveniente de los inversionistas comunes —en vez del Partido Comunista— el que alimenta la expansión del sector corporativo. Este auge ha fomentado la creación de una clase de empresas chinas que se encuentra entre las más valiosas del mundo e incluso ha originado una industria de servicios financieros que apoya a compañías extranjeras, como la estadounidense Prudential Financial.
Sin embargo, China enfrenta ahora un importante desafío: cómo exprimir los beneficios del auge y a la vez evitar un crash que podría estancar el progreso económico.
Existe un creciente temor de que el mercado bursátil enfrentará turbulencias. El índice de Shanghai cerró ayer con un alza de 2,2% en 6.030 puntos. Hace un año, se encontraba por debajo de los 2.000 puntos.
“Es como una burbuja, pero nadie sabe cuándo estallará”, dice Stephen Guo, un programador informático de 27 años en Shanghai que el año pasado empezó a ganar más dinero con las acciones que con su trabajo normal. Ahora, a sólo dos años de haber entrado a la bolsa, Guo también está gestionando las inversiones de sus amigos, una estrategia arriesgada que amenaza con esparcir los daños si el mercado colapsa inesperadamente.
El peso de la historia
La fiebre de los inversionistas por las acciones alimenta los temores de una caída épica del mercado, de la clase que siguieron a las burbujas históricas en lugares como EE.UU., Japón y Taiwán. Ahora la pregunta es si una caída en picada eliminaría de plano a la naciente clase inversionista y el impacto que ello tendría sobre la transformación económica de China. Los mercados bursátiles de China están dominados por unos 50 millones de inversionistas individuales, responsables de aproximadamente el 70% de las transacciones. Eso es justo lo contrario a las bolsas occidentales, donde son las grandes compañías e instituciones las que imponen el ritmo.
Enfrentados en otras ocasiones a las señales que sugerían la existencia de una burbuja en la economía, los líderes chinos, incluyendo al presidente Hu Jintao, han abogado siempre por la moderación. Pero estas advertencias han hecho poco por desacelerar el gasto en fábricas, bienes raíces y ahora también acciones. Muchos inversionistas chinos apuestan a que el gobierno no hará nada que afecte el valor de las acciones durante la asamblea del Partido Comunista esta semana.
A medida que la cultura inversionista se apuntala en China, muchos están adoptando estrategias de inversión más sofisticadas. Lo malo es que pocos tienen la suficiente experiencia para darse cuenta de cuándo han ido demasiado lejos. En una noche reciente en Hangzhou, unos 2.000 chinos pagaron US$800 por persona para asistir a una conferencia del gurú estadounidense de las inversiones Jim Rogers. Su recomendación fue la cautela. En su opinión, el mercado es un “burbuja incipiente”, que podría aguarles la fiesta a los inversionistas si se mantiene descontrolada. “Hay que tener cuidado”, dijo. Aun así, un inversionista pagó US$53.000 la noche siguiente para discutir sobre la bolsa en una cena privada con Rogers.
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