Hojas de libertad
Por Rubén Loza Aguerreberre
El País, Montevideo
Afines del siglo XVII, atento a los desastres de Inglaterra, John Locke dedujo que para evitar guerras civiles, dictadura y excesos de soberanía popular, era necesario fragmentar la autoridad en “diversos poderes” y depositar la legitimidad de gobernantes y gobernados en un texto constitucional que salvaguardara el derecho de las personas. Es decir, el Estado de Derecho.
Por ahí, entonces, hallamos las raíces del liberalismo, procurando la convivencia pacífica y fructífera y el respeto por la libertad privada. Otro liberal inglés, un siglo después, siguió ese camino: Adam Smith mostró su predilección por el mercado. Y, demos un salto, ahora, para llegar a 1974: se concedió el Premio Nobel de Economía a Hayek, quien participaba de aquellas ideas. Luego, fueron llegando Friedman, Buchanan, Gary Becker, Ronald Coase, Douglas North, Robert Lucas. En distintos campos todos coincidían en la existencia de la libertad privada tutelada por instituciones de derecho.
Participante de esta corriente, el escritor cubano radicado desde 1970 en España, Carlos Alberto Montaner (columnista de nuestro diario), acaba de dar a conocer un nuevo libro: “Las columnas de la libertad” (Edhasa/Océano). Ha reunido un centenar de artículos escritos en periódicos de América Latina, Estados Unidos y Europa; sus temas son variados: la política, la educación, la economía, el derecho, las ideas.
Así, Montaner se pregunta cómo conseguir que la combinación entre mercado y democracia proporcione frutos semejantes a los que da en Holanda, en Irlanda, en Dinamarca. Y señala que acaso la respuesta está en las experiencias chilena y española posterior a Franco. Es decir, el respeto al estado de Derecho, a la democracia, a la propiedad privada y el mercado, y la apertura al mundo exterior.
En este orden de pensamiento, dedica otro de sus artículos para contar cómo una cebichera dejó de ser pobre a partir de un crédito de 100 dólares dado en Panamá por un banco semejante al de Bangladesh, donde surgió el “primer banco de los pobres” y del cual son todos banqueros, tutores, consejeros. En todos los casos se “cultiva la responsabilidad individual como un valor fundamental”. Páginas adelante, y en otro apartado de su libro, pero siempre en la misma dirección, recuerda cómo asistió en España al desdén por la empresa Disney (para combatir el anglicismo), que quería construir en Barcelona un parque infantil.
Finalmente, se decidieron, como se sabe, por París: los españoles se perdieron dos millones de turistas anuales y quince mil puestos de trabajo permanentes. Hablando del ALCA y la “fauna globofóbica”, menciona el argumento según el cual a los países chicos no les sirve liberalizar el comercio, cuando es a la inversa: “cuando comercian intensamente una sociedad pobre y otra rica, la que suele beneficiarse más es la pobre”, dice Montaner y apela a la experiencia de España en la Unión Europea y México dentro del Tratado de Libre Comercio.
Finalmente, en su apartado sobre libros, cuya lectura analiza, baste señalar dos comentarios: los ensayos “El bien nacer”, de la profesora Martha Canessa de Sanguinetti, y “El autoritarismo hispanoamericano y la improductividad”, de José Ignacio García Hamillton, obras que coincidimos en recomendar.
Batallador incansable, autor de 25 libros y de miles de artículos, Carlos Alberto sigue dando, pluma en mano, la batalla por la libertad.
- 28 de septiembre, 2026
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