¿Estará Internet obsoleta?
Por Bobby White
The Wall Street Journal
Algunos de los pioneros que ayudaron a crear Internet dicen que las redes actuales ya son obsoletas y buscan modernizarlas.
En 1969, como miembro de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada del Pentágono, Larry Roberts supervisó un programa de computadoras de investigación conectadas llamado ARPAnet. Este sistema ha sido la base para Internet. Cuatro décadas después, Roberts ha invertido casi US$340 millones en intentos por reinventar esa misma tecnología que hoy cree está obsoleta.
“Para impulsar el rendimiento de Internet ya no podemos confiar en la tecnología de última generación, que casi no ha cambiado en 40 años”, dice Roberts, de 69 años.
En septiembre, su empresa, Anagran Inc., lanzó un aparato llamado router de flujo que, dice, puede ayudar a modernizar la Web. El equipo analiza el tráfico de Internet para discernir si se trata de un correo electrónico, una película o una llamada telefónica, y luego reserva el ancho de banda necesario para la transmisión.
Roberts no es el único pionero de la red descontento con los primeros logros del sistema. Len Bosack, el cofundador y ex director de tecnología del gigante de redes Cisco Systems Inc., ayudó a comercializar los routers, la pieza clave de los equipos de red que permite que las computadoras se comuniquen entre sí. Sin embargo, Bosack, de 55 años, ahora piensa que ese equipo es cada vez “menos adecuado” para las necesidades actuales de los usuarios de Internet.
El mes pasado, su compañía, XKL LLC, lanzó un sistema que permite a las empresas conectarse a cables subterráneos que tienen casi 100 veces la capacidad de los ductos de telecomunicaciones actuales.
Los esfuerzos de Bosack y Roberts alimentan un creciente debate sobre si la actual infraestructura de Internet es suficiente para sostener la explosión de servicios en línea que devoran cada vez más banda ancha, como la telefonía y el video.
Cisco calcula que, sólo en América del Norte, el tráfico mensual de Internet crecerá 264% hacia 2011, a más de 7,8 millones de terabytes, o el equivalente a 40 billones de mensajes de correo electrónico (un terabyte corresponde a un trillón de bytes). Si este tráfico sigue creciendo, muchos creen que las redes podrían colapsar o al menos desacelerarse significativamente. Otros son más optimistas.
Cisco cree que los proveedores de servicio de Internet podrán enfrentar la demanda.
Hoy, la información viaja a través de la Web fragmentada en partes diminutas llamadas “paquetes”, que son distribuidos a su destino a través de los canales menos congestionados. Una vez que los paquetes llegan, se vuelven a ensamblar en su forma original. El problema es que archivos cada vez más pesados, como los videos, han empezado a abrumar el equipo que maneja el tráfico, lo que resulta en paquetes equivocados o perdidos.
Para atacar el problema, varias nuevas empresas, incluyendo las de Roberts y Bosack, están desarrollando equipos y software para acelerar el tráfico de la Web o incrementar la capacidad de la red. Compañías como BitGravity Inc. y Limelight Networks Inc. están creando “redes paralelas”, las cuales en la práctica son versiones reducidas de Internet, para evitar el exceso de tráfico de las redes actuales.
Los potenciales clientes de estas empresas son los proveedores de servicio de Internet y las grandes compañías con extensas redes de oficinas.
Sin embargo, no es probable que estas empresas sobrevivan, tal como les pasó a las que se iniciaron en la década de los 90 para enfrentar el crecimiento en el tráfico de Internet. Firmas como Celox Networks Inc. y Chiaro Networks Inc. terminaron cerrando sus puertas, víctimas del estallido de la burbuja de la industria de las telecomunicaciones.
“La tecnología no siempre gana la carrera”, dice Michael Kennedy, un consultor de redes de Network Strategy Partners LLC.
Los temores de Roberts sobre la capacidad de Internet comenzaron en la propia época del ARPAnet, cuando ni siquiera estaba seguro si el sistema podía garantizar la entrega de los paquetes de información. Estos temores se cristalizaron en los años 90, cuando la Web pasó a ser usada para hacer llamadas telefónicas.
“Internet no fue diseñada para que la gente vea televisión”, dice. “Lo sé porque yo la diseñé”, asevera.
Los routers de flujo de Roberts cuestan hoy US$70.000, mucho menos de los US$500.000 que costaban sus primeros modelos.
Roberts y Bosack no se conocen personalmente, pero saben de cada uno a través de los círculos de la industria y dicen que han seguido los progresos de cada uno.
“Apuntamos hacia lo mismo”, dice Bosack. “El público necesita algo mejor de lo que hay disponible actualmente”.
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