Argentina: ¿Por qué el fed puede, y el bcra no debe?
Por Juan Carlos de Pablo
Revista Fortuna
Los integrantes del numeroso club “péguele a los economistas por la razón que sea, y después pregunte por qué”, así como los entusiastas de la teoría “nos dicen qué hacer a nosotros, pero ellos no lo hacen”, en las últimas semanas están de para bienes.
Ocurre que buena parte de los economistas profesionales aplaudió la decisión de la Reserva Federal, de reducir en medio punto porcentual anual las tasas de interés, ofreciendo a menor costo toda la liquidez que demande el sistema financiero norteamericano, pero en cambio buena parte de los mismos economistas profesionales criticó la pretensión del BCRA de evitar el aumento de las tasas de interés nominales, también inyectando liquidez.
En cualquier momento, desde las máximas autoridades, o por parte de alguien que quiere quedar bien con el Gobierno, surgirá la teoría de que a quienes complementamos nuestros estudios locales con un posgrado en el exterior, nos lavaron el cerebro para que los imperialistas puedan cumplir con sus propósitos, a costa del resto de los argentinos.
¿Y si antes de dejarnos llevar por el entusiasmo o la bronca tratamos de entender si no habrá alguna razón técnica que explique que nos parezca bien que el FED emita dólares para reducir las tasas de interés que rigen en Estados Unidos, y que al mismo tiempo no nos parezca tan bien que el BCRA emita pesos para reducir nuestras tasas de interés? Esto es lo que voy a explicar en las próximas líneas. Luego de lo cual si usted quiere seguir cultivando la teoría conspirativa del comportamiento de los economistas hágalo, pero no porque en este caso tenga razón.
El FED, como el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra, inyectaron liquidez porque en ninguno de sus respectivos países está en duda la credibilidad del gobierno –o al menos, la de sus autoridades monetarias– y porque juzgaron correctamente que se produjo un aumento transitorio de demanda de liquidez, y reducción de crédito, como consecuencia del comportamiento de manada típico que siguió a la crisis derivada de la creciente dificultad de cobrar algunas hipotecas en Estados Unidos.
El “libreto” sobre lo que hay que hacer en estos casos, titulado Lombard street, fue publicado en 1873 por Walter Bagehot. Es una pequeña obra (poco más de 100 páginas), brillantemente escrita que en inglés se consigue de manera gratuita navegando con un poco de paciencia en Internet.
La idea central es que, frente a situaciones como la que estamos viviendo, los bancos centrales tienen que trabajar como los bomberos, quienes cuando son convocados a raíz de un incendio no comienzan preguntando quién fue el idiota que originó las llamas, mojan primero las casas que rodean a la que se está incendiando, luego de lo cual hacen lo que pueden con la que fue presa de las llamas. Terminado lo cual realizan la correspondiente investigación, y vuelven a sus cuarteles a enrollar las mangueras y llenar nuevamente los tanques de agua, a la espera de un nuevo llamado.
Pues bien, el FED, el BCE y el Banco de Inglaterra hicieron eso. La única diferencia con Bagehot es que éste recomendó prestar caro, es decir, aumentar las tasas de interés y no bajarlas. Ocurre que escribió en el siglo XIX, cuando el nivel de actividad y desocupación no formaban parte de las preocupaciones acuciantes de los gobiernos.
Vuelvo a la cuestión inicial. ¿Por qué nos parece bien que los referidos bancos centrales inyecten liquidez en sus países, y no nos parece bien que el BCRA haga lo mismo? Porque la situación es diferente.
El inglés que estaba retirando los depósitos que tenía en el Northern Rock dudaba de dicha institución, no del sistema financiero de su país, su gobierno o la Reina Isabel II. Seguramente que quienes retiraron sus depósitos de ese banco los llevaron… al banco ubicado enfrente. Y bastó el anuncio del Banco de Inglaterra –no el del ministro de Finanzas, que no fue creído– de que garantizaba los depósitos, para que se detuviera la corrida.
En la Argentina 2007 están aumentando algo las tasas de interés pasivas (las que las entidades financieras le pagan a los ahorristas) y mucho más las tasas activas (las que dichas instituciones le cobran a los deudores), como han notado quienes van a descontar cheques, o se endeudaron a tasa de interés variable. ¿Qué relación tiene esto con la crisis del mercado hipotecario norteamericano? Poco y nada. Pero sin embargo están aumentando. La explicación más sencilla es que en la Argentina 2007 las tasas de interés están subiendo porque –mal que le pese al Gobierno– la tasa de inflación está aumentando, como se comprueba cada vez que se compra algún bien, porque este Gobierno sigue estafando a los tenedores de títulos públicos indexados… emitidos por este Gobierno, porque el gasto público aumenta 50% anual, porque las tensiones se siguen acumulando, y porque, como vengo diciendo, seguimos dirigiéndonos a un nuevo Diluvio Universal.
El argentino recuerda todo lo que perdió cuando, frente a circunstancias similares, en el pasado no actuó con suficiente rapidez y por consiguiente vive super alerta. El aumento de la tasa esperada de inflación reduce la demanda de dinero; si en estas condiciones el Banco Central –aconsejado por los “estructuralistas”, como se denominaba en la década de 1960 a los partidarios de “teorías no monetarias de la inflación”- intenta aumentar la liquidez, lo único que va a conseguir es aumentar todavía más la tasa de inflación, ver cómo aumenta el precio del dólar, pierde reservas, o ambas cosas a la vez.
Todo empieza por realizar buenos diagnósticos. Bernanke y Redrado enfrentan situaciones diferentes. En Estados Unidos puede estar aumentando la demanda por liquidez, la sustitución de fuentes crediticias no tienen por qué deteriorar las expectativas, y si lo hace todo el mundo espera que la misma FED que acaba de reducir las tasas, las vuelva a aumentar. En la Argentina está disminuyendo la demanda por liquidez, por lo que el BCRA debería pensar seriamente antes de “recomponer” la cantidad de dinero en manos del público.
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