Uruguay: Telesur y después
Por Gustavo Penadés
El País, Montevideo
Una de las primeras resoluciones adoptadas por el gobierno fue la suscripción de un acuerdo con la República Bolivariana de Venezuela a los efectos de constituir la empresa Telesur. Uruguay participaría con el 10% del paquete accionario y su aporte rondaría el cuarto de millón de dólares.
Los impulsores de la iniciativa parten del supuesto de que existiría una forma de analizar y difundir la realidad latinoamericana cuyo portaestandarte sería la cadena CNN. Difundiría la cosmovisión estadounidense del mundo y de América, por lo que se tornaría imperioso una alternativa.
En cumplimiento de dicho propósito la dirección de Telesur, que preside el Ministro de Comunicación de Venezuela, entabló relación con emprendimientos de similares características, tales como la cadena Al Jhazira.
Agregado a lo anterior debe destacarse que el conjunto de personalidades que sumadas a esta iniciativa en la faz directriz, le otorgan una impronta marcadamente vinculada a las izquierdas continentales. Aunque, está demás decir, que el hecho de la participación de Cuba es de por sí un tácito manifiesto.
La pregunta que naturalmente surge es qué tiene que hacer Uruguay en un emprendimiento de esas características. Es decir, ¿por qué Uruguay debe participar en una empresa que tiene un objetivo marcadamente político?
Los argumentos del gobierno uruguayo van por el lado de que se aseguraría la difusión de la cultura nacional y de sus recursos turísticos; a la vez que se hace hincapié en la importancia de generar “conciencia” en los pueblos de la necesidad e importancia de la integración continental y el mutuo conocimiento.
Las explicaciones, además de no convencernos, dan paso a nuevas interrogantes. Telesur no es un proyecto privado en el que cada quien tiene derecho a decir lo que se le ocurra. Por el contrario, es un proyecto en el que está participando el Estado uruguayo y no un partido político, una organización social o una empresa.
Entonces: ¿es aceptable que el gobierno integre una iniciativa que tiene una marcadísima intencionalidad política, y además, lo haga distrayendo recursos nacionales?
El Poder Ejecutivo parece no advertir que representa al Estado uruguayo y no a un partido político.
Distintas podrían ser la cosas si, por ejemplo, la iniciativa hubiera partido de un organismo internacional en el que primaría la voluntad del mismo y no las visiones políticas parciales y sesgadas de algunos partidos y gobiernos, que no se caracterizan precisamente por su filiación democrática. Pero, además, es inconcebible que Uruguay, un Estado democrático que se enorgullece de hacer cuestión del mínimo atisbo de lesión a la libertad de expresión y de prensa, le haga el caldo gordo a estados en que ellas son vulneradas con premeditación y alevosía o directamente son inexistentes
Y, paradojalmente, se afirma que Telesur se crea para dar una visión alternativa del mundo. ¿Es que en Cuba habrá más libertad de expresión que en los Estados Unidos? ¿Pueden informar libremente sobre lo que allí ocurre? Los integrantes del directorio de Telesur: ¿podrían “dar otra versión de la realidad” si vivieran en Cuba, Irán o Siria?
Haría bien el gobierno en reflexionar sobre el asunto, y no comprometer el prestigio de nuestro país ni el dinero de los uruguayos en empresas de las que pocas cosas buenas se pueden esperar.
- 28 de septiembre, 2026
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